I turned to look but it was gone...
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¿VAKACIONES?mié 14 de abril, 2004 - 21:03 Estado de ánimo: XSeguridad de esta entrada: PUBLICO Hay una época para todo. Cuando eres chavito es de poca madre salir de vacaciones con tus padres. No te das cuenta de los pedos que traen tus jefes y la vida parece transcurrir en un paraíso. Te llevan de la mano a todas partes, procuran consentirte en cuanta madre se te (les) ocurre. Porque eres muy fácil de complacer. Basta con que te pongan en una alberca. Todo en orden mientras tu jefe pueda ordenar su trago y tu jefa darse su buena bronceada… Pero las vacaciones terminan siendo una tortura. Por cuatro razones (si puedes añadir mas, mis sentidas condolencias). 1)Siempre ocurren en el peor momento. Si tienes jefes cuya misión mas importante es vivir en el pasado, ya te chingaste. Nada de que te den chance de que te desafanes en vacaciones y que te vayas con tus carnales o simple y llanamente de que te quedes en tu figón a echar la hueva. Nel. Tienen que cargar con todos los hermanitos y hacer las mismas cosas: contar chistes en el camino, comprar cualquier madre artesanal en “X” pueblito, externar en voz alta los sueños de cada quien. Y si digo que siempre pasan en el peor momento es porque justo en esas vacaciones es cuando querías llegarle a aquella chava o te querías ir con tus broders a echar desmadre a un puto pueblo. O (ni hablar, de todo hay en la viña del Señor) querías irte todos los días a la matiné de la Cineteca y luego (oh sueños de la ingrata cultura) pasearte por las librerías del sur. 2)Son el mejor caldo de cultivo para el exterminio. Neto. Pocas condiciones son tan propicias para romperse la madre como unas vacaciones. Entonces los jefes sacan sus peores ondas. Todo el tiempo y cada vez mas, papito y mamita se van hartando uno del otro. Principian encabronandose por pendejadas: que por qué no llenaste el tanque desde ayer, que por qué no trajiste tortas de jamón, que por qué la puta madre… De pronto ya los dos están de jeta, que hacen extensiva a los demás. Les encabrona que los chavos griten, que sugieran, que se rían, que abran la boca, no se diga que se avienten y armen el desmadre. Y espérate a que lleguen al hotel. De volada el jefe se empieza a empedar y entonces si, ya pedo, le da do tres gritos a la jefa. Las cosas se ponen tensas, por no decir de hueva. Los chavos quieren desafanarse y meterse a las maquinitas o de perdida al internet. Aquellas zambullidas en el agua cristalina ya pasaron a la historia. Las comidas son mortales. Uno al otro (de papito a mamita, de mamita a papito) se reclaman por haber escogido ese hotel. Se echan en cara el mal servicio, el pésimo menú. Vacaciones infernales. Acaban de llegar y ya les anda por regresar. Y si se te ocurrió ligarte a una chava, olvídate: justo cuando estés a punto de tirártela, te van a decir “nos regresamos, es imposible vacacionar con tu madre (o con tu padre)”. Y si encima el jefe es tacaño, entonces va a pichicateaar el dinero cabrón. Cada vez que le pidas un billete te va a soltar un sermón: por qué no has ahorrado, tanto dinero que te doy para la escuela, que hiciste con la lana que te di en tu cumpleaños. 3)Se prestan a las mil maravillas para la explotación. Ya los estoy oyendo: Carlangas (no importa si ya tienes trece años o quince, te seguirán diciendo “Carlangas”), revisa el aire de las llantas, Carlangas, sube las maletas al carro; Carlangas, ayúdale a tu hermanito a preparar su maleta, no se te olvide meter sus googles y la crema bronceadora, y el Ventolin por si le da asma; Carlangas, mañana te me vas tempranito a la panadería, me traes veinte teleras para las tortas. 4)Son que ni mandadas a hacer para humillar. Tú tan tranquilo, tomándote una chelita (si es que te dan chance de que lo hagas, lo cual ya es ganancia), echándole un ojo a una chava que ronda cerca, que miras y te mira, que te gusta y le gustas, que estás esperando el momento justo para caerle, que todo parece propicio, cuando oyes el grito, ya sabes: ¡Carlangas, ve al cuarto por el bronceador! O cualquier pendejada. Adiós chava. Carajo, piensas o dices en voz alta: ¡Carajo! Pinches jefes, que vallan ellos, que dejen de estar chingando. Mejor me hubiera quedado en mi casa. Tan fácil que hubiera sido si mis jefes me hubieran dado a escoger. Pero eso habría sido pedirle peras al olmo. Como decía mi abuelita, que en paz descanse. [ Enlace | Sin comentarios :'( ] del.icio.us Estrella este post
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