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Insomniovie 29 de mayo, 2009 - 03:17 Seguridad de esta entrada: PUBLICONueve horas de trabajo. Aplastadas las nalgas contra la silla giratoria, reclinable y sucia. ¿Cuántos traseros antes que el mío se habrán posado aquí, con polvo de otras tierras, orines de otras vejigas, semen o fluidos de otros cuerpos? ¿Cuánto ser vivo aplastado en esta silla? Dormí 7 horas. Para un adulto eso está bien. A mí me bastan 15 horas. Hasta me despierto con sueño. Con siete no funciono bien, pero tengo que funcionar bien. Porque tengo que estar nueve horas arranada en la silla frente al monitor, leyendo babosadas y corrigiendo otrografía. Y callada. Porque mi voz no cuenta. Seguro todos los que están sentados cerca de mí, haciendo el mismo trabajo que hago yo, escribirían mejor. Al menos más original. Pero no. Hay que leerse las mismas estupideces todos los días. Como si la entrada de idioteces laboral y diaria no fuera suficiente, abro La Jornada, The New York Times y Le Monde. Cuando me canso, saco mi libro. Ahora es Memorias de Adriano, de Yourcenar. Quiero fumar un cigarro, quizá dos. Pero no me puedo salir de este edificio porque sería ineficiente y me rebajarían algo de mi sueldo y yo ocupo mi sueldo para terminar de pagar los lentes para la miopía, la endodoncia de mi muela por el tabaquismo, la comida de mi hija, sus próximos lentes para la miopía que dios le ha heredado, el teléfono, la luz, el agua, el gas, el suavizante para la ropa, el detergente para los trastes, el de la ropa, el cloro, el pinol, el dentrífico, las salidas al cine, las libretas, los libros, el uniforme. Son las tres de la madrugada. Quise llegar del trabajo y dormir, pero no pude. Tengo insomnio. Me han dicho del té de lechuga, leche caliente, poleo, un caballito de tequila, un par de cervezas, meditación, pensar en una sola cosa, quedarse quieto y no moverse, mentalizarse, hacer reiki, magnetismo, Dalai (daaalaaiii), y más mugrero químico que no me interesa porque para adicciones me basta con ver la sonrisa de mi hija, la lectura, el tabaco y la coca cola. Entonces me masturbo en mi cama. Ya no pienso en amores pasados porque no me excito. No me duelen, ni me emocionan en ningún sentido. Pensar en amores nuevos o imposibles tampoco tiene resultado. Por ejemplo, recurrí a una fantasía: Orlando Bloom llega a mi silla cochina, me toma de la mano con rudeza, me levanta, me carga y me lleva hasta el ascensor. Ahí me espera Jhonny Depp. Orlando y Jhonny sonríen, pícaros. Entonces me besan, cuatro manos explorando mi cuerpo, el elevador detenido. Yo miro hacia arriba, cierro los ojos. Luego recuerdo que soy una tía obesa, de cutis grasieron, con estrías y celulitis, ya tengo bolsas bajo los ojos y ojeras también, me duele la rodilla por cargar con mi cuerpo, la espalda me mata. Casi no tengo trasero y mis senos están llenos de estrías. Toda cicatrizada. Y quedo sola en el elevador, de regreso a mi cama de sábanas sucias porque no tengo tiempo para cambiarlas, a mi almohada con olor a cigarro, a mi ventilador que hace más ruido que los ronquidos del leñador más obeso que la imaginación pueda concebir. No. No es que esté deprimida y que mi vida no tenga sentido. Repito, mi bella adicción, la sonrisa de mi hija, nunca me ha dejado caer. Por las tardes, camino al trabajo, disfruto el sol ardiente en mi piel, me encantan las nubes en el cielo azul. Salgo a buscar en el firmamento la luna y las estrellas y siempre que puedo estar presente, la brisa del viento nocturno me pone la piel de gallina, y cierro los ojos y sonrío y no puedo pedir nada más en ese momento. Luego llego a casa a pelearme con todos, a afilar las uñas que siempre me muerdo para enterrárselas a la vida y escalarla. He vivido, como hemos vivido todos, tantas cosas. Dolorosas y felices. No. No vivo rápido. Vivo porque tengo la vida. Y quiero dormir ahora pero sé que mi insomnio no me dejará. El calor de Monterrey es abrasante. Voy a encender otro cigarro. Voy a imaginar que mis padres no están enfermos, que mi hija tiene una familia normal, que mi casa no se cae a pedazos, que lo que escucho es una música hermosa y no las aspas del ventilador. Voy a imaginar que me bañaré algún día bajo la regadera y no a jicarazos. Y que habrá agua caliente en mi baño, porque algún día tendré bóiler. Voy a imaginar que no tengo deudas, y que mañana mismo sale mi vuelo a París, y llevaré a toda mi familia y serán felices en el Sena. Voy a imaginar que tengo el cuerpo que perdí hace años, y la vitalidad también. Voy a imaginar que mis hermanos son responsables y comemos juntos los fines de semana. Y que tengo un trabajo bien pagado, donde mi enorme inteligencia sí cuenta. Y que mi ciudad es bella, llena de árboles y flores y césped y animales pacíficos. Voy a imaginar que aún se juega a la rayuela, a los luchadores o soldaditos de plástico duro, a cocinar con lodo, a hacer experimentos, al voto, al congelado, a los encantados. Y que no tengo insomnio. Sin embargo, la mente es una vendida muy peligrosa. Imaginando regreso y regreso, hasta estar sentada de nuevo, después de nueve horas de trabajo, siete horas de sueño, de la masturbación patética, de regreso a mi cama a las tres de la madrugada escribiendo porque no sé hacer otra cosa en el mundo. Éste es mi superpoder. Un superpoder que nada vale y no se aprecia y no importa en esta vida. Imagino la sonrisa de mi hija, al lado de mis padres, hermanos y sobrinas, una vez más. [ Enlace | 6 comentarios ] del.icio.us Estrella este post
Pendejadas?!
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