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El Diario de Camila (Cap. II)

mar 24 de enero, 2006 - 12:00

Estado de ánimo: Tensón
Seguridad de entrada: PUBLICO
Música actual: Moonspell - Flesh

Querido diario:

Cada día que pasa, me siento más y más extraña. Por momentos, trato de reflexionar lo que sucedió. Ni siquiera yo misma me lo puedo explicar. Esta mañana llegué a la escuela y no tenía otra cara sino de seriedad. Yo lo sé. Víctor lo notó. Lo noté porque no paraba de mirarme cada vez que la maestra se volteaba a escribir en el pizarrón.

No cruzamos una sola palabra hasta que salimos al receso. Se acercó a mí y me saludó como si nada hubiera sucedido. Creo que eso me tranquilizó un poco. Si me hubiera sacado el tema, me habría quedado fría sin saber qué contestar y, de paso, otro ridículo habría hecho.

Lo peor de todo es que siento confusión, mas no preocupación. ¿Por qué? Esa pregunta se asemeja a una pelota de boligoma que rebota sin parar en mis pensamientos: no duele, pero no para de moverse y no sé si desesperarme por no sentir dolor o por no poder dejar de contemplar su movimiento. Creo que, muy en el fondo, estoy esperando una respuesta. Sobre todo cuando se trate de hablar de lo que sucedió después.

Llegamos a casa de Víctor, para no variar, compré algo de comer, nos pusimos a trabajar… Pasado el rato, comencé a sentirme envuelta por ese extraño, pero particular ambiente al que, poco a poco, me había ido acostumbrando al paso de los días. De repente, ya no recordaba en lo absoluto los pensamientos que rodeaban mi cabeza.

Avanzamos hasta más de lo que teníamos previsto. Dado ese hecho, nos quedamos platicando en el estudio sobre la escuela. Me invitó a su sala y me invitó una copa de vino. ¡La verdad no soporto el vino! ¡Mil veces prefería una cerveza! Pero ignoro por qué no le di una negativa por respuesta.

Se sentó junto a mí, me sirvió un vino español que, según él, era muy bueno y demás. Le di el primer trago y no me supo tan mal. Comenzó a hacer bromas sobre mi cabello y cuando le dije que parara de hacerlas, me ofreció una disculpa y me dijo que sólo estaba bromeando, que tenía un cabello muy bonito… No le creí, por supuesto. No me gusta mi cabello.

Mientras tomaba con sus dedos mi cabello, levemente me hizo cosquillas en la nuca. Comencé a reírme, al mismo tiempo que incomodarme, mientras le dije que parara. Sólo dijo: “He encontrado tu talón de Aquiles”. Y sí, ése es mi talón de Aquiles. ¿Cómo le hizo para hallarlo tan rápido?

Para cuando llevábamos más de medio vaso de vino, se me acercó más y me abrazó. Olía muy bien. Creo que es un detalle que tampoco había notado. Lo único que se me ocurrió hacer, fue poner mi mano en su pierna. Comencé a sentirme nerviosa, sin desesperarme. De repente se quedó callado. Volteé a mirarlo. Me miró, también. Sostuvo su mirada sobre la mía. Se acercó lentamente. Me quedé quieta. Se acercó más. Comencé a acercarme. Me dio un beso. No hice nada. Me dijo que tenía unos ojos preciosos. Le agradecí el comentario y le di un beso.

3 minutos más tarde, me terminé mi vaso y le dije que debía irme. Me acompañó a la puerta de su casa y le dije que no faltara, que nos veríamos al otro día; a lo que respondió con una sonrisa y un “hasta mañana”.

El evento de ayer me impactó a tal grado que, cuando llegué a casa, me puse a pensar tanto en ello y sin darme cuenta, no cené y me dormí. Amanecí con la ropa que había llevado a su casa esa tarde. Aún su aroma perduraba en mi ropa, y no lo noté hasta hoy.

Querido diario:

Han pasado dos días desde este incidente con Víctor. Me siento tan nerviosa cuando pienso en Cristoff que cuando recuerdo que tarde o temprano tendré que verlo, me dan nervios y sólo me dan ganas de fumar un cigarrillo. Recuerdo que en la preparatoria me entró la curiosidad por hacerlo y no me gustó del todo. Quisiera ser de esos europeos que acostumbran tomar té; de seguro, eso me tendría más tranquila.

Cuando llegué de casa de Víctor, encontré un mensaje de Cristoff. Sólo decía que, cuando tuviera tiempo, le llamara para que fuéramos al cine o a algún bar. No sé qué me está sucediendo, pero echo de menos a Cristoff.

Afortunadamente, con Víctor no sucedió nada. Sólo fuimos a su casa, trabajamos y casi hemos terminado. Mañana nos veremos para afinar los últimos detalles del trabajo. Por otro lado, extrañé sus besos. Sus labios son riquísimos. Besa fenomenal.

Acabo de recibir una llamada de Víctor. Dice que sólo llamaba para conversar un rato. No conversamos mucho, pero sí me sorprendió que me llamara. No se ve que sea el tipo de niños que buscan a las mujeres. Hoy me di cuenta de ello. Annelies estuvo hablando mucho con él. De repente, me di cuenta cómo lo miraba. Estoy casi totalmente segura de que no lo miraba con ojos de “simples amigos”. Obviamente, no hice nada. Sólo observar. El problema es que fui un poco obvia y ella lo notó. No creo que me haya visto con buenos ojos. Espero que no se comiencen a rumorar cosas en el salón. Casi todos saben que tengo novio.

Querido diario:

Cada día me desconozco más. No hallo la manera de interpretar mis sentimientos. Es como una ensalada que lleva desde fresa hasta chile jalapeño. Estábamos terminando el trabajo, cuando estiré mi cuerpo. Me sentía muy cansada. Mientras Víctor estaba imprimiendo el trabajo, se acercó a mí y me abrazó. Puso su brazo entre mis pechos. Me sentí bien y me gustó la sensación. Besó mi cuello y se alejó. Ese instante fue suficiente para ponerme nerviosa y sudar frío. Creo que cometí un error al demostrarlo. Fui obvia y él lo notó.

La verdad es que no supe qué responderle cuando me preguntó qué me sucedía. Sólo se me ocurrió decirle me sentía un poco mal, como si tuviera la presión baja. Enseguida me dijo que me llevaría a mi casa cuando termináramos. Por grandes que fueron mis intentos por hacerle llegar una negativa, insistió.

Finalmente, me trajo, lo invité a pasar y le dije que ya me sentía bien. Me dijo que estaría conmigo hasta que él estuviera absolutamente seguro que ya todo estaba bien. Mis nervios habían mejorado, pero no habían desaparecido. Seguían allí, latentes, constantes, incesantes.

Apenas si conozco el estudio de Víctor y él ya conoce mi habitación. Me llevó y me recostó. Prendió la televisión y se sentó a mi lado. La verdad es que no pude ver lo que había en la programación y sólo me concentré en el cabello de Víctor. Parece que se lo está dejando crecer. No recuerdo habérselo visto con el mismo largo cuando comenzamos el semestre. Mientras contemplaba su cabello, bajé mi vista hasta llegar a su camisa. Fui bajando la vista hasta que llegué al pantalón. Sonreí cuando pude ver que su ropa interior era blanca. Instintivamente, puse mi mano allí y lo comencé a acariciar. Él no hizo nada, sólo seguía viendo la televisión.

Pasaron, alrededor, de 10 minutos más cuando volteó a verme y me preguntó que si me sentía mejor, a lo que respondí que desde que habíamos salido de su casa me había comenzado a sentir mejor. Sonrió y me dijo que debía irse, pero que si se me ofrecía algo, que le llama sin dudar. Sólo le di las gracias y le dije que lo acompañaría. Me respondió que no, que ya sabía el camino. Se acercó a mí y me dio un beso. Tuve la repentina sensación de que me hacía falta sentir un beso suyo. Sentí mi día tan completo que ni siquiera sentí la necesidad de cenar.

Querido diario:

Esta mañana en la escuela, me sucedió algo que me dejó pensando en el cómo soy y cómo me comporto. En el receso, se me antojó ir por un café a la máquina de la escuela. Cuando venía de regreso, Víctor también iba entrando atrás de mí, cuando me dijo: “¡Camila!”. Lo primero que hice fue voltearme, acercarme y, de un golpe, darle un beso.

Su mirada delató en mí otro ridículo más. No me había hablado para saludarme, sino para decir que en el salón, se rumoraba que él y yo estábamos sosteniendo un romance. Resultó que Aydeé y sus amigas, habían sido. No me sorprendí. Tienen la fama de ser las más chismosas del salón. Sólo le dije que no hiciera caso.

Al fin es jueves y Cristoff me acaba de llamar. Quedamos de vernos mañana. No sé qué va a suceder. Me aterra pensar que tendré un cargo de conciencia muy grande por lo que sucedió, pero sé que, en el fondo, no quiero preocuparme por ello. Sólo quiero que pase lo que tenga que pasar; aunque, también me intriga mucho cuál será mi reacción al ver a Cristoff después de dos semanas y de todo lo que ha sucedido.

Querido diario:

Finalmente, sucedió. Después de poco más de dos semanas, he visto a Cristoff. Su reacción no fue como lo esperaba. Creo que, muy en el fondo me esperaba una actitud de su parte que generara un cargo de conciencia en mí. Pero no. Sólo nos saludamos normal cuando llegó a mi casa y nos fuimos al videobar que acostumbramos.

Me preguntó que cómo me había ido en todo este tiempo. Le dije que bien. Él me dijo que ya estaba por montar un negocio de aparatos electrónicos en un centro comercial, que esperaba la autorización de los socios. Me dio gusto saberlo. Él siempre quiso poner un negocio. Para tener tanto dinero, es muy trabajador.

Mi actitud hacia él, fue muy normal. Mientras estábamos allí, Víctor me llamó a mi celular. Me preguntó que qué estaba haciendo, que si podíamos vernos. Le dije que lo sentía, pero que estaba ocupada. Cristoff me preguntó que de quién se trataba y le dije que era Víctor, el compañero con quien había trabajado tanto tiempo. Cristoff se molestó un poco y me preguntó si no había tratado de sobrepasarse conmigo. Le dije que no. Me pareció tonto porque sabe que tengo suficiente confianza con él como para decirle esas cosas. En fin. Es otra de las cosas que no me gustan de Cristoff: sus celos.

Estuvimos allí un buen rato y hubo momentos en los que me preguntaba dónde estaría Víctor. Después de un par de horas platicando y bailando, Cristoff me fue a dejar a casa. Le pregunté si nos veríamos mañana, pero me dijo que no, que había quedado de salir a una comida con una de sus amigas. Entonces quedó de llamarme en la semana.

Querido diario:

Víctor me llamó desde temprano para llamarme a comer. Me sorprendió un poco su llamada, pero por supuesto que acepté. Mil veces, preferí estar con él a quedarme sola en casa sin hacer nada.

Pasó por mí y me llevó a un restaurante del sur de la ciudad. No había entrado jamás a ese restaurante, pero no me pareció tan bonito. Sentí la necesidad de decirle que mejor lo invitaba a comer yo a uno de mis comedores, pero no, era mejor así.

Pasó algo que muy dentro en el fondo de mí, temía: Víctor me confesó que comenzaba a sentir algo por mí y que le gustaría que fuéramos novios. No supe de dónde saqué el valor para decírselo, pero creo que lo hice porque sabía que debía hacerlo. Le dije que tenía novio.

Creo que lo que más me sorprendió, fue su reacción. No se molestó. Pero sí comenzó a cuestionarme. Me preguntó que por qué salía con alguien si no lo quería. Le dije que sí lo quería. Entonces me preguntó que por qué lo había besado. Le dije que la situación era muy complicada, incluso para mí. Respondió preguntándome qué era lo que esperaba de todo esto. Aunque me sentí muy segura al responderle que no quería pensar en ello y que pasara lo que tenía que pasar, ahora que estoy sola, yo misma me pregunto si es eso lo que verdaderamente quiero. Pero creo que sí, no quiero preocuparme por esto. No quiero pensar. Creo que estoy loca.

Querido diario:

Esta tarde, tuve que salir a realizar unos pagos. Cuando terminé de hacerlos, de repente me sentí un poco melancólica, pero no triste. Es difícil de describir la sensación. Decidí caminar hasta mi casa. El cielo se veía muy bello y parecía que iba a estar estrellado el firmamento. Cuando iba caminando por una iglesia, sentí una mano en mi hombro. Me asusté, al momento, y cuando volteé, era Víctor.

Le pregunté que qué estaba haciendo. Me dijo que iba saliendo de la iglesia. Él es muy católico. El destino nos estaba uniendo. ¿Por qué? No lo sé.

Me preguntó que adónde iba y le dije que a mi casa. Me preguntó si podía acompañarme, a lo que le respondí que sí. ¡Qué tonto! Me moría por estar con él y actuó como si no lo supiera.

Cuando llegamos a mi casa, estuvimos platicando en la entrada. Le pregunté si quería entrar, pero dijo que no, que no tardaría en irse. Cuando me di cuenta, llevábamos una hora ahí afuera. Finalmente se fue. Nos despedimos normal…

Esperé un par de horas, y ya más noche, le llamé a Víctor. Platicamos de varias cosas. Le dije que estaba contenta, a lo que respondió con un: “¿Por qué?”, y le dije que porque el cielo estaba muy bonito y que me sentía muy bien de haber compartido un momento así con él. Me dijo que no sabía que me gustaban los firmamentos. Y sí, le dije que me atraían mucho.

Cada vez me doy más miedo. Cuando íbamos a colgar, me proyecté y le dije que le mandaba un beso y que lo quería mucho…

Querido diario:

Hoy nos dieron calificación de trabajos. Víctor y yo sacamos 9. Me alegré mucho al saberlo y cuando dieron la calificación, corrí hacia él y lo abracé. Todo el salón comenzó a hacer bulla, pero no me importó. Sólo me reí y él se limitó a sonreír. Quedamos de celebrarlo el fin de semana. Espero que Cristoff no me llame para entonces.

Tenía pensado invitar a Víctor a comer a uno de mis comedores, pero me dijo que sus padres estaban de visita, por lo que decidí reservarme el comentario.

Cuando comenzó el receso, Víctor salió corriendo del salón y ya no pude alcanzarlo. Me quedé esperándolo y Rafael se acercó a mí y me preguntó si yo andaba con Víctor. Le dije que no, a lo que respondió que él pensaba que sí porque nos veía juntos todo el tiempo y como no había visto que Cristoff fuera por mí a la escuela… Me pregunto cuántos pensarán como él. Bueno, a decir verdad, no me interesa mucho.

Querido diario:

Hoy salí con Víctor. Fuimos a un bar muy agradable: tienen buena música y está barato. Se veía guapísimo: traía unos jeans y una playera estampada. Debo reconocer que se veía raro, pero dijo que sólo estaba arreglado para la ocasión. Yo traía una falda a la cadera y una blusa un poco escotada. Hace mucho calor, últimamente.

En este momento, ya me siento mejor, pero mientras estábamos allí, bebí tantas cervezas que me emborraché un poco.

Saqué a Víctor a bailar, y mientras lo hacíamos, no pude evitar y tomé a Víctor por las caderas con mis manos. Es obvio que no hizo nada y, al momento, no me preocupé por ello, dado mi estado.

Después, le di la espalda mientras bailábamos y con sus manos me tomó por mi vientre. Cuando me di cuenta, tenía sus manos metidas en mi falda. Recuerdo perfectamente la sensación cuando, delicadamente, levantaba mi panty con sus dedos. Después de sentirlo un rato, me volteé y yo hice lo mismo, pero con su espalda. Pude sentir su ropa interior y su duro y pronunciado trasero. Me volvió a voltear y seguimos bailando. Cuando me di cuenta, prácticamente tenía sus manos sobre mis pechos. Creo que todo esto se iba tornando cada vez más y más candente porque tengo que confesarlo: me gustó.

Afortunadamente nos cansamos y nos fuimos a sentar. Mientras bromeábamos con la gente por cómo iba vestida, se me ocurrió besarlo. Así estuvimos 10 minutos. Estoy segura de ello. Finalmente nos separamos y cuando volteé a mi izquierda, pude ver a Christopher y a Laura. Estaban casi enfrente de nosotros. No sé si nos vieron. Ahora que lo pienso bien, sí tengo mucha duda de saberlo, pero no tengo modo de preguntarlo. Tendré que esperar a que el chisme llegue al salón y, por ende, a mis oídos. …o a los de Víctor.

El próximo fin de semana es cumpleaños de Víctor y pasado mañana cumplo 15 meses con Cristoff. No sé qué comprarle de aniversario. Estoy segura que mañana recibiré una llamada de él para ponernos de acuerdo. A ver qué pasa con Víctor. Afortunadamente, sólo vino a dejarme y no pasó de un simple beso. Me dijo que me vería el lunes en la escuela. Seguramente, Cristoff irá por mí a la escuela como siempre lo hace cada vez que cumplimos meses. El problema es que la clase de opción, en donde veo a Víctor, es a la última hora: Cristoff y Víctor se verán las caras por primera vez…



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Han escrito 6 comentarios de «El Diario de Camila (Cap. II)»

foto MieL
Martes 24 de enero, 2006 12:33.

Ahh, no me dejes asi, ya quiero saber que va a pasar con ese encuentro.

foto lorena999
Martes 24 de enero, 2006 12:42.

siiiiii ke pasaraaaaa…..

sin foto judas
Martes 24 de enero, 2006 12:53.
Tendremos que esperar el # III
foto OakLey
Martes 24 de enero, 2006 13:55.

Excelente…!! No se porque pero comienzo a leerlo y no puedo parar…Me Bebo el relato…Mas, pls..

sin foto metztli
Martes 24 de enero, 2006 18:29.

Otra vez me quede esperando más…cada vez me tienes mas metida en el cuento =)

foto Moon
Martes 24 de enero, 2006 20:56.

Osh que malo u_u….....*Esperando.

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