Una Luz Extinguida
Entiendo los razonamientos y silogismos financieros que explican y justifican la extinción de Luz y Fuerza del Centro (L y FC). Pero esto sea quizás lo más fácil de entender de este asunto. Los pormenores sobre la toma pacífica de las instalaciones como consecuencia de una obvia negociación previa entre líderes sindicales y gobierno, y el periodo de transición para que CFE asuma el control son inerciales y hasta cierto punto obvias. Los sin-embargos dan, empero, mucha más luz a este asunto. Es sabido por una gran mayoría en este país, que los sindicatos de las empresas paraestatales han sido las mafias controla-masas-laborales y, sobre todo, controla-votos, que se han vendido vilmente al mejor postor, traicionando desde hace mucho los intereses del país en beneficio de algunos cuantos. Como consecuencia de esto, las paraestatales ofrecen servicios deplorables a sus usuarios, quizás por un esquema operativo obvio: no se deben al cliente, se deben al sindicato que los protege. Toda esta ralea de vicios ha sido solapada sexenio tras sexenio por el suculento botín que representa cada gremio; es decir, que son intocables en cuanto sustento de cantidad incontable de acarreos electorales en un país donde además el costo ciudadano de cada voto es el más caro del mundo. Lo que sustentaba de manera impune toda esta maquinaria, toda esta ola de subsidios estratosféricos a paraestatales, era la bonanza petrolera, la madre de todas las paraestatales, la gallina de los huevos de oleo.
La gloria petrolera había servido durante décadas para repartir subsidios y altos sueldos a diestra y siniestra en todas las escalas del gobierno, hasta ahora, en que su debacle parece definitiva. Esto es lo que ha provocado que ahora se busque, afanosamente y por todos lados, recursos para subsanar el gran boquete que la ausencia de excedentes ha hecho. Y, como bien apunta la vox populi, seguramente seguirán más sindicatos de empresas paraestatales, todo dependerá de la evolución del cuadro clínico de la agonizante Pemex. En esa medida iremos viendo, esta vez sí, la voluntad del gobierno por ver finalmente a sus demás empresas trabajar eficientemente produciendo lo que deben (y Pemex seguirá sin hacer). Si llegase a pensarse que esto devendrá en la extinción de potenciales acarreos electorales como vía para allegarse de presidencias cabe recordar que incluso en este ramo la migración hacia sistemas cibernéticos de conteo electoral hará a los sindicatos prescindibles, lo cual quedó más que demostrado en el 2006.
El problema de todos los sindicatos ha estado siempre a la vista de todos y han sido tolerados indulgentemente en cuanto han sido también grandes botines de votantes. Los sindicatos han sido los líderes porriles que han sabido moverse mansa y charrilmente con total impunidad, gracias a intercambios políticos que las nuevas eras tecnológicas de manipulación de masas harán prescindibles, y es una lástima por todos los trabajadores que sin deberla ni tenerla tendrán que renunciar de alguna forma a la buena vida que sus sindicatos les proveyeron y de la cual no gozan millones trabajadores en este país, cuando lo merecen. Y es una lástima que la escala de disminución de privilegios vaya de abajo hacia arriba: primero se sacrifica al grueso de la población con las reformas fiscales que recaudarán más impuestos, luego con la disminución en gasto público, ahora con algunos de los burócratas menos agraciados de entre todo el universo que de ellos hay; la fórmula aquí siempre es la misma: jode al más jodido a más no poder antes de tocar un centavo del menos jodido: así es el país con los salarios más altos del mundo a funcionarios públicos, donde el presupuesto a la CNDH es el más grande que se da a Comisión símil en ninguna parte del planeta tierra, donde se sitúa la mayor empresa de América latina (Pemex), donde se tiene uno de los hombres más ricos del mundo: la idiosincrasia obvia de este país está rotulada con esa exultante sentencia salida de la sabiduría popular: “el que no transa, no avanza”


