Laissez Faire ou Laissez Tomber
Casi 2:30, y la espera fenece. Una de mis muchas debilidades me tendrá en vela. En cada passing shot acertado veré recompensada mi exigua paciencia y mientras llega el primer top-spin atisbado con envidia “navego” por los principales encabezados de diarios y no hallo realmente algo que sobresalga, resulta que de pronto la excepcionalidad de las noticias se vuelve rutinaria ante la consecuente y perseverante repetibilidad de “malas” noticias; es decir que existe también una alta reproducibilidad de noticias “malas” en estos días. El número de decapitados ha dejado de ser relevante; las omisiones y mentiras sobre la estabilidad del peso y su fabricada paridad frente al dólar ya no asombran; la machacante aplanadora de caros espectaculares pagados por los gobiernos locales y federal nos tienen ya sin cuidado; y así, cada uno de los muchos motivos de encono popular se ven rebasados por el agotamiento en la capacidad de asombro: será quizás consecuencia de la capacidad de adaptación (o mediocridad, diríase de otra forma). Hay quienes se empeñan en ver a la nuestra como una sociedad ignorante, a lo cual rebato diciendo que no es tan deleznable la ignorancia que en ella pueda hallarse como lo es su hedonismo, su conformismo y su falta de valor para emprender acciones y reacciones (la soberbia de un intrínseco y despectivo "ignoro porque quiero"): a lo mejor es más moderna de lo que pensamos, pues la nuestra es la sociedad del “laissez faire”. Una modernidad muy mexicana. Comienzan los slices y los top-spins, debo partir; match-point.
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Escuchando: Auf dem Wasser zu singen - Schubert
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