En el críptico ósculo dado en la veldad de tu ceporra galbana. Embelesado dentro del tropel, en el orbel aún sostenido por Atlas, llamo a tu pleitesía para mi lubricidad. En certamen con mi ascetismo y pletórico de impropenos creo que despóticamente me jacto de avieso... y desgañitando tu nombre, dejo al mandria que llevo dentro y me atrevo a escatimar mi pundonor y con crápula endilgo el momento y descifro el fárrago de sentiminetos para elevar el rijo iracundo e introduzco mi veneno en tu centro.
Qué buenos recuerdos me traen éstas palabras.