Es común en demasía que a los niños se les oculte o maquille información a juicio de los adultos. ¿De qué depende? De la moral, básicamente y de una suposición que pretende ser racional de que se protege al infante, sobre todo de impactos que pudieran ser fuertes para su salud mental. ¿Hasta qué punto debe manipularse la información? Ese es un dilema. Llegará el día en que el niño crecido afronte verdades y recriminará intrínsecamente que se le haya ocultado información, sin embargo es muy probable que cuando sea padre repita este patrón de conducta. ¿Es mejor ignorar? ¿Qué sucede cuando este mismo razonamiento es llevado a escala de manipulación de masas desde la élite gobernante? ¿Es correcto que se oculte y maquille información a la población? Cierto es que nunca se dará a conocer toda la información pero dentro de nuestro actual esquema global de flujo de información se espera que se informe lo más posible. Es absurdo escuchar y ver en medios de comunicación campañas gubernamentales aderezando y empalagando los diálogos diciendo que nuestro país está preparado para la actual crisis, partiendo básicamente de un axioma sencillo: hemos tenido tantas crisis, que una más no es de alarmarse, porque además se dice a boca de jarro que esta crisis no es interna, si no que viene de afuera, es decir que está completamente fuera de control del gobierno. Ahora descubrimos por fin cual es el motivo de tantas crisis previas en este país: eran el entrenamiento mental para afrontar crisis futuras. Se sobreentiende que el gobierno trabaje sobre medidas para amortiguar los impactos, pero es de tontos creer que se podrá tapar el sol con dólar, viendo las consecuencias mundiales de la actual crisis. No dar a la población información veraz sobre la magnitud de la crisis con datos absolutos y fríos, ni dar recomendaciones precisas y objetivas sobre lo que se puede hacer para afrontarla económicamente hablando, es negligente. De qué sirve que salgan a otorgar palmaditas en el lomo de nuestras esperanzas diciendo que tengamos fe, casi pidiendo que se rece nada más, que ese poder de la mente es suficiente para afrontar la crisis. Esa mentalidad la tiene nuestra población que en su mayoría carece de mucho desde hace varios ante ayeres y ya sabe cómo sobrellevar psicológicamente los embates de los reveses de la micro y changarro-economía foxianica-calderónica. El optimismo bien puede ser un mal cuando encubre una incapacidad de autocrítica, y palia males que una visión más pesimista dejaría vislumbrar para emprender mejoras. Creo entender que milenos de evolución de la sociedad están cimentados por las visiones de los inconformes, es decir de los que lograron cuajar de mejor manera la relación optimismo/pesimismo en aras de tiempos mejores, es decir, de aquellos que dejaron de mentirse sobre el perfecto estado inamovible de las cosas. Su moral conservadora finalmente deja ver su rostro de negligente paternalismo, es la moral cascada de quienes saquean al país con y sin crisis, quienes en épocas de incipiente bonanza salen a gritar todo lo que supuestamente trabajan cuando es su obligación hacerlo al tiempo que maquillan cifras, y que en épocas de vacas ñangas salen a decir, “usté no se achicopale, ya está acostumbrado a estar jodido desde hace mucho, así que no le costará echarle ganitas para hacerse a la idea de que estará un poco más jodido, total, qué tanto es tantito” Rezan líneas de su antiquísima tradición escrita “La verdad os hará libres”, es por ello que nunca la compartirán; Everything in its right place.
En esta tercete de décadas que me sigue criminalmente, he disfrutado, como muchos, las emociones que brinda ese revés civilizado de las guerras que son los deportes. Hasta hoy no había visto la calidad de humildad que un deporte puede brindar como lo es el tenis. En específico este día en que Roger perdió la final de AO, y la saga de sollozos que él no pudo contener, los sollozos apagados de un estadio que lo quería ver ganar, los sollozos quedos de un campeón que quisiera conquistar algún día el afecto que el otro inspira. Ha sido un partido memorable, por las esperanzas estadísticas que su resultado implicaba, por su desenlace maratónico. He implicó, tuvo final justo según mi juicio, ganó el que jugó mejor, el favorito, el mejor sembrado en el torneo. Pero ¿cómo es que con todo no satisfizo, que el sentimiento de todo el estadio, sino del espectador donde quiera que se encontrase en el mundo, era de triste sorpresa? He visto, sin duda, lágrimas en muchos jugadores tras una derrota, muchos de ellos incipientes aspirantes a la gloria de la excelencia retribuida por la victoria por sobre todos; pero las lágrimas que vi esta noche, las de un campeón de trece grand slams, de una carrera meteórica, de un jugador que lo ha tenido todo, uno que goza de facto de la inmortalidad de las grandes estrellas de este deporte estando activo aún y con una carrera a la que aún le queda teóricamente buen trecho. Son lágrimas diferentes, extrañas, son las de quien se desnuda ante millones y les dice: no lo he tenido todo, aspiro a más, esto me frustra, me entristece y me falta egoísmo para llorármelo a solas. Un evento que fue llevado a cabo con la silenciosa esperanza de que el favorito sentimental ganara, demostrado por las figuras que entregarían el gran trofeo al que, según esta esperanza colectiva, igualaría en este torneo la grandeza de Pete, y que ahora tendrá que aguardar al siguiente gran torneo, con la consecuente certidumbre de que Rafa acecha con esa otra humildad y benevolencia de quien se mueve ante las cámaras con culpa por haber ganado en más de una ocasión al hijo pródigo de esta década. Se nota en Rafa la incomodidad de haber ganado, eso no me había tocado verlo así, al desnudo, se acostumbra uno a ver al ganador jubiloso y radiante además de elogiado y con un respeto protocolario hacia el rival, el cual asume una postura de soberbia e incomodidad por tener que estar frente a quien le derrota. Hoy, como antes con ellos, no ha vuelto a ser así: quien gana siente culpa, quien es derrotado humildad extrema, sólo que esta vez se tenía una expectativa diferente, no sólo por los deseos de cada jugador, sino porque un público masivo alrededor del mundo tenía en su mayoría el deseo puesto en uno, en el que perdió, el mismo que pudo haber perdido en rondas anteriores y hacer todo más tolerable, pero que fue a perder en una final de más de cuatro horas, a cinco sets, frente al que ahora reitera por qué es el número 1. Me quito el sombrero que no tengo, me trago las palabras que me sobran; gozo como nunca este deporte.
Casi 2:30, y la espera fenece. Una de mis muchas debilidades me tendrá en vela. En cada passing shot acertado veré recompensada mi exigua paciencia y mientras llega el primer top-spin atisbado con envidia “navego” por los principales encabezados de diarios y no hallo realmente algo que sobresalga, resulta que de pronto la excepcionalidad de las noticias se vuelve rutinaria ante la consecuente y perseverante repetibilidad de “malas” noticias; es decir que existe también una alta reproducibilidad de noticias “malas” en estos días. El número de decapitados ha dejado de ser relevante; las omisiones y mentiras sobre la estabilidad del peso y su fabricada paridad frente al dólar ya no asombran; la machacante aplanadora de caros espectaculares pagados por los gobiernos locales y federal nos tienen ya sin cuidado; y así, cada uno de los muchos motivos de encono popular se ven rebasados por el agotamiento en la capacidad de asombro: será quizás consecuencia de la capacidad de adaptación (o mediocridad, diríase de otra forma). Hay quienes se empeñan en ver a la nuestra como una sociedad ignorante, a lo cual rebato diciendo que no es tan deleznable la ignorancia que en ella pueda hallarse como lo es su hedonismo, su conformismo y su falta de valor para emprender acciones y reacciones (la soberbia de un intrínseco y despectivo "ignoro porque quiero"): a lo mejor es más moderna de lo que pensamos, pues la nuestra es la sociedad del “laissez faire”. Una modernidad muy mexicana. Comienzan los slices y los top-spins, debo partir; match-point.
.
Con frecuencia voy a visitar a un pariente que vive en los alrededores. Al pasar por alguna de las estaciones —¡no falla ni por casualidad!— el tren salta sobre el andén, arrasa los equipajes, derrumba la boletería, el comedor. Los vagones se trepan los unos sobre los otros. El furgón se acopla con la locomotora. No hay más que piernas y brazos por todas partes: bajo los asientos, entre los durmientes de la vía, sobre las redes donde se colocan las valijas. De mi compartimento sólo queda un pedazo de puerta. Echo a un lado los cadáveres que me rodean. Rectifico la latitud de mi corbata, y salgo, lo más campante, sin una arruga en el pantalón o en la sonrisa. Aunque preveo lo que sucederá, otras veces me embarco, con la esperanza de que mis presentimientos resulten inexactos. Los pasajeros son los mismos de siempre. Está el marido adúltero, con su sonrisa de padrillo. Está la señorita cuyos atractivos se cotizan en proporción directa al alejamiento de la costa. Está la señora foca, la señora tonina; el fabricante de artículos de goma, que apoyado sobre la borda contempla la inmensidad del mar y lo único que se le ocurre es escupirlo. Al tercer día de navegar se oye —¡en plena noche!— un estruendo metálico, intestinal. ¡Mujeres semidesnudas! ¡Hombres en camiseta! ¡Llantos! ¡Plegarias! ¡Gritos!... Mientras los pasajeros se estrangulan al asaltar los botes de salvamento, yo aprovecho un bandazo para zambullirme desde la cubierta, y ya en el mar, contemplo —con impasibilidad de corcho— el espectáculo. ¡Horror! El buque cabecea, tiembla, hunde la proa y se sumerge. ¿Tendré que convencerme una vez más que soy el único sobreviviente? Con la intención de comprobarlo, inspecciono el sitio del naufragio. Aquí un salvavidas, una silla de mimbre... Allá un cardumen de tiburones, un cadáver flotante... Calculo el rumbo, la distancia, y después de batir todos los récores del mundo, entro, el octavo día, en el puerto de desembarque. Mis amigos, la gente que me conoce, las personas que saben de cuántas catástrofes me he librado, supusieron, en el primer momento, que era una simple casualidad, pero al comprobar que la casualidad se repetía demasiado, terminaron por considerarla una costumbre, sin darse cuenta que se trata de una verdadera predestinación. Así como hay hombres cuya sola presencia resulta de una eficacia abortiva indiscutible, la mía provoca accidentes a cada paso, ayuda al azar y rompe el equilibrio inestable de que depende la existencia. ¡Con qué angustia, con qué ansiedad comprobé, durante los primeros tiempos, esta propensión al cataclismo!... ¡La vida se complica cuando se hallan escombros a cada paso! ¡Pero es tal la fuerza de la costumbre!... Insensiblemente uno se habitúa a vivir entre cadáveres desmenuzados y entre vidrios rotos, hasta que se descubre el encanto de las inundaciones, de los derrumbamientos, y se ve que la vida solo adquiere color en medio de la desolación y del desastre. ¡Saber que basta nuestra presencia para que las cariátides se cansen de sostener los edificios públicos y fallezcan —entre sus capiteles, entre sus expedientes— centenares de prestamistas, que se alimentaban de empleados... ¡públicos!... y de garbanzos! ¡Saborear —como si fuese mazamorra— los temblores que provoca nuestra mirada; esos terremotos en los que las bañaderas se arrojan desde el octavo piso, mientras perecen enjauladas en los ascensores, docenas de vendedoras rubias, y que sin embargo se llamaban Esther! ¿Verdad que ante la magnificencia de tales espectáculos, pierden todo atractivo hasta los paisajes de montañas, mucho mejor formadas que las nalgas de la Venus de Milo? El exotismo de las mariposas o de los mastodontes, los ritos de la masonería o de la masticación —al menos en lo que a mí se refieren— no consiguen interesarme. Necesito esqueletos pulverizados, decapitaciones ferroviarias, descuartizamientos inidentificables, y es tan grande mi amor por lo espectacular, que el día en que no provoco ningún cortocircuito, sufro una verdadera desilusión. En estas condiciones, mi compañía resultará lo intranquilizadora que se quiera. ¿Tengo yo alguna culpa en preferir las quemaduras a las colegialas de tercer grado? Aunque la mayoría de los hombres se satisfaga con rumiar el sueño y la vigilia con una impasibilidad de cornudo, quien haya pernoctado entre cadáveres vagabundos comprenderá que el resto me parezca melaza, nada más que melaza. Yo soy —¡qué le vamos a hacer!—un hombre catastrófico, y así como no puedo dormir antes que se derrumben, sobre mi cama, los bienes, y los cuerpos de los que habitan en los pisos de arriba, no logro interesarme por ninguna mujer, si no me consta, que al estrecharla entre mis brazos, ha de declararse un incendio en el que perezca carbonizada... ¡la pobrecita!
Oliverio Girondo
Dos es mejor que uno... supongo :/ ]
del.icio.us Estrella este post
CANSANCIO
Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimientos sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho y lo repoco y lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara vana en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogro y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidefalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y líbido y oficio
recansadísimo
de tanta tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintitos perversitos
y de las ideítas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio
remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento
y al silencio
Oliverio Girondo
Ella cree que necesito su compañía. Ella cree que necesita mi compañía. Ella cree saber también lo que yo creo. Me contagia de esta compulsiva reiteración de fe en algo. Nos envolvemos en sabanas de credibilidad a modo. Mi anterior sujeción a pragmatismos ha sido poco apoco abolida por esta marea de supuestos. De pronto me hallo dilucidando, dardeando hipótesis por doquier, elucubrando, tal como veo a ella hacer. Se vuelve vicio; se aleja uno de los hechos, le perdemos fe a la acción para creer en creencias, para dogmatizar so pena de ser dogmatizados por el otro. Nos surrealizamos, si cabe el neologismo, por la pura fe nos hacemos oblicuos, cóncavos, tenemos aristas donde no había nada, nos sujetamos de pasamanos suspendidos y aplicamos a nuestros juicios el mismo surrealismo: salpicamos de nuestra fe todas las decisiones, damos paso impulsados por supuestos, y por supuestos morimos. Somos una gran suposición, suponemos que sabemos en qué creemos, y creemos en lo que suponen los otros. Es el circo de la eterna representación, del autoengaño como referencia para afirmarnos a algo que parezca guiar un camino que de vez en vez nos pone traspiés. No hay peor creyente que aquel que te dice "¡créeme!".
En días de conocida relevancia es cuando se sabe en qué medida puede uno contar o dejar de contar con otros seres humanos con los que convivimos habitualmente, aquellos a quienes las circunstancias pusieron a nuestro lado, o ya bien una suerte de obligación ética que no pudieron pasar por alto.
Las omisiones ostentosas, los vacios imprudenciales, la ausencia rebuscada, la nada que colma espacios: alguna o todas ellas.
De niños, él solía despertarnos temprano con las mañanitas a todo volumen en estos días. Cuando adultos un símil de este detalle. La fuerza de la costumbre, el arraigo de lo consabido, lo que sea.
Hoy no llegó.
Algo se me ha ido este día.
Se aprende a vivir sin lo que nos hizo vivir alguna vez, supongo esa lógica darwiniana nos engrandece un poco.
Me siento un poco más adulto este día; más respeto por favor.
Indudable éxito de esta franquiciataria (sic) que ahora puede verse de forma similar a los oxxos: en gasolineras, zonas de turismo y plazas comerciales por pequeñas que sean. La pregunta es: ¿en qué cimenta su éxito? Es triste llegar a la conclusión de que su éxito lo debe simplemente al hecho de estar presente pues realmente su café es no otra cosa sino bazofia. Hacía mucho que no iba a un lugar de estos y hoy la curiosidad mató esa debilidad mía y fui a dar ahí para comprar un moka y un chocolate. El chocolate sabe no sé a qué demonios, pero sin duda no es chocolate. No me jacto de ser un catador de chocolates pero de otros negocios que hacen chocolates o de los chocolates que uno puede preparar en casa de esos en polvo del chavo pantera o de la monja de Morelia o el de la abuelita, se forma una capacidad para detectar la diferencia entre ellos, y aún con diferencias la mayoría son agradables al paladar, pero esta cosa que sirven en estas franquicias es simplemente desagradable. Del café lo único que puede salvarlo es la crema batida (pana o como le llamen). Luego entonces, este café se vuelve sólo una suerte de golosina, pues en cuanto acabas con esta crema y el caramelo que le ponen, bien puedes tirar el resto. Creo que lo único que alguna vez pedí ahí y creo que tiene más calidad es el expreso. Y por cierto, sus precios están de risa. Parece que quieren igualar los precios de Starbucks, que con todo son menos malos que aquellos.
Según he visto, un factor común de estos lugares es el de congregar gente a la que simplemente le gusta aplastarse ahí a perder un poco de tiempo mientras el café viene siendo un accesorio. Puedo deducir entonces también que lo que venden estas franquicias es la disponibilidad de espacio público para explayarse, simplemente hay que consumir sus chatarras. Sería brillante que la gente realmente buscara estos lugares por la calidad del café. Yo pedí café para llevar así que me llevé la peor parte, debí haberme sentado ahí para desquitar el precio. Por cierto ¿qué tal es el café de grano que venden ahí, si es que venden?
Yo seguiré haciendo café en casa o yendo a ese café pequeño de la plaza que atiende un agradable sexagenario con su esposa, que desde que lo está preparando el aroma invade exquisitamente el lugar, y ni qué decir del café de grano que vende, fresco y aromático. Habiendo probado un café o chocolate normal hecho así, sin ir más lejos, es como puede uno llegar a vomitar las porquerías (perdón, golosinas) del italian coffee.
Y a la pregunta de ¿para qué demonios regresaste? Respondería que tenía la esperanza de que la calidad entre franquicias cambiara, pero fiel a esas políticas de las franquicias, la porquería que venden es igual en todas ellas, es decir, son repetibles y reproducibles.
Any time is coffee time, thus don’t try to find it in any Italian coffee company facility.
Qué si eres marica, mariscal, puto, puñal, volteado, niñita, machorra, gay, da igual. Aquí en este país hay puro machín, puro cabrón que no se raja, que es bien hombre. No es problema de estrato social, desde luego que no, es un grave defecto de involución cultural. Respaldados por toda esa ralea de prejuicios morales producto de esa enfermedad inducida por una mala aplicación de la fe religiosa, la mayoría de esta población vive el machin-dream en todo su esplendor. No hay por qué descartar a la colectividad femenina, pues desde éste círculo se da también todo ese conjuro de prejuicios, aún cuando atentan contra su propia integridad; quizás sea una variante social del mal de Estocolmo ante su estado de secuestro de malos comportamientos del macho. O quién sabe. Lo cierto es que por todos lados se usan términos que hacen alusión a esta suerte de discriminación y distinción de “niveles” entre la pertenencia de género. Sí, es verdad que una gran cantidad de mujeres se están integrando en todos los niveles culturales y de trabajo de este país, y traen consigo un montón de virtudes, pues es más que obvia su tendencia hacia comportamientos más éticos y son en general menos corruptas por tanto. Sin embargo, quizás tome una generación más lograr que esta mentalidad machista y de intolerancia hacia preferencias sexuales logre realmente hacer de nuestra colectividad una en la que la razón se sobreponga a ese instinto bruto de repetición de patrones obsoletos.
Es curioso ver a tantos hombres hacer orgullosamente uso del albur entre ellos, esa capacidad de llevar el lenguaje hacia condiciones donde el interlocutor siempre pretende hacer prevalecer su condición de macho, del que mete, el amo del blanco, del que no se raja, del que no recibe, al que le maman, agarran, estrujan. ¿Cómo entender la conducta machista con toda esa ralea de intolerancia hacia los homosexuales, cuando en estos intercambios verbales aducen siempre a la fornicación entre “caballeros”? Lo bueno es que el que pierde la contienda verbal se aguanta “como los meros machos”; muy risible y ridículo.
Este machín-rin se despide.
A propósito de el programa de hoy dedicado a este excelente escritor, copio y pego el siguiente texto que me gusta de él:
PARA LOS QUE LLEGAN A LAS FIESTAS
Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.
---- Rubén Bonifaz Nuño
Acepto que mi contacto con programas de radio y/o televisión ha disminuido logarítmicamente a lo largo de los últimos años. De alguna forma he optado por formar mi opinión a partir de diversas fuentes de información en la world wide web, y no sólo de medios consolidados como podría pensarse, sino de toda esa lava de información vertida en blogs, y foros de participación, que son a fin de cuentas como un termómetro proletario fidedigno de opinión (considerando la parcialidad que corresponde a la opinión de un sector de la población con acceso a estas vías). Aún más, me gusta endilgar al interlocutor en turno en mi diario trato con gente de trabajo, incluyendo a algún que otro cliente de confianza. Así las cosas, a partir de toda esta avalancha de información en torno a la muerte de Mouriño, Vasconcelos, demás personal a bordo y civiles a ras de suelo, esbozo lo siguiente:

1.- Accidente.- Según parece, las versiones oficiales que manejan los medios de comunicación a modo, se trata de un accidente. En este caso se llegaría a la injusta conclusión de que el piloto fue el culpable. Injusta pero conveniente a los intereses de toda la elite, pues se evitarían todas las consecuencias que implicaría culpar a las empresas que dieron mantenimiento a esta aeronave, o peor aún, culpar a los fabricantes. En cualquiera de los casos tendría que conllevar una demanda y todas las consecuencias que esto acarrea. De todo esto se deduce lo que enmarca aquella frase de “al perro más flaco se le cargan más pulgas”. Aquí todas esas pulgas irían a parar a la sembrada falta de pericia del Piloto. Sin embargo, para hacer justificaciones en las que todos queden a salvo, se habla de la “wake turbulence” provocada por la aeronave delantera. En todo caso, desde torre de control del aeropuerto podría quedar claro hasta qué punto la distancia de 4 millas entre aeronaves fue respetada y según se ha reportado no hubo nada fuera de lo normal en ese procedimiento diario, rutinario, de aproximación y aterrizaje al aeropuerto. Esto implicaría una falla de diseño en Learjet descubierta a partir de este accidente en territorio mexicano, caray. La interferencia por celular es una miniespeculación que nadie parece corroborar. No estará de más que quede enteramente documentado que el avión no presentaba fallas a partir de sus últimos reportes de mantenimiento. A pesar de que poco a poco la versión oficial apunta hacia el accidente, no deja de intrigar ese discurso del presidente Felipe respecto a que se buscaran hasta el cansancio las causas del accidente, aunque tampoco la palabra accidente se le escucha demasiado. A fin de cuentas se está escuchando más la parte presuntamente humana del amigo del difunto, dolido y es claro que él más que nadie puede saber hasta qué punto esto realmente fue un mero y lamentable accidente. 2.- Atentado.- La raíz principal de la creencia colectiva en que la causa fue un atentado viene de pesquisas realmente muy claras y a un uso de la lógica, esa misma que en este país no funciona igual, por extrañas razones. Aquí, en este país de regiones no tan transparentes, en este territorio de alebrijes y dragones políticos, la lógica casi siempre es ilógicamente errónea, errada, no acertada, estúpida. Siendo crédulo de milagros, es inevitable pensar que la ley de Murphy es realmente implacable: estrellarse en el DF, cerca de la torre de Pemex, en hora pico, poco después de la aprobación de la reforma energética (aparentemente segura pero con tanto recoveco), el día de las elecciones de los eeuu, teniendo como tripulantes a un secretario de gobernación y a un ex subprocurador nada más y nada menos que de la SIEDO, receinte captura de líderes del narcotráfico, caray, son demasiados parámetros asociados al acontecimiento. Aún con todos los calificativos, adjetivos y superlativos que felipe quiera ponerle a camilo, pues era su amigo antes que otra cosa, cabe destacar que el acaecido tenía un largo historial bastante oscuro que aún puede ser develado. Desde su triquiñuela para justificarse legalmente como funcionario público, pasando por su íntimo acercamiento desde hace años con Pemex, todo ese vaho de complicidad en la que su familia se ha visto inmiscuida desde el sexenio de fox, su liderazgo para querer llevar a cabo a como diera lugar la privatización de Pemex (que podría ser su legado póstumo, si llega a consumarse y lo permitimos), se interlocución y acercamiento con otros grupos derechistas para lograr formar una gran familia gangsteril. Se sabe pues que camilo extrañamente tenía demasiada aparición pública, tanta defensa de la elite gobernante y no es nuevo saber que era el heredero natural desde el pan para la silla presidencial del 2012. Tan jodida está la legitimidad y estabilidad de calderón que ya en este segundo año se habla de “quien será su sucesor”. Así pues este golpe no parece fortuito, y parece tener un mensaje claro para calderón. El mensaje se corrobora con la muerte del subprocurador santiago en el mismo accidente. El ex zar antidrogas también andaba en aguas turbias, sobre todo después de que dejó la SIEDO se inicio procedimiento contra altos mandos de la misma por vínculos con narcotráfico. Aún cuando santiago ha insistido en que esto sucedió extemporáneamente a su administración no deja de ponernos en alerta que también haya sido víctima de este suceso, llámesele accidente o atentado. Lo que es evidente también, y que es conocimiento popular, es que el gobierno más que enfrentarse al narcotráfico en general, simplemente defiende a un grupo específico dentro de los cambios resultado del reacomodo de las últimas administraciones en este país. Este suceso no puede dejar de ligarse a todos las ejecuciones que ocurren a diario y en forma masiva en el país. Durante el mando (a distancia) de felipe la suma asciende a más de 5,000 asesinatos relacionados con el narcotráfico, de los cuales se estima que 10% por ciento corresponde a policías y militares, y de este 10% el 10% es de militares. Es interesante ver que el número de hectáreas de cultivos de droga erradicadas en este sexenio disminuyó en relación con el pasado (con todo lo que ello implica, después de ver lo poco que hizo fox), a decir de la DEA, y que las cantidades de droga que llegan a eeuu siguen siendo las mismas, además de que se sigue decomisando poco menos del 10% de esta cantidad (a guisa de “tapémosle el ojo al macho”) como pasaba antes. Es decir que la efectividad de esta lucha no se ve reflejada en ningún sentido. En cambio, todas las muertes si siguen un claro patrón de reacomodo de zonas de control de cárteles, donde claramente se nota la presencia del narco en el gobierno, llámese cuerpos policiacos, militares, congreso. ¿Cómo no vincular estas muertes con toda esta guerra abierta entre capos? ¿Cómo olvidar que los grupos derechistas de este país tienen doctorados en manipulación de información? ¿Cómo pasar por alto que el narco evidentemente también puso granito (blanco) de arena en las elecciones del 2006 (cuando menos) y al igual que corporaciones como coppel, bimbo, walmart, et cetera, también reclama (toma por la fuerza) lo que le corresponde? ¿Cómo olvidar muertes poco claras como las de colosio, maquio, el cardenal posadas, ruiz massieu, enrique salinas de gortari y no aceptar que estas se sumarán al historial de cobros políticos? Pero siempre queda la opción de aceptar versiones oficiales: *** Muere valiente y eficaz secretario de gobernación al lado de heroico zar antidrogas. Ambos héroes nacionales fallecen y dejan un vacío inmenso en la lucha de este país por llegar al clímax de perfección. Muere principalmente el mexicano más notable, más puro, más inteligente, más… más todo (el de gobernación, claro). Un accidente trágico fue la causa. Sin ellos el país debe luchar por salir adelante, podemos superarlo, debemos tomar su ejemplo para luchar siempre por nuestros ideales…et cetera, et cetera. Dios los tenga en su santa gloria, desde ya se comenzará a gestar con el Vaticano la beatificación (o como se llame) de San Camilo Mouriño. Se agradece a todos esos medios de comunicación tan espléndidos por ser siempre vehículos de la verdad oficial, gracias azcárraga, gracias pliego. *** A lo mejor fue un atentado accidental, o un accidente tentado. En fin. Ahora tenemos sólo media presidencia funcionando. Desde algún lugar del bajío del país de las maravillas, amén.
8 comentarios ]
del.icio.us Estrella este post
Lo más reciente
Acerca de mi
Galería de Imágenes
Lo más visto
Amigos
Todos mis posts