tu silencio es una nave con todas las velas pandas...
mi corazón es un ánfora que cae y que se parte...
tu silencio lo recoge y lo guarda, partido, en un rincón...
mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa...
mi alma es una caverna henchida por la marea alta,
y mi idea de soñarte una caravana de histriones...
soy la hora
hoy el cielo es pesado como la idea de nunca llegar a un puerto...
absorta en alienarse de sí, tu mirada es una plaga sin sentido...
todas mis horas están hechas de jaspe negro,
mis ansias todas talladas en un mármol que no existe,
no es alegría ni dolor este dolor con que me alegro,
y mi bondad inversa no es ni buena ni mala...
mi alma es aquella luz que no existirá más en los candelabros...
tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
y la idea de tu voz sonar la lira de un apolo fingido...
todos los ocasos se fundieron en mi alma...
en frente a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras...
mi alma es una lámpara que se apagó y todavía está caliente...
¡ah, y tu silencio es un perfil de cumbre al sol!
y yo deliro... de repente me detengo en lo que pienso... te miro
y tu silencio es un ceguera mía... te miro y sueño...
hay cosas rojas y cobrizas en el modo en cómo te medito,
y tu idea sabe al recuerdo de un sabor de horror...
¿Por qué no tener por ti desprecio? ¿Por qué no perderlo?
ah, deja que te ignore... tu silencio es un abanico
un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan
bello,
para más bello es no abrirlo, para que la hora no peque...
saber que continuará el mismo mundo mañana ¡cómo nos desalegra!...
mi conciencia de tener conciencia de ti es un plegaria,
y mi saberte sonreir es una flor marchita en mi pecho...
¡ah, si fuésemos dos figuras en un longicuo vitral!...
¡ah; si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!
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