Cuestión de Fe
Ella cree que necesito su compañía. Ella cree que necesita mi compañía. Ella cree saber también lo que yo creo. Me contagia de esta compulsiva reiteración de fe en algo. Nos envolvemos en sabanas de credibilidad a modo. Mi anterior sujeción a pragmatismos ha sido poco apoco abolida por esta marea de supuestos. De pronto me hallo dilucidando, dardeando hipótesis por doquier, elucubrando, tal como veo a ella hacer. Se vuelve vicio; se aleja uno de los hechos, le perdemos fe a la acción para creer en creencias, para dogmatizar so pena de ser dogmatizados por el otro. Nos surrealizamos, si cabe el neologismo, por la pura fe nos hacemos oblicuos, cóncavos, tenemos aristas donde no había nada, nos sujetamos de pasamanos suspendidos y aplicamos a nuestros juicios el mismo surrealismo: salpicamos de nuestra fe todas las decisiones, damos paso impulsados por supuestos, y por supuestos morimos. Somos una gran suposición, suponemos que sabemos en qué creemos, y creemos en lo que suponen los otros. Es el circo de la eterna representación, del autoengaño como referencia para afirmarnos a algo que parezca guiar un camino que de vez en vez nos pone traspiés. No hay peor creyente que aquel que te dice "¡créeme!".
Escuchando: Blumfeld - Eines Tages
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