
Cereza cubierta de sal, que inspiras los versos callados,
madriguera de las estaciones de mi alma,
calmados instintos de sangre que rondan mi estima,
sediento de voces que claman mi muerte, te embriago.
Agitada por el tramo entre los estratos,
preguntas que sigue, mi boca, tu cuerpo, palabras que sofocan,
y entusiasmado escuchando tus suplicas continuo y te poseo,
el tibio liquido vital que quema mis adentros, que enfria tus ojos.
Terminado el acto fatal, te miro esos ojos de hielo y te beso,
mientras tu vida termina en mis manos, y el recuerdo en el suelo,
un comienzo oscuro sucede mientras la noche es apenas madura,
tu nuevo existir junto a mi solo a la humanidad ignora.
Inmortal, con ojos de hielo, manos de seda y boca que mata,
en tus manos mis huellas, en tu boca mi vida y en tus pechos mi alma,
arrojate al desenfreno de los que no duermen, de los que no mueren,
entregate a las noches donde este experimento apenas empieza.
Que no te asusten los tontos ruegos,
alimenta tu inmortalidad de la vanalidad humana,
fruta prohibida, el espiritu pagano de la oscuridad perdida,
dale el rito incosiente de la tortura y la bendicion de tu sangre.
Fruta de dioses, devorada por los cuervos,
insitame hasta tu cuerpo para devolverte el calor perdido,
para estremecer tus mas reconditos hilos,
para extrañarte despues de morir en mis años perdidos.

