
No llores el tiempo es bueno,
no implores estoy de acuerdo,
las reglas las he estado rompiendo,
la distancia clama mi abismo desierto,
el puño del destino a dado contra mi pecho,
y mis palabras no llegan a tus adentros.
Pido espacio en el alarido de la multitud,
sabiendo que lo que nunca nos da la vida es gratitud,
la espada justiciera me atraviesa las entrañas,
me divide, me exaspera, las palabras de inosencia,
codicioso soy, quiero mas de eso labios tersos,
quiero un poco de la gloria de dios en el cielo.
Descaradamente protesto a la soledad,
arguce la nostalgia que mis plegarias no están,
puede ser que yo me rinda, que no vuelva nunca mas,
pero que amé demasiado, simpre será verdad,
pues es que ese tal amor que se dice conocido,
ha cambiado su mirar al dejarme sin sentido,
sin poder hechar de lado los problemas de amar.
Sea pues divino amor que mis brazos te liberan,
para que vayas corriendo a ciegas,
a los brazos donde te hallen y te quieran,
yo por mi propia cuenta, niego de tu existir,
besame de una vez y calla este verso absurdo,
que amar es no sentir, cuando lo aman a uno,
inmerso en felicidad, no distiguen los destinos,
de unos besos o miradas o caricias descaradas.
No sabremos si se ama cuando el cielo nos cobija,
son los celos lo que matan, cuando anteponemos premisas,
cuando pierdes la dicha de mirar al ser amado,
con dolor en los labios escupo este triste verso,
puede que esté equivocado, pero aun así vivo lo que pienso,
el amor desdichado de mis manos a partido,
para alojarlo en un lado donde no esta mi destino.
Ya sin la métrica del pasado,
mis versos he derrochado, entre miradas y cuerpos,
entre mentiras y tiempo, distancias y mi pasado,
puede que sea el dolor el impulso maldito,
de una poesía adversa a mi destino infinito,
si el desamor es mi musa, bienvenida a mi morada,
sientase como en casa, mi musa maldita, musa despiadada.
