Historia de él y ella
Sept. ’04.
Está historia comenzaba en un lluvioso día de septiembre del 2004, en alguna ciudad aislada del smog, el tráfico y con una escenografía desigual donde la lluvia era de color purpura, y la vista constaba de montañas cubiertas de granizo.
Escape a una fría ciudad, donde el whisky y la cerveza se combinaban a la perfección, un poco de palabrería y todo estaba escrito sobre papel en blanco, 3 compadres, 2 comadres y un infante, protagonizando escenas de dicho popular.
La llegada fue tardía, el frío se hacía presente cual mañana de septiembre, se encaminaban por las provisiones básicas: un poco de botana, cerveza, hielos y en una pequeña cesta sonrisas, el nervio adolescente y los comentarios fugaces, pagaron con efectivo y la siguiente parada estratégica el “depa”.
Típico depa de soltero: sofás, computadora, comedor, refri-beer, los presentes acomodaban sus almas en la caja que correspondería a su actuación trivial, la música comenzaba a sonar, y el conocerse entre ellos fue lo de menos, a las horas ya era un cotilleo normal de una reunión cualquiera.
Ella, aún con bebida en una botella café obscura miraba sus pupilas, esa expresión de armonía escuchando su tono al decir frases por las cuales se reía, a veces sin saber ¿porqué? o ¿de que? solo reía, Él se acercaba con esa sonrisa peculiar , tomaba otra botella posándola sobre el lavadero y diciendo con cierto encanto “acábate tu cerveza para poderte besar” ella, fija tal cual pedestal, recargando su cuerpo sobre una fría pared, posaba la botella café con un ruedo de bebida sobre el refri-beer, 1 minuto o 10, todo era rápido, incesante, multicolor, solo dos labios siendo una boca y una cocina siendo más que cuatro paredes calladas con dos actores empañados por las promesas de una tarde vacía entre copas.
Sin ser lo que eran, sin dejar de ser lo que quisieron ser, dos nombres propios, el suelo acolchado por mantas calientes y sus cuerpos llevaban un vaivén, recordaban conversaciones pasadas, y sus labios se entrelazaban mas y mas, ella saboreando la piel de él, tomando entre sus manos ese cuerpo prohibido, y a la vez libre, él acariciando el cabello de ella y diciéndole al oído palabras bellas, sus miradas cruzándose evadiendo el lugar, el día, el año, la ciudad, solo siendo ambos, el y ella nada más.
La caída de la tarde llegaba sin esperar, al fondo las voces de los demás, las cervezas evaporadas y comenzaba la realidad, el llanto del infante despertaba los sentidos adormilados, era el momento de escapar de la fantasía que habían tejido, de ser lo que debían ser y sin darse cuenta el ya estaba en la puerta, su destino lo aguardaba.
Ella, horas después bebía whisky, bailo como nunca antes lo había hecho, el sueño aún cuando caía los demás evitaban que llegara a su cuerpo, las risas y anécdotas de los compadres alegraban esas blancas paredes con tintes de nostalgia, pero él seguía en su pensamiento, alrededor de su mente se dibujaban preguntas y una de ellas seguiría por siempre en su corazón.
El tiempo corre su curso, ella ha vivido sin él y con él, ambos han sido sujetos del destino, narrando historias dispersas y cruzadas a la vez, él en su casa, jugando al esposo perfecto y una familia de telenovela, ella sigue escribiendo donde aún lo recuerda, en el marco perfecto mientras ambos aparecen y desaparecen por capítulos contrapuestos, donde no son lo que la sociedad no permite que sean y escondiéndose detrás del telón mientras la obra estelar finaliza a cuentagotas.
Ambos, con un cariño que se teje entre los poros, luchando contra el tiempo, y el lugar, ambos con ese amor que no puede hablar, y ha aprendido a callar, amantes de la noche, y el vodka, amantes del peligro y la emoción, amantes sin amarse y amándose con toda la intención.
- Borrador, falta la siguiente.
Lo que el insomnio puede causar, una historia desigual salida de dos manos desgastadas por la espera y con sabor a brandy en las rocas..!
Escuchando: Enrique Bunbury - ....Y al final!



