Variaciones Chilangueñas
Aún cuando existan quienes defienden la diferenciación entre Chilango y Defeño, no deja de ser lo mismo. Que si eres chilango cuando tus padres no son del defe y tu naciste en el defe, que si eres chilango cuando no eres del defe y vives allá desde pequeño. Vueltas innecesarias: es chilango quien ha vivido lo suficiente ahí como para sentirse parte de la ciudad. No hay más.
Ahora bien, qué hace que a éstos el resto del país los vea con ojo desconfiado: son gandallas, ruidosos, truculentos, transas, criticones, creidos, y muchos et ceteras más. Sólo después de algunos años en que he conocido diferentes ciudades pequeñas y medianas a lo largo de este antichilangueño país puedo saber un poco más acerca de esta fobia.
El país está plagado de chilangos que habitan otras ciudades, quizás porque la ciudad de México oferta esa diversidad de estudios y trabajos que muchas ciudades, dada su infraestructura, no pueden tener. Luego entonces la ciudad de México suple de recursos humanos a gran parte de las ciudades. Tal como le pasa a los regios y a los tapatios en regiones cercanas a su ubicación. Luego están los turistas chilangos desperdigados por todo el país. Es decir, que lo que irrita, más que el comportamiento de esta estirpe, es su presencia, su invasión a la privacidad y necesidad de localismo. Por consecuencia, quizás, vienen todos los defectos que se les encuentran. Afirmo que son, mejor dicho, como el visitante eterno que no deja nunca de irse, y que al mismo tiempo no se queda definitivamente.
Quizás sea esa aura de sobreviviente de la urbe otra de las razones que intrigue a los no-chilangos. Es decir, cualquiera puede contar y decir: “sí, estuve en el defe y que caos, el tráfico, la inseguridad, todo atascado, horas para trasladarse, es horrible, qué bueno que no vivo ahí”. Luego entonces se otorga implícitamente una etiqueta de “superviviente al caos” al chilango; es decir, alguien que aguanta como las cucarachas casi cualquier condición adversa de vida. Sólo esa sensación por principio, sin mencionar la infinidad de opciones de vida que pueden darse en esa caótica ciudad: una suerte de ruleta rusa continua. Fuera de ahí hay control, hay certidumbre, hay “estabilidad” y predisposición a los hechos, y estas características muchas veces merman la condición humana ávida de adrenalina.
¿Qué todo esto es una proyección de mi condición de chilango autoexiliado? Nadie ha dicho lo contrario.




