Nothing is real and nothing to get hungabout

Los cuatro: culpables
And the eyes in his head, see the world spinning around.
En las paredes de casa pendían dibujos hechos sobre hojas blancas comunes con tintas de colores obscuros. Los dibujos se formaban con líneas paralelas delgadas representando curvas caprichosas, como trazando rutas y dando una figura amorfa (a mi juicio) y cruda. No había belleza común en esos dibujos; existía técnica, frialdad de trazo, intento de perfección. Estaban allí desde que tengo recuerdo, desde el inicio de mi contemplación detallada del entorno. Eran dibujos de papá que jamás volví a ver después de la mudanza crucial emprendida a mis once años.
Man, you been a naughty boy, you let your face grow long.
Cobraban dimensión gigante al caer la tarde, con la puesta de sol. Los trazos oscuros sobre fondo blanco se hacían demasiado explícitos, imperantes; papá llegaba de trabajar, y entonces se hacía su música. Se hacía la contemplación, el hurgar en los booklets de los acetatos, imágenes de gran tamaño con textos proporcionales. Uno hubo que llegó a mi acústica y visualmente: aquel de cuatro tipos que habrían de marcar mi inicio en gustos musicales adoptados por voluntad: el de esas cuatro figuras que en ese acetato en específico aparecían disfrazadas, con mascaras, frente a un fondo estelar y con colores alegres. Ideal para un niño, que comienza a incursionar y maravillarse ante el mundo abstracto de las matemáticas (ese que jamás dejaría de maravillarlo y seducirlo) y que ahora se maravillaba ante la plasticidad musical de esa banda (era evidente que había estado ahí siempre, pero para mí existía sólo hasta entonces).
Nothing is real and nothing to get hungabout.
Y ahí estaban los dibujos palpitantes de papá, ahí los bongos, los violines, el mellotrón, el órgano hammond, las guitarras ácidas, la voz excesivamente nasal de la morsa, las imágenes de cuatro magos, y mis ocho años ávidos de más música. Ahí la necesidad de acudir a las preguntas técnicas sobre ese idioma nasal, extraño y monosilábicamente agradable. Ahí las dudas, ahí las respuestas, ahí la inconformidad. Ahí yo, cayendo la tarde, despidiendo al sol, acosado por los dibujos amorfos de líneas oscuras sobre fondo blanco ¿papá, a que hora llegas en tu música?
It’s getting hard to be someone but it all works out, it doesn’t matter much to me.
Se hizo, pues una vorágine, no sólo musical, que no para, que sigue, que no colma, que sublima, que alienta, que rueda, que exige, que levanta, que traslada, que inmiscuye, que trastoca, que trueca; vorágine que impulsa vida, que machaca nihilismos, que azota ensimismamientos, que me forma, que me hace erguir. No quiero ser un dibujo amorfo de líneas obscuras al que no entiendo. ¡Luz, ven!
Escuchando: Magical Mystery Tour


