Crónica de una caída libre hacia el olvido.
“Solamente las emociones fuertes, aquellas que nos revelan la vida frente a nuestros ojos, son las que nos hacen seguir al próximo paso”

Después de una semana insoportable, más anímica que físicamente y con una carga de olvido sobre la espalda, el despertador a las 6:30 de la mañana fue la confirmación de estar en el peor momento de la vida, el posterior baño y la acción de vestir al cuerpo resultaron tremendamente odiadas, y es que había que salir rumbo a mi destino a las 7:00 am en punto, objetivo que no se pudo lograr sino hasta 30 minutos después, la siguiente parada la casa de Bere “2” con una madre alegre que nos invitaba a divertirnos, un perro huraño y ella con una sonrisa siempre a la mano fue el siguiente paso, después por el camino pasaríamos por Charly, el otro valiente que había decidido tirarse al vacío como una experiencia única e inolvidable. Llegando al punto el últmo tripulante de Cirila no aparecía, y es que en buena medida sería lógico con un retraso de 40 minutos, pero de repente apareció junto a dos compinches bien armados con jugo de naranja “para que no se bajara el azúcar” según uno de ellos, el último punto antes de nuestro destino había pasado, dirección, Cuautla, algo largo el camino, más por tráfico que por distancia, pero al fin ahí estábamos, disfrutando la mañana despejada, en carretera y disfrutando los nervios previos, justo antes de llegar pasamos al centro de Cuautla al cajero automático, después de eso en 15 minutos llegamos, en un lugar algo apartado, sin mucho alrededor, un estacionamiento pequeño, algunos aviones y algo de gente.
El llegar a un lugar desconocido siempre es algo complicado, pasamos a la oficina, llenamos los formatos correspondientes y nos avisaron que estaríamos en el 3ro, ver a los primeros fue fantástico, los nervios estaban a flor de piel, pronto se acercaba nuestro momento, llegando la supuesta hora no nos nombraron, ¿Qué pasa? Nos preguntamos, mandamos a la abogada de profesión a preguntar, estaríamos en el siguiente era ya un hecho, cuando vimos llegar a los terceros solo volteamos a vernos, fue un reflejo instantáneo, el próximo llamado era nuestro, y así sucedió, “Lizbeth, Carlos y Eduardo”, la preparación y breves instrucciones tardaron solamente 15 minutos, de repente era la hora, caminar hacia el vehículo que nos llevaría a nuestro destino fue memorable, aún así y a pesar de todo la extrañaba, caray, asimilar la pérdida es lo peor, ya no es enojo, solo melancolía de perder lo que más se quiere.
La fuerza del aire derivaba en inestabilidad, los nervios aumentaban conforme subíamos, el equipo puesto, el último chequeo listo, las miradas se cruzaban, bromas y el aire con toda la fuerza, uno por uno salían los experimentados, después recordar las últimas instrucciones y al final, el momento justo, con una puerta abierta, un frío intenso y un aire ensordecedor, el momento había llegado, ver el mundo de otra forma es lo único que puedo decir, te das cuenta que nada importa ya, que hay que vivir y morir de la mejor forma, las palabras mágicas “safe, ready – go”, estaba en el aire, tomé el arco correcto – rodillas flexionadas, talones casi juntos, pelvis hacia fuera, cara y pecho arriba – la sensación es indescriptible, el primer giro y ver el avión es impresionante, después, ver todo tan lejos, el aire golpeándote, vueltas y más vueltas, sentir que te aproximas y el pitido del altímetro de estar a 5’000 pies y saber que es la hora de abrir el paracaídas, por 10 minutos por primera vez en 40 días no pensé en ella, manipular el paracaídas para llegar a la pista fue increíble, practica de freno y dirección del instructor, parece que todo bien, por fin vemos la pista, nos dirigimos hacia ella, se ve todavía tan pequeña, conforme nos vamos acercando el panorama se ve más claro, es sentirse nuevamente a salvo, la adrenalina recorre todo el cuerpo como una droga que deja una sensación de euforia, por fin, freno, 3 pasos, 1 a la cabeza, 2 al pecho y 3 a la cintura, listo, aterrizaje perfecto, por fin pude volar, y es que siempre he dicho, si alguien dice que no puedes, es porque sabe que puedes hacerlo.
Después de ese momento, el panorama es otro, se extraña pero también se inicia el olvido, después de eso, mensaje a dos niñas, que por primera vez después del salto parecen bastante más atractivas que antes del mismo, solo una contesta, a base de despedida por el viaje a ninguna parte, te extrañaré fueron mis últimas palabras, gran dìa con Bere 2 a mi lado, buenos amigos y mucha diversión, los tiempos de olvido empiezan, el viaje se acerca y la vida apenas inicia.
Escuchando: No me tientes - La gusana ciega





