Despedida
Cual es el precio final ante un amor que se niega a circunstancias ajenas redimirse sobre lo natural, sobre causas que justifican medios y mas patrañas por doquier, pensamos que al final de todo, siempre tendremos un final feliz, que debemos dar las gracias después de maquillar ciertas caricias sobre los hombros, regresar como siempre a los lugares que nos vieron crecer. Realizar una fortuna para tener un futuro que nos ideamos diariamente, he de decir que por mas que cabalgo o vaya a trote en este corcel llamado deseo, no acumulo las experiencias necesarias para aprender de una buena vez y para siempre que en la vida tanto se pierde como se gana y que al primer descuido terminas por aterrizar cuesta abajo sin oportunidad de exclamar una disculpa o meter las manos ante el golpe que derrumbe alguna esperanza lejana.
No muchacho, proclamaba mi señor padre a manera de discurso después de entregar aquel glorioso papel que mostrara mis calificaciones, aquel papel que supuestamente demostrara mis conocimientos aprendidos, las lecciones impartidas…y quien diablos iba a enseñarme a amar? O a decidir entre lo bueno y lo malo?, no, Oscar no aprende la lección aun, y mira con pavor un horizonte normal, oscuro, gris, rojo, cual sea que fuera el color que empaña la ventana o el corazón el sentir de un alma de bambú tiene un único y solidó fin, y corre como niño ante los brazos de su amada para sentirse que no esta solo, para no aceptar que esta enamorado y que por mucho es y será el amor de su vida.
Son muchas las opciones, “que muchas gracias por todo…por tu amor y por los dulces momentos, pero tengo que irme” y la soledad que golpea como mar embravecido mi habitación, mi casa, decir que pase los mejores años de mi vida al único ser del cual había desprendido miles de caricias, besos, viajes, promesas que no culminaran.
Hasta entonces, cuando eso pasa te das cuenta y te cuestionas si en realidad valió la pena tanto esfuerzo, tanto tiempo, la respuesta mas lógica ante tal dolor podría ser una negativa rotunda, pero como nunca di por vencida la sospecha de hacerte ver el gran amor que tenia acorazado, esperando el momento oportuno de partir y dejar todo, huir y esfumarnos en la nada, dejar las cosas olvidadas y las que no, llevarlas con nosotros, no es necesario entonces decir que si, menos que no, si valió la pena, porque de no haberte conocido en el momento oportuno quizás, muy quizás todo habría sido diferente, ahora ya no cocinare para ti, ya no tocare para ti, ya no haremos el amor, ya no viajaremos, ya no descansaremos sobre el mirador, no cometeremos infracciones, no mas.
Y te parece que todas las canciones de amor fueron hechas para ti, queres calmar el dolor que debilita tu cuerpo con tragos de licor, con meditación, aun cuando sabes que la herida permanecerá ahí en el alma por mucho o poco tiempo, todo depende de cómo procedas ante tal situación, si decides sacar tu armadura de caballero y luchar por la vida o volverte frágil como el cristal, caes en un laberinto y sigues cometiendo error tras error y cuando creas que ya has saldado cuentas con el corazón te veras en un vació tan oscuro que ni una luna llena podrá visualizarte el rostro.
Pero en estos momentos son cuando saco fuerzas de flaqueza, cuando no espero que los amigos me hablen para querer acompañarte ante mi falta de tacto o cordura, olvidar el sublime coqueteo entre la fuerza y la desesperación, agotarse para que llegue la noche y dormir y nada mas, y nada mas.
La compañía de alguien puramente aferrada a nuestra alma llega a ser en momentos, necesaria, mas una persona como yo puede presumir de poder olvidar un dolor como este en un vaivén, mas soy buen ilusionista, puedo repartir sonrisas y volver a las riendas de aquellas putas que vieron nacer mi instinto carnal, refugiarme otra vez en los brazos del oscuro destino parece ya algo rutinario, volver a casa, de donde quizás nunca debí partir.
Ahora confirmo lo que Luciano algún DIA me comento.
Quizás en la soledad, no haya dolor.
Y tomas el teléfono, y coges la bufanda que Matilda olvido en su intento de huir apresuradamente a la estación del tren, quieres mantener el buen paso y ruedas por las escaleras en tu intento de correr apresuradamente, tonto trapecista, pinceladas de colores llenan tu corazón.
La soledad se vuelve buena compañera mas no necesaria, el alma toma su coraza, el destino vuelve a tomar rumbo y enfila hacia un destino llamado sur.
No quiero volver a escribir.
El amor vuelve a ser purpura – Oscar Ortiz

