|
Lo recuerdo bien desperté con los nervios hechos mierda y una sed
desbaratando cada papila de mi cavidad bucal. Sentía la lengua y el
paladar pastosos como si estuviera mascando un enorme puñado de paja
seca. Me incorporé con dificultad en la cama y miré el reloj. Eran las
8 de la noche. Las manos me temblaban sin control y el corazón
palpitaba violentamente en el pecho. Tanta droga y alcohol me pasaban,
apremiantes, la factura. Caminé a la sala; ahí estaba Ella mirando ausente la televisión. "Le hable por su nombre -se lo susurré- me siento del carajo". Ella,
inmovil, agarro el control remoto aumentando el volumen a niveles
absurdos. Me dirigí a la cocina. Sentía un hueco en el estómago,
llevaba dos días sin comer y ahora lo necesitaba. Ni siquiera tenía
deseos de alimentarme pero sabía que lo necesitaba. mire en la estufa
en busca de sobras de algo pero sólo encontré una asquerosa manada de cucarachas que huyeron con eficiencia envidiable entre las rendijas de las
hornillas en cuanto la luz delató mi presencia. Abrí el refrigerador
cochambroso y después la desvencijada alacena con idénticos resultados:
ni siquiera una bolsa de galletas, sólo cucarachas desparramándose por
todos lados. Con seguridad, Ella se había encargado de regalar
lo poco que habia o incluso de echarlo a la basura. Cualquier cosa con
tal de joderme. Regresé a la cama, me puse el pantalón y revise en las
bolsas del mismo. Sólo tenía 20 miseros y devaluados pesos. Salí a la tienda y compré una lata de frijoles y 10 pesos de longaniza. De regreso en la cocina vi de nuevo desaparecer a las cucarachas. No sé si sobrevivirán a un invierno nuclear pero sé que son unos
animales repugnantes y poderosos. Freí la longaniza y después agregué
los frijoles. Despedían un olor delicioso que me puso a salivar.
Mientras trataba de recordar en dónde había pasado la noche anterior
escuché un portazo que hizo retumbar los vidrios: Ella se
marchaba a quién sabe dónde. No me importó gran cosa, daría una vuelta
por ahí, quizá se iria a coger con alguien pero al final regresaría.
Pensaba que de esa forma se vengaba de mí. Pero estaba equivocada.
Quizá hace algunos ayeres, pero hoy no . Ahora había cosas más
importantes: la piedra sobre todo.
En unos cuatro minutos el guisado estuvo listo y cuando me
disponía a servirme, un silbido se clavó como un cotonete en mi oído
derecho. Lo reconocí con pesar: era el chiflido de la banda, el llamado
de la tribu. MI TRIBU: una partida de imbéciles como yo.
Drogadictos, alcohólicos. Sin horizontes ni perspectivas más allá de
conseguir cada noche cerveza o ron barato y algo de cocaína y/o hierba
base de ínfima calidad para procurarse un poco de placer que les haga
sentir que su vida (nuestra vida) tiene una especie de sentido. No
tenía ánimos de ver a nadie pero sabía que era imposible no responder.
Bajé lentamente, sin preocuparme por ocultar mi expresión de hastío y
molestia. De cualquier forma, el Bomber, recargado al pie de la
escalera, nunca la hubiera notado. Venía hasta la madre de pedo, con el
hocico reventado y un ojo a punto de explotarle. Con la voz quebrada me
dijo: "mira wey, lo que me hicieron esos putos…" "¿quiénes, cabrón?" Le pregunté. "Los del Predio, hijos de su puta madre. Vamos a chingarlos ya está la banda allá arriba…" contestó gritando y sorbiéndose los mocos. Entre brumas recordaba
haberlo visto ayer por la noche chupando con los weyes esos muy
amistosamente, pero qué podía hacer. No tenía opción. Me puse las botas
de la fábrica y nos fuimos a encontrar a los demás. El Bomber sollozaba de dolor y rabia. "Ya no chille, puto -le dije- ahorita les partimos su madre…" La banda sumaba siete. No había nadie más disponible. Sería una empresa
difícil; más a sabiendas de que los del Predio eran un chingo y nunca
se juntaban menos de quince. "¿Cuántos son esos weyes?" Preguntó el Negro. Nadie sabía. "Pus vamos de todos modos, chingue a su madre", Dijo el Piedra y nos lanzamos a buscar la venganza. Yo me sentía hueco, como un muñeco
de plástico preguntándome a cada instante qué madres hacía allí
caminando al encuentro de unos peligrosos y violentos vagos que habían
golpeado un tipo a quien ni siquiera consideraba mi camarada. Pero así
medíamos la camaradería en nuestro barrio: sólo a la hora de los
madrazos se sabía con quién se podía contar. Y la banda es la banda aunque sólo estimes realmente a uno o dos. En esas estaba cuando a unos
cien metros de un enorme árbol donde solían reunirse, los vimos. Eran
10. Todos pedísimos y seguramente activados o pachecos. Recogimos unas
piedras y nos pegamos a una cerca de lamina acercándonos sigilosamente,
aliados con la oscuridad. Cuando los tuvimos a tiro les descargamos las
rocas. Todas dieron en el blanco: la mayoría lastimó sus espaldas pero
una acertó en una cabeza y otra destrozó una nariz. Los dos
infortunados cayeron quedando fuera de combate lo cual niveló la
contienda. Ya éramos 7 contra 8. Pero nosotros teníamos el factor
sorpresa de nuestro lado y nos lanzamos furiosos contra ellos, quienes,
en la pendeja total, apenas tuvieron tiempo de defenderse. Antes de
desmadrar al Hilario de un patadón en el estómago vi al Tamal estrellarle hasta en cinco ocasiones un palo en la jeta al Alonso y al Gringo reventarle un casco de caguama en la cabeza al Abramas.
Inmediatamente
después de eso la madriza se multiplicó por todos lados. Escuché más
ruido de vidrios rotos y cabezas rebotando contra el pavimento.
Mientras le ayudaba al Peperaper a sacudirse uno de sus dos enemigos advertí que llegaban refuerzos. Los espectadores -ya para entonces un número considerable- gritaban excitados. Lo que parecía una victoria fácil para nosotros, de pronto se tornó en un desastre: cinco ojetes más nos cayeron encima con tubos y botellas. Al Tamal le abrieron de un tubazo el ojo hinchado que regó un gran torrente de sangre sobre el piso y el Negro fue masacrado a patadas y palazos por tres adversarios mientras el Gringo recibía un rocazo que le arrancó una gran porción de piel del cuello y
parte de la mejilla derecha. Mientras defendía mi rostro de un tubo
recibiendo los impactos con los antebrazos, atisbé al Ojon y al Gometin a unos 70 metros de la escena. Habían huido antes de que los de El Predio llegaran hasta nosotros. Pinches putos de mierda. Como pude arranqué al Peperaper de sus madreadores y nos fuimos corriendo. A unos metros de mi casa nos
detuvimos exhaustos y nos sentamos en la banqueta. Ese wey estaba
puteadísimo y yo apenas tenía algunos rasguños en la cara además del
entumecimiento de los antebrazos ocasionado por las caricias del tubo.
Pensé que era un cabrón afortunado pero, justo en ese instante,
mientras sonreía complacido con mi pensamiento, vi venir al horrible Hilario hacía mí, como surgido de la nada ondeando una gruesa cadena que me
estrelló sin piedad en la cara lastimando mi ojo izquierdo, la nariz y
mis dos labios los cuales se reventaron al mismo tiempo tiñéndome de
rojo la camiseta, el pantalón y los tennis. Caí pesadamente al suelo.
Una nube blanca nubló mi vista y me sentí cayendo angustiosamente en un
agujero negro, interminable.
No supe cuánto tiempo pasé ahí pero
cuando desperté,ya no habia nadie. Con el ojo sano miré a una figura
parada frente a mí. Era Ella, quien al verme recuperar la conciencia, sonrió con una horrible mueca burlona. Ayúdame, le supliqué. Se inclinó hacia mí ,sin quitar su espantosa expresión, me escupió en la cara y me dio una bofetada. "Vete a la mierda, pendejo" me dijo y se largó carcajeándose. Creía que la quijada se me iba a
desprender. Nuevamente entre brumas recordé que la noche anterior le
había quitado a la fuerza 300 pesos para comprar más mierda. Me
incorporé tambaleándome y subí dolorosamente las escaleras hasta llegar
al minúsculo departamento. Metí la mano por la ventana rota y abrí. Me
tumbé en el sillón favorito de Ella respirando con dificultad. Me dolía
hasta la punta de los cabellos. La punzada del hambre como una rata
famélica y voraz me mordisqueó los intestinos recordándome los frijoles
con longaniza. Arrastrando mi maltrecho cuerpo entré en la cocina.
Esta
vez las cucarachas no se inmutaron ni con la luz ni con mi presencia.
Ni mucho menos el gato que estaba sobre la mesa haciendoles compañia.
Como si pudieran detectar mi lamentable estado me ignoraron y siguieron
dándose un banquete con los frijoles. Eran más de las que podía contar
a simple vista. De todos tamaños, pequeñas, medianas, grandes como un
grillo, movían sus antenas, devoraban con sus pequeñas fauces la
longaniza y sacudían sus patas velludas saliendo y entrando
despreocupadamente del sartén. El gato solo movia sus bigotes y su
cola. Asqueado salí de ahí no sin antes observar a otra columna de
insectos que se sumaban alborozados al festín. Regresé a la cama, me
toqué la enorme bola de sangre coagulada que cubría mi ojo y sentí cómo
una lágrima involuntaria cruzaba la sangre seca de mi mejilla. Levanté
la vista al techo. Dos enormes cucarachas peleaban con gallardía. La
menos grande tumbó a la mayor la cual cayó a centímetros de mi cara y
se escabulló a velocidad sorprendente en un resquicio de la pared. Saben esconderse bien, quizá sí sobrevivan a un invierno nuclear.
[ Enlace | 5 comentarios ] del.icio.us Estrella este post
De, Dep. de recuerdos.
Comparte esta entrada (del.icio.us, por correo, etc) o agrega este blog a tu Google Reader.
Entradas relacionadas:
Dias X
Postear o no postear
esta es mi duda sub-sistencial
Cosas que no deberian de existir
Memoria y espejimo.
La primera impresion
Todos mis caminos..
El paso del tiempo
divazorra III
que significa amor
10 _s3nko_consejos para que tu blog sea visitado.
que p2 con esto
un buen libro =D
frases que nos gustaria escuchar
*grandes diferencias*
Han escrito 5 comentarios de «Entre gatos y cucarachas»
firmost Miércoles 05 de marzo, 2008 11:57.
-
eso te pasó a ti?, chale, la verdad está algo cabrón. Yo he estado en dos batallas campales y afortunadamente las oraciones de mi madre han surtido efecto, lo más que me pasó fun una leve inflacación de la parte lateral izquierda de mi rostro, pero nada de sangre ni nada 
wisho Miércoles 05 de marzo, 2008 12:05.
-
:-s
woow…que intenso
saludos y buen dia.
chido post. 
xtrellita Miércoles 05 de marzo, 2008 12:10.
-
:o me gustó un buen el relato…
...algo crudo
saludos 
_s3nko_ Miércoles 05 de marzo, 2008 12:12.
-
pues en realidad NO ES MI HISTORIA es la de un compa firmost,pero habia que ponerle el toque culero y ogete del wisho gracias,buen dia para ti tambie.
xtrellita,demasiado crudo diria yo,pero a veces es una realidad cuando andas de vago,me tocaron muchas campales como esas,pero nada que lamentar, talvez unos putaxos, un chipo roto y una que otra descalabra y una parada en el MP. 
pollo_loco Miércoles 05 de marzo, 2008 12:30.
-
oraleeeeeeee hasta me imagine la escena…es como de una buena pelicula para editar…peliculas de esas urbanas que valen mucho la pena…muy bueno. 
|