Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
ni unas manos celestes
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Lunes, si, aunque precisamente hoy sea domingo y tenga que dejar esto pendiente para mañana, quizás mañana todo amanezca oscuro de nuevo, una nube de gas inunde el cielo azul al que estoy acostumbrado mirar cada vez que parto rumbo al trabajo, al sol que calcina pieles y da vida a algunas especies, aquel que irrita mis ojos y me hace estornudar, al que le he tenido respeto por no decir otro adjetivo, me envuelvo mejor en un lugarcito donde no tenga que vociferar en afán de encontrar señuelos de vida aparente, el mar azota la playa y recoge miles de granos mas, se los lleve y los deposita en cualquier otro lugar, así me siento, siento algo tan grande, algo que no se ni como explicarlo, no me había pasado (ante mi inmadurez).
No todos los caminos conducen a Roma, el vino sabe mejor con la cena, acompañado, dado que sea durmiendo con un par de sueños, miles de fantasías y un final que huele a fracaso, el éxito solo es eso, éxito. No existen los milagros, la Fe es un sentimiento propio del ser humano, explotado por algunas gentes, el amor es eso, amor.
La dama ha hecho de presencia en los últimos días, esta vez mas lejana, puesto que no forma parte ni siquiera de entre mi circulo de conocidos, en el tiempo en que proliferan prejuicios se ha decidido no marchar por caminos largos y maltrechos, donde las posibilidades son aun mayor a enfrentar situaciones que no ameritan un gramo de esfuerzo, si, si, si, se que pensaras en alguien sin ganas de luchar, pero a cierta altura del vuelo se ve con mas claridad las situaciones diarias decidiendo que es mejor un cielo claro y despejado que uno gris y nublado, donde no sabes cuantos metros mas avanzaras hasta que puedas topar.
El día llego y como tal, la nueva victima, cuyo nombre no recuerdo se fue introduciendo poco a poco entre sus pensamientos, haciéndole creer que forma parte de un todo que no existe, haciendo caso omiso de lo que muchos llaman realidad, triste, divertida, cualquiera que fuese el concepto preciso para divulgar entre manos lo que acontece, hoy.
Las llamadas a la oficina, los mensajes al móvil, sin contar los comentarios, el aforismo se hizo presente, la magia parecía crecer mas y mas, los kilómetros los separaban uno al otro, seguramente la Real Academia no podría darle un titulo a esta actitud, mucho menos poder atinar al porque, las respuestas eran en menor numero que las interrogantes, que aunque abundaban, se les omitía dentro del itinerario.
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
*desesperadamente. Vuelo sin orillas / Oliverio Girondo.




