Escupiendo en el blog.
[ Escribo sobre... ]
Los emocionantes días de una correctora de estilomar 09 de junio, 2009 - 04:49 Seguridad de esta entrada: PUBLICOHoy son las 4:35 de un martes hasta ahora desastroso. Esta es la emocionante vida de una correctora de estilo: salí a las 2:30 am. Diez y media hora de trabajo. De eas diez horas, aproximadamente seis fueron de ineficiencia total, pues tengo que esperar a que se escriba para poder corregir lo escrito. Así que se taaaardan y se taaardan. Además, si hay eventos relevantes tengo que esperarme. Me levanté a la 12 de la tarde. La última vez que vi el reloj eran las seis de la mañana, no puedo dormir, por el insomnio. A través de mi ventana veía el cielo iluminado y una bonita luz mañanera. Es de las luces más hermosas que he visto, ésa y la de las cinco de la tarde. Comí lentejas y pescado. Estoy engordando, ya tengo estrías en los brazos y eso me parece tocar fondo. Anoche estuve navegando por páginas "pro ana- pro mía", que son chicas o chicos que aceptan y promueven la anorexia y la bulimia como un estilo de vida, una vía para llegar a la perfección. De tanto leer, porque me pareció interesante su ideología retorcida (no en el aspecto peyorativo, más bien porque toman valores negativos muy arraigados en la sociedad en cuanto a estética y plenitud -la de la delgadez como belleza y alegría, equilibrio, balance-y los degeneran hasta crear una propuesta extremista pero bastante particular), casi me convencen de hacerme anoréxica, mas desperté del letargo y me rebelé contra los sistemas tan vacuos que se promueven. Casi parece budista, Herman Hesse describe a Siddharta, el Buda, como un hombre que sabe hacer cuentas (negocios), tiene paciencia y saber ayunar y éstas son tres características qu le permiten caminar por el sendero que llevará a la perfección. Total, una vez que me quité lo adormecida por tanta anorexia, decidí dejar de tomar coca cola, al menos en mucho menor proporción de lo que lo hago y me he sentido muy bien. Dormí entre 5 y 6 horas que no me bastan. Fui a dejar a mi hija a la escuela, comí y corrí al centro de la ciudad a comprarme ropa formal, porque en mi trabajo traman un complot contra mí y mi juventud, y dicen que no me visto lo suficientemente seria, puras tonterías. Caminé y caminé sobre el suplicio autoimpuesto y machista-feminista de los tacones. El sol arreciaba como sólo en el norte se puede. Seguí caminando, me molesta que las tiendas sólo tengan tallas pequeñas. Ni pequeña ni extragrande soy. Batallo muchísimo para atinarle y detesto ir de compras. Tengo desidia contra el consumismo. Quizá si tuviera tiempo, dinero y sobre todo granas, podría comprar y comprar. Pero generalmente veo rápidamente a mi alrededor, elijo, me lo pruebo y lo compro. Máximo 10 minutos me llevan mis compras cuando las coas me quedan. Pero soy una obesa medianamente obesa y no hay tallas para mí. Así que me fui al trabajo caminando bajo el sol y sobre los tacones. Llegué grasienta y sudorosa. Esperé por trabajo, llegó el trabajo y aquí estoy. Contando la emocionante vida de un corrector. Saber tanto sobre cultura general, leer tantos libros (tantos que nos acabamos nuestros ojos con estas miopías), saber sobre literatura, música, sociología, psicología, lingüística, cine, semiótica, etcétera nada vale, somos los peores pagados. Venga la alienación del obrero. Porque soy obrera disfrazada de licenciada. Me masturbaré y trataré de dormir, mañana me espera otro día extremo lleno de aventuras (sarcasmo).
La sonrisa de mi hija...
P.S. Hace 4 días me dieron una buena noticia de la cual me estoy aferrando (y de más) para hacer los días más llevaderos: pasé mi examen de maestría, próximamente a estudiar de nuevo, cosa que no valdrá nada. :) [ Enlace | Tres comentarios ] del.icio.us Estrella este post
Pendejadas?!
Entradas relacionadas: Han escrito 3 comentarios de «Los emocionantes días de una correctora de estilo»
|