
Nadie sabe cuando nació, en donde o porque. Lo cierto es que aquella niña, que llevaba por nombre Samantha, no podía dejar de llorar. Llevaba años haciéndolo, era fácil adivinarlo pues sus mejillas mostraban ya un poco de sarro, moho y otras partículas repugnantes producto del constante lagrimeo de sus ojos.
Tarde o temprano esta situación llamaría la atención de alguien. Así fue como un día, mientras Samantha daba su paseo matutino, el cuervo de las dos cabezas, Mateo, voló hasta aterrizar en aquel trozo de madera justo al frente de ella y movido por la curiosidad le pregunto:

Hola mi niña, te he visto pasar mucho por aquí ¿Por qué lloras siempre?No lo se, no tengo motivos, solo quise llorar un día, y no me he detenidoCreo que no te he entendidoTan fácil como entender a un cuervo de dos cabezasSi vas a charlar conmigo debes tener cuidado de cómo te expresasEntonces lo siento, continuare mi caminoAlto ahí, no te vayas que aun no termino. ¿Sabes? Es tanta la curiosidad que me provocas, que he decidido ayudarte, conozco a un psiquiatra muy RESPETABLE que podría atenderteMe parece que…. Es una excelente idea de tu parte
Ambos siguieron el camino hasta el consultorio. La placa en la pared decía el nombre del susodicho: DR. X. L. Rodimiro Psiquiatra RESPETABLE. “Interesante” Pensó ella y juntos, el cuervo y la niña, entraron al consultorio donde se encontraron con una habitación tapizada toda de colores llamativos, dibujos de espirales, libreros llenos de trastos y alacenas llenas de libros. Al fondo de la habitación, una imponente silla marrón que daba la espalda (y un poco de miedo), se mecía de lado a lado asegurando que alguien (o algo) estaba sentado en ella.

Disculpe Dijo Mateo. –Hemos venido en busca de su ayuda, y ya que ud es un psiquiatra muy RESPETABLE, nos preguntábamos si podría ayudarnos con un problema-
La silla entonces dio vuelta y fue cuando el DR. Rodimiro dejo ver su fea cara. ¿Qué clase de criatura era el? Quien sabe, pero al mirar a sus clientes dijo con voz grabe y con un acento ruso: -¿Cuál es el problema?.
Es la niña, lleva años llorando y nadie sabe cual es la causa, bueno, ni siquiera ella lo sabe
El DR. Hizo un análisis de Samantha con la mirada y entonces dijo: Dejame a solas con ella cuervo
Mateo salio de la sala.
Diez minutos después Samantha salio del consultorio con la paleta en la boca.
¿Que te dijo? Pregunto el cuervo apresurado.
-No entiendo a los psiquiatras, tan solo me miro fijamente, luego hizo un gesto parecido a una sonrisa y me dijo: “Llorar no es cosa mala” y me dio esta paleta de limón.
Así fue como los dos, sin victoria aparente, marcharon acariciados por el ultimo rayo de sol.
Los años pasaron en la vida de Samantha, se convirtió en una señorita. Y uno de tantos días conoció a un chico: Santiago. Parecía tener una edad cercana a la de ella, pero lo que mas llamo su atención fue que tenia en los ojos marcas de llanto, tan añejas como las suyas.
He encontrado a otro de mi especie! Pensó emocionada.
El la miro y notó también algo parecido, un detalle en común que los hacia parecer el uno para el otro.

Como en toda historia de amor las cosas entre los dos se dieron y al cabo de unas semanas de encontrarse aquí y allá, se dieron sus respectivos MSN, charlaron, se llamaron por teléfono y empezaron a salir. Ambos lloraban incansablemente pero se notaba que se la pasan muy bien. Hasta que un día…
Un resbalosa lavadora que se graduaba en informática llego para arruinarles la vida. Usando sus artimañas logro separarlos y en el último día el le dijo:

Lo siento, lo nuestro ya no funciona, es tan repetitivo, ambos lloramos, ambos nos hundimos, necesito un cambio
Te entiendo, márchate Respondió ella.
No me extrañes Escupió de su boca el joven-
Necesito tiempo para mi, necesito pensar para mis adentros, no te necesito para eso, puedes irte tranquilo, aquí no se te extraña
Y el se marcho.
Llorar bien valdría la pena en este caso, pero eso era algo que ella ya hacia sin querer, entonces hasta eso había perdido la gracia.
Pasaron uno.. dos… dos años y medio y la joven siguió con su vida.
Después del trabajo ella se conectaba a la comunidad Ymipollo.com, escribía periódicamente un post narrando sus tragedias y sus alegrías, recibía decenas de estrellas, y comentarios, tenia muchos amigos en la red, asistía de vez en cuando a las reuniones y hasta había ahorrado para comprarse su cuenta.
Fue entonces cuando recibió un curioso mensaje:
“Que chistoso: tu no puedes dejar de llorar y yo no puedo dejar de sonreír… Saludos!” De parte del usuario Sonrie666. Inmediatamente reviso el perfil del usuario y se dio cuenta de que era verdad. El también hacia escritos sobre su vida y de cómo en algún momento comenzó a sonreír y ya no pudo dejar de hacerlo. Comenzó a llamarle la atención.

Ambos que estaban separados por varios miles de kilómetros pero que cientos de días atrás habían quedado perdidamente enamorados. Lograron encontrarse después de tanto tiempo. Formalizaron su relación. Ella comprendió entonces que lo importante no es encontrar a alguien que se parezca a nosotros, sino alguien que nos complemente. Si ella llora sin cesar, el sonríe con misma intensidad y entonces sus vidas tienen ese equilibrio. Fueron, el tiempo que duro sus vidas EL UNO PARA EL OTRO. Tuvieron dos hijos, que, aunque no me lo crean, salieron normalitos y muy lindos por cierto.
Vivieron plagados de emociones, de encantos, de tristezas pero vivieron juntos. Cuando uno perdía el paso el otro le levantaba, cuando uno era pesimista el otro brillaba por su positivismo. Hasta que, como en todas las vida, ambos llegaron a viejos. Tan grande fue su vida, tantas fueron sus historias, que al final ambos murieron al mismo tiempo. Los enterraron en tumbas juntitas, como si pudiesen debajo de la tierra, tomarse de las manos.
La tierra de la tumba de ella siempre esta húmeda. Si acercas el oído a la tumba de el puedes escuchar una suave risa.

A’bram




