Deutschland y el Orden
Es verdad que entre naciones la clase política y la cúpula empresarial (a menudo son los mismos) son quienes determinan el rumbo de una nación, amén de la decisión democrática resultado de sus comicios. Es decir, que casi nunca la voluntad de los muchos es llevada a cabo cabalmente por los pocos. Y en esa realidad de los muchos es donde se pueden diferenciar las idiosincrasias entre pueblos (naciones, regiones). A este respecto hallé algo interesante en Alemania: una obsesión por el orden.

Se dice que quizás Japón comparta este comportamiento colectivo. Esta obsesión por el orden los lleva a ser en extremo precavidos, a arriesgar poco. Allá, alguien que se decide por una vocación, tal como en Japón, es casi imposible que halle empleo en una vocación aunque sea un poco diferente, a menos que decida reiniciar su último periodo escolar. Los infantes deben estar ya matriculados en la escuela que los ha de esperar años más tarde. Las interminables señales de tránsito y su correcto seguimiento; el interminable examen teórico-práctico para recibir una licencia de manejo. Todo este orden obseso trae desde luego consecuencias positivas en la colectividad: existe un poder supremo de la confiabilidad de la gente y su honestidad (y existen innumerables excepciones que sólo confirman esta regla). Este rasgo del orden excesivo puede verse en el ciego pago de los impuestos: impuestos al empleo, al número de televisores, al número de mascotas, al número de vehículos. Se estima que casi un 40% de los ingresos se van en impuestos, mismos que son pagados con un orgullo unánime según su perspectiva: Alemania ha renacido y es consecuencia del trabajo de todos; Alemania está sacando a flote a la comunidad europea aportando fuertes sumas al financiamiento de los nuevos países miembros y con mayores deficiencias económicas.
Pero algo nos deja ver que no todo puede ser tan rosa: una vez más, como en la segunda guerra mundial, este país carece de gente joven, por tanto la ecuación piramidal de sus pensiones está yendo a una crisis segura donde cada vez la inmigración de rusos, polacos, checos, turcos, serbios absorbe todos los beneficios sociales que se otorgan a todo ciudadano alemán. No contaban con la evolución en el comportamiento humano, no se vaticinaba esta emancipación del hedonismo por sobre la necesidad de crecer demográficamente, nadie puede obligar a los alemanes a multiplicarse porque sí, aunque se les den tantas facilidades para las fases de embarazo y primeros años de infancia ¿qué falló? Sin duda es sólo la expansión del principio de incertidumbre, esa entropía feroz, la poca previsión de nuestra siempre cambiante idiosincrasia. Entre la aún diferenciación de alemanes del este y oeste me vi empujado a seguir este orden temporalmente. Una señora alemana me decía que para ellos México es su paraíso porque no todo es tan cuadrado y creen que aquí la gente realmente “vive”. Sin duda vivimos con más incertidumbre que ellos pero esto no siempre es tan benéfico y se debería mediar entre su obseso orden y planificación en una vida sobria, y nuestro desenvuelto modo de llevar el orden a conveniencia.
Y por cierto, el agridulce Currywurst no me gustó, aunque sea muy famoso.


