La rentabilidad de dios
En los últimos decenios, los cambios sociales, económicos y culturales han dejado de manifiesto un evidente déficit de fe. Es decir que las religiones están dejando de ser esa institución que hacía creer a los mortales que debían dar lo mejor de sí para ir a dar a una suerte de paraíso o símil de este. Supongo que ahora la religión evoluciona hacia un excelente producto mercadotécnico que te promete paz espiritual, o cuando menos una forma de paliar, y quizás curar tus pecados que sabes que no puedes evitar. Quizás más evidente sea ver la falta de consistencia en la “imagen” de “dios”. Quién es dios, qué es dios, hasta que punto su existencia social ha dejado de ser del todo funcional y ha pasado a ser una moda que en próximos decenios será sólo aquilatado por minorías. Si ese dios existe y pretende que se sepa de su existencia es hora de que compre más espacios en televisión, Internet, radio, que haga sus ringtones, o cualquier herramienta que le ayude a estar “presente”. Si no existe, qué divertido es ver como surgen siempre unos “dioses” a modo, a conveniencia de morales añejas, atrevidas, innovadoras. Finalmente, existe por el simple hecho de que se le tiene definido aunque quizás su desempeño y cualidades no sean las imaginadas y esperadas por ese público exigente.



