Ética antes que dialéctica Religiosa
¿Es que sólo la fe es culpable de las aberraciones de gobiernos religiosos? Es verdad que la iglesia católica ha sido sustento imprescindible de casi cualquier forma de gobierno en occidente, y que ésta está hecha por simples humanos y por ende recae sobre la misma una “inhumana” cantidad de aberraciones y contradicciones. Los mismos errores de diseño se encuentran en otras religiones. Todas las religiones son, a fin de cuentas, un mismo prototipo con diferentes presentaciones; todas hallan su razón de existir por los seres humanos ávidos de “fe”; son estas, a fin de cuentas, el destino de los desatinos y esperanzas de la necesidad de trascendencia del ser humano, la cura de sus miedos, el motor que hace soportable la levedad del existencialismo crudo diario al que están expuestos.
Quizás se esté invirtiendo demasiada palabra tratando de indagar y justificar toda esa ralea de malos entendidos que la “fe” hará entendibles, y es entrar siempre en juego de contraposiciones, es decir, en mera dialéctica a ras de suelo. Creo que un hilo conductor hace que todas estas disoluciones tengan coherencia: la ética. Antes que la fe profesada por cualquier ente humano, estará detrás de él, conduciendo sus decisiones morales e inmorales, la ética. Que se encuentre a curas pederastas, islámicos kamikazes, judios sin escrúpulos, ateos vendepatrias, es consecuencia, no solamente de la ejecución de una fe intolerante, sino de una falta total de ética, de un atentado contra las reglas básicas de juego que operan en eso que llamamos “sociedad” y que nos hacen mejores “seres humanos”. En mi opinión, que tengamos una sociedad gobernada por una elite inescrupulosa no tiene solo que ver con la profesión de fe, pues según nos ha demostrado la experiencia, ésta es sólo una herramienta para allegarse de simpatizantes, es la llave que abre las puertas del paraíso electoral; tiene que ver más con la corrupción del Ser Humano en un nivel que precede al nivel religioso. Es darse cuenta que el hambre de poder combinado con la adopción de dogmas engendra sólo una devastación en el comportamiento humano. Las religiones tienen como fin llevarte a la “salvación” y tu comportamiento en esta vida es sólo un vehículo, un sacrificio, y por ende se le resta importancia a la grandeza de existir aquí y ahora. Apreciar el Ser Humano que cada uno somos per se, sin tolerarlo por ser sólo una especie de sala de espera para el prometido paraíso, es darle a este aposento corporal y etéreo del Ser, el valor que realmente merece, reconocérsele toda su capacidad de ejecución y habilidad de adaptabilidad, es decir, su grandeza. Y tengo también mi neceser repleto reclamos por todas las injusticias cínicas y por todos los absurdos que la clase gobernante de este país ejecuta con magistral inhumanidad. Después de un sondeo en las personas que me rodean en este apacible y campirano ambiente queretano detecto una evidente regresión en la euforia y algarabía que se vivía hace dos años, después de haber “tachado” su fe a esa iglesia blanquiazul que vendió muy bien su paraíso prometido, y al igual que la iglesia católica, está haciendo ahora que pululen sacrificios y martirios, aún a aquellos que no comulgan con su dogma caduco ni esperan paraísos excluyentes.


