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una mecedora, ¿por qué una mecedora, para qué?
Para la siesta, las tardes tranquilas de sentarse al fresco, en la
mecedora, meciendo el aire, meciendo el mundo(…). La mecedora
poniendo vaivén a la vida, al amor y a la soledad, a la
compañía. Quitándole importancia a la vida con
su movimiento, con su juego, quitándole gravedad a las cosas.
(…) La mañana del domingo con sueño, dolor de cabeza
y embrutecimiento del la cena del sábado, es para pensar en el
fracaso de la vida, para ver del revés las semanas, para verse
en una pausa de luz viendo desde las escaleras de sombra del trabajo,
la costumbre, las conciliaciones.
Y las tardes de siesta, que son tardes de deseo frustrado, de lectura
a golpes, de libidinosidad abultada y quieta, sin destino, o con un
destino único, penoso y no querido. La mecedora. Mecerse en la
mecedora poniéndole una ligereza falsa a la vida, un vaivén
de ir bien las cosas, de resolverse todo entre unas bebidas, con el
optimismo industrial del frío del refrigerador.(..)
La
oficina ávida, la CALLE ENEMIGA, el hogar ahogado, todo se va
borrando, se va quedando lejos, olvidado en el viaje de la mecedora.
La voz oscura y la voz clara se alejan, cumplen distancias, pasan
zonas de luz y de sombra. (…) La paz no estaba en el sillón
de cuero de gerente ni en el lecho espacioso y hambriento de otra
mujer ni en el resignado lecho cotidiano, ni en los veranos
frenéticos, ni en el mar ajetreado
ni el sol punzante de la huída. Hacia la paz se viaja en una
mecedora desconocida, que va tomando la forma de la familia, sin
sueños, sin esperanza, sin lucha, sin hambre, sin sueño(…)
Pero
el viaje dura todavía, es un olvido blanco y simple. Un
balanceo inocente y abnegado (…) La paz no era una cosa para leerla
en los libros. La paz era viajar en una mecedora(…). En el vaivén
de la mecedora se va trazando una vida, un fracaso, una resignación,
una distancia, un miedo, una soledad, una cobardía, un amor.
Qué manera tan dulce e insospechada de renunciar (..) La
mecedora está hecha para renunciar, para empequeñecer
el mundo y empequeñecerse reduciéndolo todo al viaje
breve y reiterado de atrás adelante, de adelante atrás.
La mecedora es un mueble para renunciar. Un dulce y mágico
mueble. Un hipnótico e insospechado mueble.
una mecedora te puede llevar a lugares bellamente insospechados. fue un deseo que siempre tuve cuando recién fui mamá, nunca llegó, espero que a tu pingüina le guste la idea y se le conceda. Besos a los 3!!!
Te extraño!!!!
