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Bendita sociedad... ¿o maldita?mié 09 de agosto, 2006 - 15:26 |
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La incursión o permanencia, en su defecto, en la sociedad, sin importar la altura de ésta, siempre ha de implicar sacrificios. Es definitivo que cualquier capricho de la vida que queramos disfrutar, requerirá de un esfuerzo para lograr ese tan preciado objetivo. El esfuerzo es simple: si se trabaja, no importa cuán agotador sea el día laboral, pero hay que asistir a esos eventos que, incluso, son llevados a cabo entre semana. El desperdicio de horas de sueño, es nada comparado con lo que se puede lograr en compañía del affair o de la chica o chico que se convertirá en ese romance en curso y un martini Manhattan o ese exquisito whisky Borbón en las rocas. Con el paso de los años y los cambios que casi cualquier tipo de sociedad ha sufrido, ha dejado muchas enseñanzas al aire. La sociedad se ha vuelto caprichosa y los requisitos para permanecer activo en ella, han vuelto devotos de la vida nocturna y el desgaste, a muchos. Este hecho, ha propiciado una inconciencia por la mesura: No importa la cantidad de alcohol, no importan las horas en vela; mucho menos, las repercusiones. En la clase alta, desde temprana edad, se enseña a guardar apariencias. No son los hechos contundentes los que hacen brillar el desempeño de un individuo en la sociedad, sino lo que éste pueda proyectar. Hoy en día, estos preceptos sociales se han generalizado a casi cualquier status socioeconómico, por lo que la apariencia ha ganado terreno sobre la salud, e incluso, se ha vuelto parte de la moral que todo ser humano debe incluir en su educación. En México, se estima que sólo un 5% de la población invierte en salud, mientras que el 95% restante, lo hace en imagen. Por supuesto que hay muchos aspectos a tomar en cuenta, como el status económico del individuo y su necesidad médica. No obstante, hay que recordar que invertir en salud, no sólo es visitar al médico por una gripe, sino cambiar de cepillo dental, cada 3 meses; visitar al dentista, cada 6; visitar al otorrinolaringólogo, cada 6 meses; ver al médico para que nos prescriba fármacos para desparasitar; hacerse constantes exámenes de sangre para la detección de diversos males, producidos por la alimentación; visitas periódicas al nutriólogo para mesurar la alimentación y, sobre todo, el ejercicio; entre otros. Es posible que ésos no sean los consejos que se reciban en un bar. Dichos consejos, podrían oscilar entre aquéllos casuales que profesan que el Bacardí es un pésimo ron y que, en la mayoría de los casos, está adulterado. Incluso, se podría escuchar un mal consejo, a manera de anécdota, de que, prácticamente, cualquier licor combina con el Red Bull. La sociedad no sólo ha dejado enseñanzas sociales, sino también individuales: “No habrá nadie que haga las cosas por ti”. Irónicamente, estos nuevos preceptos ya no unen a la gente, sino que la separan. De alguna manera, promueven la unión a través de la individualidad y hacen que ésta se pronuncie, en vez de sólo propiciar el respeto que ella merece. La vida escolar, tiene casi las mismas exigencias que la laboral. A nivel social, las diferencias son contadas y simples: el dinero no proviene del sudor de quien lo disfruta (con algunas excepciones) y se tiene todo el tiempo del mundo para terminar la escuela, si se descuida. Adaptarse o morir. La supervivencia del más apto. Dos situaciones tan faltas de complejidad, pero que, complejamente, han empujado al ser social a formarse dos morales. Indudablemente, cabe la posibilidad de que esta doble moral, genere la famosa y muy discutida hipocresía de que muchos se quejan. La vertiente más sobresaliente de la doble moral es la que se refleja en la sociedad: no sólo porque sea ésta la que forje la imagen y concepción bajo la cual se tiene al individuo, sino porque es la primera en salir a flote cuando la otra moral hace acto de aparición. “El cobre salió a relucir”. ¿Será, éste, un dicho popular propiciado por esa doble moral que, a su vez, fue propiciada por la importancia que se le ha dado a la voluntad de permanencia en la sociedad? ¿Se le debe dar importancia a la sociedad en aras de conseguir amor? ¿Verdaderamente, la sociedad le brinda sufragio al amor? ¿Vale la pena satisfacer las mezquinas exigencias de la sociedad actual? Las respuestas pueden ser muchas; la realidad, una. Lo cierto es que el sol brilla y la luna ilumina para todas y cada una de las personas que, de algún modo u otro, forman parte de la sociedad. Frase del día: “¿Indignación? ¡Jah!” [ Enlace | 10 comentarios ] del.icio.us Estrella este post
México, Sociedad
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