El pez por su boca muere...
Analizando gente, situaciones, actitudes, pensamientos y en general todo lo que me rodea. Me lleva a reflexionar sobre ciertas cositas que suelen suceder a causa de esas pequeñas silabas que salen de nuestras bocas.
Ocultar algo es aparentemente sencillo, el sol si se puede tapar con un dedo o al menos ante nuestros ojos, es curioso cómo entre palabra y palabra nuestras verdades se van asomando (y esas palabras no salen de otra boca que no sea la propia) dicen que todo cae por su propio peso y sin lugar a duda es MUY CIERTO, es sencillo decir que somos o no tal o cual cosa, y después poco a poco vamos haciendo evidente nuestra cruda realidad.
Tergiversamos historias para nuestro propio beneficio, intentamos ocultar lo oscuro, lo turbio
O simplemente sobremaquillamos aquellas virtudes que para nuestra fortuna si tenemos.
La mentira al principio es una pequeña oración que es emitida por un pequeño miembro que está en nuestras fauces, poco a poco crece evidenciando cada vez mas todo aquello con lo que no contamos pero sin embargo morimos por poseer, después se convierte en una secuencia de oraciones más complejas y mejor elaboradas que día con día dejan de caber en ese pequeño orificio que está justo debajo de nuestra nariz y es de múltiples funciones, comienza desbordarse tanta cosa, hasta que se convierte en un rio de negras aguas que inunda cada centímetro de nuestras vidas, es justo entonces cuando la verdad es más que evidente, solo que nuestros soberbios ojos no son capaces de ver dicha realidad, seguimos creyendo que nuestro dedo aun tapa el sol, y definitivamente si; nuestro solecito sigue tapado, lo único malo es que como dicen aquellos muy positivos “el sol sale para todos”.
La mentira suele ser una historia pobremente fundamentada en razones que para nuestra loca cabecita son validas y sumamente poderosas. A veces pienso que la mentira en ocasiones va mas allá del raciocinio humano, todos mentimos de una u otra manera, ya sea a los que nos rodean, a Dios, e incluso a nosotros mismos, pero el problema no es ese, si no hasta qué grado creemos nuestras mentiras, ¿esa imperiosa necesidad de engañar a que se debe? ¿Por qué creemos que los individuos que nos rodean caerán en nuestro truculento juego? ¿Acaso es parte de la naturaleza humana y ayuda a sobrellevar una vida monótona y aburrida que en ocasiones peca en lo tediosa y que de no tener un ligero toque de fantasía podría llegar a ser todo lo contrario a vida? ¿Tal vez es un escape de nuestras más intimas y reprimidas ilusiones, de esas que sabemos que no se habrán de cumplir jamás? ¿Es una manera sínica y descarada (aunque celosamente escondida) en la que demostramos quienes somos en realidad? ¿La carencia de valores que poseemos? ¿O es puramente una muestra de nuestras capacidades actorales?. Saludos :)
... Y que viva Mexico Cabrones!!!









