
Busco en tu cuerpo el perfecto paraíso terrenal,
hurgando lentamente cada rincón de el,
desde la cabeza pasando por tu cuello y llegando a tus pies,
tras no dejar rincón alguno sin explorar.
Eres tan perfecta que tu cuerpo me lo he aprendido de memoria,
cada montaña,
cada valle,
cada escondido rincón está grabado con fuego en mi mente,
y sin embargo lo he de recorrer incansablemente,
una y otra vez mientras tenga vida,
memorizando un nuevo grano,
rememorando la cicatriz de aquella noche de pasión extrema,
buscando aquel escondido lunar del muslo.
Cuándo llegaste a mi vida?,
la verdad no lo recuerdo,
lo mejor es que te tengo aquí,
viviendo una pasión que nos consume al llegar el día,
mudos testigos los muebles de esta pasión.



