
Noche lluviosa, envidio tu frescor,
esos aires paganos y luces parpadeantes,
que me rememoran las noches tormentosas,
donde la sangre era el cúlmino de una aventura.
Lágrimas celestiales que laceran las tierras y a los humanos,
se acumulan lentamente bajo las puertas y ventanas,
son los despojos de los pensamientos impuros de dios,
arrojados a la podredumbe humana por simple ocio.
Exagero si menciono el inconmensurable mar de luz,
que en menos de un segundo vuelve en día mis ojos,
instantes en que borra la memoria mientras incendia la melancolía,
la memoria es una tea que ilumina los pensamientos mas paganos.
Entes que danzan en la humedad de la noche,
párvulos del viejo tiempo, lo mecen mientras agua va,
y en la noche larga cual serpiente, se mezclan los efluvios con el dolor,
lágrimas se rodean de humedad, calma que se avecina cuesta abajo en los cuerpos.
Noche perversa, que en tu vaiven me hipnotizas,
noche que agitas mis recuerdos en tus aguas,
que como agujas mellan mi ser, para acariciar mi cuerpo tibio con una lengua fria,
sin el ímpetu de extaciar, solo por humedecer el deseo de mi corazón hueco.
Precipitate sobre mi, humeda lluvia, que al candor de la noche,
comenzaremos a encender la pasión que nos envuelve,
dando pasos aquí y allá donde nadie nos exija moral,
besandonos donde nadie mas ha posado sus labios.
Envuelveme en ese lenguaje frio de tu caricia,
brillantes gotas de deseo se escurren entre mi rostro,
mientras tus nubes cubren mi desdicha y la sangre hierve en mi boca,
alimento para un dios pagano que consume el despojo humano.
Adoraremos los vestigios de tus aguas posadas en la tierra,
ignorando el pensamiento prohibido por dios en el fin de los tiempos,
donde nadie yace paciente, donde nadie nace de nuevo,
en una orgía de sangre y cuerpos, que se agitan al ritmo de una lluviosa noche.
