¿Tienes una cuenta? identificate: Usuario Contraseña o puedes obtener una gratis.

[ Escribo sobre... ]

El Diario de Camila (Cap. IV)

mar 21 de febrero, 2006 - 12:00

Estado de ánimo: Inspirado
Seguridad de entrada: PUBLICO
Música actual: Garbage - The trick is to keep breathing

Querido diario:

No sé qué fue lo que sucedió. Me siento extraña, triste y feliz, al mismo tiempo. No pude dormir sino hasta las 6 de la mañana. Tuve que levantarme a las 9. A las 10, Cristoff llegó. Estaba tan molesto que hasta me asustó. Ni siquiera me saludó, sólo le abrí la puerta y entró.

Me preguntó que con quién había pasado la noche. ¡Me sorprende que haya pensado eso después de la confianza que le he brindado! Tardé un poco en calmarlo, pero finalmente lo logré. Pudimos hablar y le pude explicar que no había pasado la noche con nadie y que nadie me había venido a ver anoche. La verdad es que no me creyó. Tardé varios minutos en hacérselo creer. Finalmente me contó todo:

Resultó que Abraham fue el que pasó por aquí en un taxi y vio a un sujeto de una camioneta saliendo de mi casa. Él iba con Isabel. Inmediatamente, Abraham le llamó a Cristoff para decirle, fue por eso que no fui sorprendida en ese instante por él.

Comienzo a entender las cosas. Pensé que Abraham ya me había olvidado. Creo que no puede soportar que yo haya preferido a Cristoff por encima de él. Es cierto que él y Cristoff son muy amigos, pero interferir de ese modo en una relación ajena, es imperdonable. Lo bueno es que Cristoff se ha dejado llevar por el cariño que siente por mí y me ha contado esto, haciéndome prometer que no le diría nada a Abraham.

Mañana hablaré con Isabel. Qué bueno que es una de mis mejores amigas.

Querido diario:

Esta tarde hablé con Isabel. Ya me explicó todo. Resultó que esa noche ella venía con Abraham en un taxi y ambos venían ebrios; entonces, él vio salir a “alguien” de mi casa y fue por eso que le llamó a Cristoff.

No me explico si esto se trata de una conspiración en mi contra o qué. Me queda claro que Abraham no ha podido superar nuestro pasado, pero me intriga el saber si Cristoff no se dio cuenta de que Abraham trata de encontrar el más mínimo pretexto para alimentar sus enfermizos celos. Como sea, necesito hablar con él, y lo haré mañana.

Por otro lado, las cosas con Víctor van muy bien. Nos llevamos bien, pero comienzo a sentir cierta incomodidad de que estemos sosteniendo algo que en realidad no existe. Es cierto que me siento sola, pero también es cierto que debería creer en la posibilidad de que no he aprovechado la compañía de Cristoff como debiera. El único pequeño gran detalle, es que la moneda también tiene su otro lado: quiero a Víctor.

Después de pasarme unas horas en la ventana, contemplando el paisaje panorámico de la ciudad, he podido darme cuenta que me siento, en verdad, muy sola. También me di cuenta de que he hecho muchas cosas y de que he actuado tal y como mis instintos me dictan. Y sí, no tengo una madre y un padre que vean por mí, pero tengo un diario que me sirve como un reflejo en el espejo y en el que, después de escribir, puedo observar cuáles son mis errores para poder corregirlos. Es la única manera que tengo de reprenderme. Probablemente, ya vaya siendo hora de ver esos errores para corregirlos.

Querido diario:

Hoy tuve una riña muy fuerte con Cristoff. Efectivamente, se dio cuenta que Abraham estaba ebrio cuando éste le llamó. Sin embargo, pasó por alto ese detalle y le creyó. Yo le repliqué que le he dado mucha confianza como para que confíe en mí. Su respuesta, me ha orillado a pensar que nuestra relación podría culminar con un final muy abrupto: “Él es mi amigo y, borracho o sobrio, es mi amigo; por tanto, le creo.”

Por otra parte, Víctor y yo no nos despegamos. Vamos a todos lados juntos. Su compañía me hace sentir segura y sé que cuento con su cariño. No creo estar confundida con respecto a mis sentimientos, pero estoy en un punto en el que no sé qué es lo que quiero: Me gustaría que Víctor fuera mi amigo para poder contarle lo que pasa. Estoy segura que él me podría dar un buen consejo, pero también quisiera que él fuera mi novio porque sé que, si así fuera, no estaríamos experimentando un problema de esta magnitud.

No quedé en nada con Cristoff. Creo que pasarán unos días antes de que me llame. Honestamente, yo no lo haré. Me ha decepcionado el hecho de que le tenga más confianza a sus amigos que a mí. Eso sería diferente si fuera él mujer. Entre hombres sólo se cuentan sus logros; entre mujeres, nuestro sufrimiento. Estoy absolutamente segura de que Abraham, jamás podría ser el paño de lágrimas de Cristoff, pero sí su sala de trofeos.

Me siento muy cansada, pero ya no me siento tan triste: Víctor me llamó y estuvimos platicando. El escuchar su voz me ha dado mucha tranquilidad. Nos hemos puesto de acuerdo para ir mañana al café. Supongo que eso es lo que me hace falta. Necesito salir, distraerme, y olvidar que tengo muchos problemas y conflictos. Además, su compañía me hará bien, tal como siempre lo ha hecho.

Querido diario:

He tenido un día fatal. No he podido concentrarme en las clases. Uno de los maestros, incluso, me regañó por mi supuesta falta de interés y atención. Podría decir que, eventualmente, mi día fue mejorando, pero la verdadera distracción, vino cuando, después de llegar a casa y comer, Víctor vino por mí y me llevó al café.

Pasamos un rato muy agradable. Pudimos hablar de muchas cosas al tiempo que yo bebía mi capuccino y él su espresso doble. Hubo muchos momentos en que veía que sólo se me quedaba viendo mientras hablaba; me daba la impresión de que no ponía atención a lo que le decía. De repente, me hacía pensar que quería meterse en mis ojos. Es como si hubiera querido explorar mi cabeza. Ver qué hay dentro… Eso era lo que me parecía después de ver su penetrante mirada postrada sobre mis ojos. Ni siquiera parpadeaba.

Lo que en realidad me sorprendió de Víctor, fue su posición de poder soportar lo que estamos llevando. En muchas ocasiones me tomó de la mano, pero como no le correspondí, me la soltaba inmediatamente como haciéndose el desentendido. Creo que, en el fondo, pude sentir sus frustradas ganas de concretar una relación conmigo.

Cosas como ésas, me pusieron a pensar en si de verdad debo continuar mi relación con Cristoff. La verdad es que no creo ser esclava de la rutina, y tampoco en eso hallo una razón para terminarlo. Si bien es cierto que me molestan sus celos, también pienso que algo se debe sacrificar. Creo que Víctor debe sacrificar sus ganas de ser mi novio; aun cuando le estoy tomando cariño, además del antecedente del gusto y todo lo que se ha venido dando entre nosotros, no quiero preocuparme por estar en una encrucijada en la que deba poner a Víctor de un lado de la balanza y a Cristoff, en el otro.

Fuera de eso, me la pasé bien. En muchas ocasiones, esos pensamientos pasaron por mi cabeza, sin embargo, pero Víctor no me habló de eso en lo absoluto. Ignoro si se resistió o si sólo quiere ser respetuoso conmigo.

Sólo quedamos de salir este fin de semana. A ver qué pasa.

Querido diario:

Mañana es cuando saldré con Víctor. Esta vez, ignoro a dónde me lleve. Lo único que espero es que no sea un lugar del todo concurrido. Sigo pensando en aquella ocasión en que nos vieron en la disco. Ese rumor podría llegar a oídos de Cristoff. Si alguien quisiera extorsionarme con algo, ésa podría ser la coartada perfecta.

Por cierto, Cristoff sigue sin llamarme. Me siento un poco preocupada porque no sé cómo le esté yendo; por otro lado, sigo en mi posición de no ser yo quien le llame. Eso, por un lado me hace ver que está bien, o por lo menos eso creo. Pienso que si algo hubiera sucedido, ya estaría enterada. Seguro que sólo se está dando un papel de orgulloso. Tonto orgullo, claro.

En el salón, Annelies se acercó a mí y comenzó a interrogarme con respecto a Víctor. No supe qué decirle. Dice que él y yo parecemos novios. Lo que más raro se me hizo, más que las preguntas, fue el tono en que me las hizo. Creo que detecté cierto tono de “molestia”. Sólo le dije que él y yo éramos amigos. Sólo dijo que estaba bien, que me creía. Se marchó del salón. Cuando volvió, traía a Víctor y lo tenía tomado del brazo.

No sé por qué, pero sí sentí celos. Aunque no me parece anormal, tampoco puedo decir que es una sensación de todos los días. Sobre todo cuando se trata de alguien que no es mi novio. Tal vez, hubo un poco de impotencia dentro de esa sensación. Sólo pude limitarme a verlos fijamente. Annelies me vio e inmediatamente soltó a Víctor. De repente, la expresión que imprimió a ese hecho, fue la de un susto. Es como si tuviera miedo de haber sido sorprendida por la novia del chico que le gusta. Y es que a mí me sigue dando la impresión de que, a Annelies, le gusta Víctor.

Probablemente, mañana le pregunte a Víctor si quiere algo con ella más allá de la amistad. Por lo pronto, me siento bien porque al fin mañana es viernes y porque saldré con Víctor.

Querido diario:

Esta noche me la pasé fenomenal. Como siempre, Víctor se veía muy guapo. Yo también me arreglé. Me pinté el cabello. Creo que me sienta el color. Él me dijo que se me veía bien, pero a estas alturas, ya no creo que lo diga con tanta sinceridad; aunque, como sea, me sentí bien de que me lo dijera.

Esta vez no fuimos a ninguna disco. Víctor me llevó a un lugar más tranquilo y mucho menos concurrido. Había poca gente y la verdad es que el lugar es muy acogedor. Tomamos una mesa como para 10 personas, pero yo creo que nos la dieron por la misma situación de que casi no había gente. Me imagino que ese lugar ha de estar más concurrido por las tardes y entre semana que por las noches de viernes y sábado.

El detalle del sofá me gustó mucho. Tipo sala familiar y con detalles estampados. Muy bien ocultos y acogedores. La mesa estaba a buena altura y teníamos una ventana al lado; de modo que, el humo del cigarro, no hacía tanto acto de molesta presencia.

Estábamos sentados muy juntos. Comenzamos a platicar al tiempo que bebíamos unas cervezas y fumábamos unos cigarrillos. De repente, el silencio nos abordó. Estábamos callados. Ninguno de los dos pronunciaba lo que pensaba. Era seguro que había más de mil pensamientos rondando por nuestras cabezas. Sumados, eran dos mil… Y creo que ése fue el número de ocasiones que pasó por mi mente la idea de besarlo. Cuando iba por el número 1260, me tomó de la barbilla, me volteó y me miró con esa encantadora sonrisa que le combina con su serio estilo de vestir. Me besó.

En ese beso, sentí una intensidad diferente. Es como si me hubiera sugerido algo que no podía interpretar en mi cabeza, pero sí en mi cuerpo. Lo curioso, es que yo sentí una enorme necesidad de corresponder a esa sugerencia. Me detuve, sin embargo. Algo, dentro de mí, me dijo que lo hiciera. Él no tuvo mayor reacción que la de rodearme con su brazo. Seguíamos bebiendo y platicando cuando se alejó un poco de mí. Sólo fueron unos cuantos centímetros: no más de veinte.

Al ritmo de la música, la cual sonaba a un estilo retro, fue bajando su mano hasta que la sentí en mi cadera. Comencé a sentir cómo mi temperatura subía y sólo se me ocurrió beber más cerveza. Esta noche, se me ocurrió ponerme una de esas tangas de algodón que tanto se están usando. La verdad es que me gustan, mas no hallo ninguna finalidad morbosa, como generalmente los chicos piensan. Víctor metió su mano por debajo de mi tanga. No paraba de acariciarme. Fue discreto. Mucho. Jugueteaba sus dedos en mi cóccix mientras yo, discretamente, también, acariciaba su ingle izquierda con mi mano derecha. No podía dejar de pensar que sólo hablábamos tonterías. Yo decía algo y él respondía con una tontería o él decía una frase relacionada con un tema y yo contestaba algo que no venía al caso. Estábamos más concentrados en nuestras caricias que en nuestra conversación.

Pasaron unos minutos cuando me tomó fuerte del cóccix y me empujó hacia él para besarme. Mientras nos besábamos, sentí en su boca y su lengua ese exceso de saliva que, hacía mucho tiempo, no sentía en Cristoff.

Pronto, nos terminamos los últimos tragos cuando Víctor ya había pedido la cuenta. Parecía tener prisa. Salimos del lugar, nos subimos a su camioneta y nos dirigimos a mi casa. Una vez allí, se paró, apagó el motor y enseguida se volteó hacia mí y nos besamos. Sentía esa misma intensidad que no sólo se veía reflejada en su beso y en sus caricias, sino también en las mías. Como hacía mucho calor, me puse una blusa escotada. Víctor oprimió un botón del tablero y ambos asientos se reclinaron hasta que quedaron parcialmente horizontales. Se postró sobre mí y comenzó a besar mis pechos. Sus besos eran tan delicados que podría comparar el roce de sus labios con el de dos pétalos de rosa. Sus caricias eran tan suaves que apenas me tocaba. Sentía su dedo índice en mi pezón derecho y casi lograba cosquillearme, pero no era así…

Yo lo tomé fuertemente de su espalda. Estaba de lado mientras besaba mi cuello al ritmo y tiempo que transcurrían las canciones de su disco de Kenny G. Lo toqué. Lo toqué todo. Mi atracción hacia él se hacía más fuerte, cada vez.

De repente, puso su mano en mi vientre y, lentamente, la fue bajando hasta que, gentilmente, me desabrochó el cinturón y me desabotonó el pantalón. Creo que estaba tan concentrada en esa atracción, que ni siquiera pude escuchar el ruido del cierre de mi pantalón. Metió su mano por debajo del pantalón y comenzó a tocarme. Su delicadeza fue tal, que tardé varios minutos en recordar que mis principios estaban por encima de la atracción sexual que siento hacia él.

De hecho, en ningún momento lo recordé como para detenerme. Un auto pasó por la calle de mi casa y nos separamos. Eso fue lo que trajo de vuelta mi moral junto con el aliento que Víctor me había robado.

Le dije que debía irme y él sólo volteó a ver su reloj para decir que también él. Creo que sólo quería disimular. Me acomodé la tanga, me abroché el pantalón y me despedí de él. Quería bajarse para dejarme en la puerta de mi casa, pero le dije que no lo hiciera, que así estaba bien. Nos besamos y quedamos de vernos de nuevo mañana por la noche. Esta vez, lo invité a mi casa. Prefiero quedarme allí. Además de que será mejor que compremos algo para nosotros. La buena noticia es que la calle estaba desierta y nadie notó nuestra presencia. O la de Víctor, más bien. Quiero aprovechar el tiempo que pueda ver a Víctor, pues él parte el domingo a su ciudad: no habrá clases el lunes.

Querido diario:

Es de mañana y recién escribo lo que sucedió el día de ayer… Cada vez estoy peor. Cada vez me acerco más al momento en que toda esta farsa se me salga de control por completo y mi peligro de ser descubierta por Cristoff, es cada vez más inminente.

Todo mi día transcurrió normal, excepto por el hecho de que estuve pensando en lo sucedido con Víctor. Me costó trabajo tranquilizarme para sólo tomarlo como una noche más. Finalmente lo logré.

Luego de pasar las horas pensando en él, me entró la tentación de llamarle. Obviamente, él no me llamó. Creo que tomó por hecho que nos veríamos hasta en la noche, por lo que no se vio en la necesidad de llamarme para confirmarme su llegada. Toda la tarde sobrellevé mis ganas hasta que por fin dieron las 8 de la noche y hasta por fin llegó Víctor.

Trajo una botella de ron. Me gusta mucho el ron y ése sabía muy rico. Bebimos un par de copas mientras platicábamos de asuntos de la escuela hasta que llegó el momento en que, pasada una hora y varios minutos, comenzamos a besarnos.

Al principio, sólo fueron puros besos intercalados entre las copas, música disco y nuestra plática que oscilaba entre diversos temas. De repente, se me ocurrió la estúpida idea de preguntarle que cuál era su ideal de relación.

Dijo que lo único que buscaba era una chica sencilla y sincera. Allí no hay nada fuera de este mundo, excepto por el hecho de que después dijo “tal como tú”. A lo cual, la única reacción que me salió, fue la de sonreír y decir “gracias”. Por supuesto que no estoy segura, pero creo que esperaba que yo le correspondiera diciendo lo mismo de él. Pude detectar en sus ojos, más allá de esa postura de deseo, la misma pregunta. Sólo clavé mi mirada en sus ojos.

Después de varios segundos, me acerqué a él y comencé a besarlo. Esta vez me sentía más segura porque ahora estábamos en mi entorno, en mi territorio, en una selva totalmente desconocida para él. Creo que mis intenciones eran las de poseerlo sin llegar a seducirlo. Se trataba de un contacto diferente. No sé exactamente hasta dónde quería llegar.

Después de besarlo y provocar esa atmósfera de la que tan deseosa estaba, pero de la que tanto temía, al mismo tiempo, me detuve. Sabía que era lo mejor. Él no hizo nada, sólo se levantó y, con un poco de nervios, se sirvió otra copa. Ese instante me fue suficiente para sentir la necesidad de mostrarle un poco más de mí. Aunque fuera sólo un poco.

Me levanté, me serví otra copa, y para cuando me dirigía hacia él, sentí un ligero mareo. Creo que finalmente, el ron había hecho su labor de adormecimiento corporal. Lo tomé de la mano y le pedí que me acompañara, que quería mostrarle algo: lo llevé a mi habitación.

Llegamos allí, encendimos la luz, se postró frente a mis repisas para ver mi colección de peluches y sólo se volteó para decirme que estaban bonitos. Nos sentamos en la cama y nos tomamos de la mano. Seguimos bebiendo la copa que nos habíamos servido. Él se terminó primero la suya y se paró para servirse otra: “Ahora vuelvo”, me dijo.

Pasados un par de minutos, me terminé la mía y también me paré para servirme otra. Cuando volví, Víctor estaba recostado con la mirada perdida, al mismo tiempo que clavada en uno de mis peluches. El adormecimiento en mi cuerpo, me empujó a poner la copa en el buró de al lado de la cama y a dejarme caer como si hubiera estado segura de que caería sobre una nube.

En el momento en el que caí a la cama, la falda se me bajó un poco, pero no le di mucha importancia. Me volteé hacia Víctor y le puse mi pierna izquierda. Él me tomó casi por la cadera y seguía mirando hacia arriba. Era como si estuviera observando un universo totalmente distinto al que, toda su vida, había contemplado.

Le pregunté que si estaba pensando en algo en especial. Me dijo que no, al momento que volteó y se me quedó viendo. Se acercó, me besó y conforme pasaban los segundos, que se me hacían eternos, sentía que algo se movía al ritmo de la música techno que se había quedado en el tocadiscos. Mi mano se postró sobre su cadera. Lentamente, él bajó su mano y la metió por debajo de mi falda.

Después de acariciarme más lentamente que nunca, se puso totalmente boca arriba y me soltó. Se desabotonó el pantalón, tomó mi mano y la movió para que pudiera tocarlo. La sensación era increíble. El mareo comenzó a tornarse en una lenta y sensual melodía de cuna. Apenas podía escuchar la música, pero la sensación de sus dedos sobre mí, cuando volvió su mano, era tan pronunciada y placentera, como lenta y somnolienta. Era algo que jamás había experimentado.

Por alguna extraña razón, dentro de esos movimientos que se sentían lentos como si aquéllos avanzaran en contra de la corriente de un apenas perceptible huracán, sentí la necesidad de quitarle su pantalón al mismo ritmo que el me bajaba la falda. Desabotonó mi blusa y desabrochó mi bra. Creo que, por un instante, sentí cierta necesidad de detenerlo. Aunque creo que no me sentía en condiciones de portarme lo suficientemente fuerte como para poder detenerlo. Al contrario, quería que siguiera.

Comenzó a acariciar y besar mis pechos, mientras forcejeaba con sus brazos que los tomaban con cierta fuerza delicada, pude desabotonarle su camisa. Apenas pude darme cuenta que estábamos casi completamente desnudos; entonces, me volteó y me bajó la panty hasta que se acercó a mí y pude sentirlo. La sensación era cada vez más delicadamente fuerte.

Con trabajos, me volteé para sentirlo y comencé a besar su pecho. Al mismo tiempo que lo tocaba, el ritmo de aquella lejana música me transportó hasta debajo de su ombligo. Él me tomó del cabello y lo fue jalando hasta acercarme a su cara y besarme. Sentía un ligero roce de aire repetido y caliente en mi cara. Creo que se trataba de su respiración. Cuando nos separamos, me estiré para beber un poco más. Me volví, dándole la espalda y sólo volteé la cabeza para observarlo. Él también estaba terminándose su vaso. Me abrazó por la espalda.

Sentí que pasó un instante, cuando levanté mi cabeza y la música se escuchaba fortísima. Eran las 8 de la mañana. Nos habíamos quedado dormidos y ambos estábamos desnudos. Me levanté muy alarmada y no sabía qué hacer. Con mis bruscos movimientos, lo desperté y sólo se quedó viendo a mi desnudo cuerpo hasta que me di cuenta que sólo estaba ridículamente parada enfrente de él, desnuda y sin hacer nada. Enseguida me senté y comencé a vestirme. Él hizo lo mismo y me ofreció una disculpa por lo sucedido. Enseguida me volteé y le pregunté si había sucedido algo, a lo que sus palabras sedujeron mi tranquilidad cuando dijo que él se refería a haber pasado la noche en mi casa. Le dije que no había problema, que no se arrepintiera de nada, que yo la había pasado muy bien. Ni bien terminé de decirlo, cuando me interrumpió y me dijo que él también.

Enseguida se vistió y dijo que se iría a desayunar para partir a su ciudad, que sus padres lo estaban esperando. Me fui a apagar al tocadiscos y le pregunté si quería desayunar en mi casa cuando, repentinamente sonó el teléfono y cuando contesté, era Cristoff. Me habló totalmente normal y me preguntó que qué estaba haciendo. Con los nervios deshechos por dentro y con un dolor de cabeza ligeramente pronunciado, le dije que nada, que estaba leyendo en mi habitación. Me preguntó si podía ir a verme y le dije que sí. Dijo que en dos horas y media estaría en mi casa.

Sólo le dije que a Víctor que debía irse. No replicó nada y me dijo que me vería el martes en la escuela. Se acercó a mí y nos despedimos con un beso, como siempre que nos vemos a solas. Lo acompañé a la entrada y no pude ver su camioneta. La había dejado un par de metros atrás. Sólo dijo “adiós” y yo sólo le moví la mano.

Ya he tomado un baño y ya desayuné. No me siento del todo mal. El dolor de cabeza se ha ido, casi, por completo, pero con ello, la duda acerca de lo que sucederá con Cristoff, se ha pronunciado. No puedo esperar para saber qué me dirá después de la discusión tan grande que tuvimos la última vez que nos vimos.



[ Enlace | 4 comentarios ] del.icio.us del.icio.us Estrella este post ***** Cuentos
comparte esto
Comparte esta entrada (del.icio.us, por correo, etc) o agrega este blog a tu Google Reader.

Entradas relacionadas:
  1. Mi querido diario...
  2. Fin de semana...
  3. El Diario de Camila (Cap. III)
  4. El Diario de Camila (Cap. II)
  5. El Diario de Camila (Texto largo: Fragmento)
  6. Ooohh, sí...
  7. ¿En qué universidas vas?

Han escrito 4 comentarios de «El Diario de Camila (Cap. IV)»

foto Skazi
Martes 21 de febrero, 2006 12:50.

:o

foto OakLey
Martes 21 de febrero, 2006 13:23.

/me cachondo con CaMiLa…quierO Más…

sin foto karina
Martes 21 de febrero, 2006 13:37.

axl, si pudieras cambiar el fondo o el color de la letra, por que hay partes que no puedo leer, please, besos

foto Moon
Martes 21 de febrero, 2006 17:00.

Perfecto….ñ_ñ

Si usted tiene una cuenta en ymipollo.com, identifíquese:
Usuario: Password: (recordar identificación en este blog)
Escriba su comentario:
Por favor escriba respecto al post, procure revisar su ortografía. Si su comentario no es respecto al tema, por favor no lo haga.

Usted escribirá este mensaje como:
Es posible que su comentario no aparezca de forma inmediata (o que nunca aparezca) eso depende de la decisión del autor de este blog.

suscribirse a este post.

RSS
Blog | Comentarios