Yo Vengo A Ofrecer Mi Corazón
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EL VIAJE SIN RETORNOmar 26 de febrero, 2008 - 18:46 Seguridad de esta entrada: PUBLICOEL TRATADO CON TLALOC Original Carlos Humberto Reyes Espinosa
La noche cae y los edificios ayudan a penetrar la sombras por cada rincón, y solo se escucha el ruido de los últimos camiones, muy al estilo gabacho con la luz prendida, por aquello del “no te entumas”, las balatas ya sabes, un desmadre como siempre, que por cierto Sebastián se baja en el semáforo como todos los días de trabajo, llegando en la noche, saliendo por la mañana, pero para acabarla de chingar comienza a llover, y un susurro corre por su mente, “Pinche Tlaloc déjame llegar a la casa” Sebastián un tipo no muy robusto, pero tampoco flaco, se abriga lo mejor que puede, con la chamarra de siempre. Estaba lleno de frió y de puros pensamientos a los cuales les llamaba “Las pendejadas de siempre”, caminaba todo entumido por las calles, con la lluvia encima que el gran Tlaloc le dejaba caer sin remordimiento. Se detiene a tomar aire que convierte en un gran suspiro antes de entrar por el callejón que lo dirige a la calle que lo lleva a su casa, y bien parecía un pequeño lugar con toque de queda. Lleno de miedo solo esperaba no encontrarse con “Las Ratas”, la banda en turno de la cuadra. La impresión era fuerte, la noche no ayudaba para sentirse cómodo para transitar entre los edificios, así que encomendándose a la Virgen pidió protección y comenzó el gran recorrido de esta ruta tan animal como cotidiana. De pronto se escucharon los chiflidos y los gritos, ¡miren ahí va ese cabrón!, ¡que no se escape!, y como buen corredor de 100 metros emprendió la huida, que no salio nada mal para el frió y lo entumido iba, se dio cuenta que llegaba la esquina y tenia que brincar unas jardineras y solo pensaba en no voltear, faltando una cuadra más terminó por voltear, no alcanzo a ver a nadie y pensó que ya había terminado esta gran carrera de supervivencia, pero cuando se incorporó se le atravesó un pié y no tubo control de sí mismo, solamente comenzó a caer, sintió el rebote de su cara en la banqueta y un sonido estruendoso en la cabeza muy difícil de olvidar; a pesar de no sentir el dolor y no poder llorar se dio la vuelta y vio que el pié era de su primo Beto, al cual le brindo unas cuantas frases, “ya ni la chingas cabrón, ya me rompiste la madre, déjame irme no seas ojetee me van a madrear más tus cuates, pues órale wey levántate por que yo también tengo que correr dijo Beto” y a como pudo se levanto y cojeando por fin llego a su casa y tenia la llave en la mano lista para entrar. Cruzando la puerta estaba Victoria la mamá de Sebastián esperando sentada en el pequeño comedor y asustada solo pudo decir, hay mijo que te pasó, mira nada más como vienes todo golpeado quien te hizo esto, nadie mamá corrí por que comenzó a llover pero ya sabes que eso de correr no se me da y me resbale con un pinche charco y me rompí la madre, pero la culpa la tengo yo por querer llevar a la pendeja de Susanita saliendo del trabajo a su casa. Bueno voy a lavarme y a cenar por que este día fue muy largo y apenas tuve tiempo para hacer mi trabajo. Al sentarse al comedor encuentra un plato de atún a la veracruzana con sus chilitos, de un verde intenso finamente picados y entre trozos de cebolla acitronada, sus tortillas hechas a mano y desnudas sobre la mesa así como un aguacate cortado por la mitad que empieza a ennegrecer, alistándose a comer toma una tortilla y sonríe con su mamá, aun que en el pensamiento solo dice, carajo otra vez atún, ¡me van a salir escamas! Sin más que decir Sebastián y Victoria platican de los problemas cotidianos que a cualquiera quitarían el sueño, se acerca el día luctuoso de Don Fernando, el padre de Sebastián, como olvidar ese primero de abril tan difícil donde por culpa de unas cuantas copas de vino, un chofer de estos que usan la ciudad como autopista, sin mas, dejó sin vida a un gran hombre que siempre lucho por sacar a su familia adelante, por otro lado esta la renta, es casi día primero y el casero ya los tiene sentenciados de que al no pagar a tiempo los echarán a la calle. Mientras Victoria lava los trastes de la cena, Sebastián comienza a limpiar los frijoles para sus prometidos “Frijoles Charros”, y es momento para comenzar a quejarse de la gran caída, vamos del chingadazo que por culpa de su primo Beto se dio en la banqueta. Mamá me esta doliendo mucho ¿tienes hielo?, primero debes tomarte dos aspirinas para el dolor y yo voy sacando el hielo. Del refrigerador saco una pequeña ollita llena de hielo, el cual siempre usan para enfriar esa agüita de limón que tanto les gusta, solo que esta vez sirvió como calmante para la inflamación. Es tiempo de dormir por fin el sueño llegó triunfal con sus aliados de este día, un cuerpo agotado, un corazón lleno de tristezas y pensamientos “Las pendejadas de siempre” y justo antes de cerrar los ojos, la magia llegó, se miró en un cuarto grande lleno de cuadros hermosos, lleno de libros y una música angelical de fondo como si todo fuera un mar lleno de estrellas, y un cielo lleno de agua, abrió los ojos y dijo carajo estoy enamorado o que chinga me esta pasando. En ese momento alcanza a medio ver como la poca luz de la luna se comienza a terminar, no conoce su significado, pensando que es un eclipse y sin darse cuenta que tan solo cerró los ojos. Ya con el cuerpo relajado se dejó simplemente llevar por donde los sueños lo llevarán. Esta vez era el turno de Susanita, un viejorrón, de piel morena, unos ojos impresionantemente grandes, una boca que endulzaría hasta el café más amargo, es llenita, pero era de esas viejas que tienen un “no se que”, que no puedes dejar de verlas, su cabello combinaba con los hombros, orejas perfectas, unas manos suaves, y una nariz como cereza de pastel, las piernas bien torneadas y fuertes, aun que casi no usa minifalda, pero ya las tiene muy bien estudiadas y como siempre Susanita pensando en otro cabrón y Sebastián tragándose sus llantos que hasta de pronto te dejan sordo aquí en la oreja. Sin perder tiempo se bajo del coche y se dio una repasada visual, que pensará cuando me vea vestido así, diría mi amiga Paulina, te vez muy coqueto tu tranquilo, te va a hacer caso un día de estos, cuando se de cuenta que eres un gran tipo. Ya sabes yo vestido con mi playera tipo polo de 60 varos color café, que conseguí de oferta en Soriana y un pantalón casi de gabardina, también café para hacer juego. Así que sin perder el tiempo toque a su puerta y salió su mamá una señora no muy joven pero muy educada, me invito a pasar, pensé que la playerita chafa había dado resultado. Las escaleras parecían infinitas quería ver como bajaba mi chica toda cuca por esas escaleras muy sonriente de saber que había llegado por ella, cuando logro percibir el olor de su perfume, me puse nervioso pero logre controlarlo, y sentí una mano en mi hombro, ella estaba detrás de mi, no sabia que hacer las mariposas volaban en la panza mas fuerte de lo normal, hasta que me dije, órale cabrón no que muchos huevos, así que tome aire y me levante, no podía creer la escena, ella viéndome a los ojos intensamente y yo hecho un pendejo sin poder hablar. Me dijo hola Sebas como estas, apenas pude y responder “hola”. Sentí un dolor en mi cara tan fuerte que tuve que abrir los ojos y sorpresa estaba soñando, ya que ni carro, ni lana para ropa, ni nada de nada. Volteando a ver el reloj ya son casi las 6:00 es hora de levantarse a chingarle como todos los días. En la madre hoy es sábado es día de escuela. Sebastián estudiaba los sábados economía y era muy bueno para eso de los numeritos, estadísticas, y demás menesteres de la materia. Entro al baño se miro en el espejo e hizo el recuento de los daños, una exploración casi perfecta de los dolores y contusiones en el cuerpo. Estaba bastante golpeado y tan solo con una caída. Le mentó la madre 7 veces a Beto y otras 7 a la regadera que solo arrojaba agua fría, como siempre se le había olvidado prender el calentador. Salió con una toalla a medio amarrar para encenderlo y se dio cuenta que “El Dios Tlaloc” seguía con su furia dejando caer una lluvia torrencial, como si quisiera repetir el momento bíblico del diluvio. Sin mas solo miro al cielo queriendo llegar a un pacto, mira Tlaloc somos cuates no la chingues me tengo que ir a la escuela y si bien me da pena llevar en la mano mis libretas de medio cachete, mas pena me dan las bolsas de plástico del súper. Al salir del baño su mamá había dejado sobre una mesita de estudio que más bien era el cascarón de una televisión vieja, una taza de chocolate abuelita bien caliente, para eso de las energías duraderas. Se vistió lo mejor y más rápido que pudo y salio corriendo rumbo a la escuela, pasando por donde estaba el “Cucuruchu” un viejo amigo de la infancia que hacia tamales, brindándole fiado un combo “guajolo jet special”, torta con doble tamal de salsa verde y un exquisito atole de arroz. Terminando el sabroso y nutritivo desayuno se dispuso a tomar el camión, y sentía algo raro en el cuerpo, un calor bastante agradable, de esos playeros, donde hasta gusto da caminar por las calles, sintió como si de la tierra emergiera un olor interminable a tierra mojada, de esos de rancho, donde nadie puede escapar de saborearlos. Todo se detiene, hasta el mismo tiempo. Sebastián fue llevado por esa mágica sensación de sentirse arropado por un calor, lo hizo imaginar una batalla entre “Los Grandes”, pero más que una batalla era tiempo de que Tlaloc cediera ante el calor de Kukulkan. Sonó el silbato del tamarindo esquinero y solo pudo pensar que había logrado hacer “El Tratado Con Tlaloc”. Los tiempos de lluvia habían terminado, el momento del Sol se hace presente. El camino a la escuela fue corto; Sebastián estaba lleno de tantos pensamientos, que en su cabeza siempre existía una guerra incansable de sueños y realidades de momentos mágicos así como un corazón lleno de sentimientos, esto le daba como resultado un gran espíritu guerrero y las fuerzas necesarias para continuar. Capítulo Primero... Si hay faltas horrográficas ni piter ya se lo chingaron :P [ Enlace | Un miserable comentario :( ] del.icio.us Estrella este post
El viaje sin retorno
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