POR EL HOMBRE QUE DICE DE TODO PARA SIGNIFICAR CASI NADA: EL OSO

Afronté el destino sin pensarlo,
la miré de frente, serio, retando,
la sabiduria no es nada en estas cosas,
la muerte es peor que nadar en una inclemente fosa.
Recorde las nítidas vivencias pasadas,
alegrías y tristezas, todo pasa sin dejar casi nada,
las arrugas en mi cara son la huella de la experiencia,
la amargura y la injusticia, cavan zanjas en mi rostro sin clemencia.
Y agotado por el yugo de querer vivir sin sentir,
afrontar la espina del deseo y del amor discentir,
rezandole al subliminal sempiterno, para optar por no mirar,
sin recibir respuesta y las verdades ahogar.
Arropado por las ganas, arranque las alas a mis sueños,
aterrizando en firme y pagano deseo,
mirando a los ojos vacios a la muerte,
levante mi mano y lanzé los dados a este estúpido desafío.
Trémulo temblor humano, masajeaba mis sucias manos,
sucias de intentar todo, sucias de vivir tanto,
que la final la vida no es en si lo que vale,
es lo que deja vivirla y no vivir intentando.
Cayeron al fin los dados, dispersados a ambos lados,
la muerte y su rostro siniestro, ya se frotaba las manos,
fría y deseando mi alma, purga del porco mundo,
afronta el destino adverso de buscar un paraiso.
Los dados rodando al vacio, beligerante suceso,
la muerte con susto miraba los objetos desplazarse,
el destino de un alma frustada, junto con los dados, al vacio confinada,
no importa la vida misma, si no las experiencias recorridas,
no importa la vida misma si no la manera de vivirla.
Ya se aleja la muerte triste, ufana y sin sentir nada,
la experiencia de atraerla me deja una cara extraña,
de haber sentido de cerca el vicio profano de retarla,
de haber sentido de cerca el pútrido olor de su cara,
saber que es lo que nos espera, vivir, disfrutar y no decir nada.
