El Reino de Este Mundo

el hombre nunca sabe para quien padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza qué conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.
Cita del escritor cubano Alejo Carpentier en su novela El Reino de este Mundo. Obra impactante de la corriente real maravilloso, surgida en América Latina básicamente, la cual se contrapone contundentemente a tantos escritores europeos de esa época cuya literatura de lo “maravilloso” era, para Carpentier, sospechosamente onírica y arreglada con marcada prestidigitación.
¿Pero que es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso? – Carpentier
Para enfatizar lo “real maravilloso” qué mejor escenario para la novela que Haití, los esclavos y su vudú, de la mano del legendario y mítico Mackandal:

Mackandal fue uno de los “precursores de la independencia haitiana”, el responsable de la rebelión más importante en contra de los colonos franceses antes de 1791. Era un houngan o sacerdote vudú originario de Guinea; en 1757 escapó de la plantación en donde servía como esclavo para organizar un grupo subversivo que conspiró contra el orden colonial. Su estrategia consistió en convencer a los esclavos de su supuesta inmortalidad y utilizar ésto como el elemento principal de su liderazgo. Por un tiempo sembró el terror entre la población blanca de Saint Domingue envenenando la comida y las reservas de agua de las plantaciones. Fue capturado mientras asistía a una fiesta en un barracón de esclavos y condenado a morir en la hoguera.
Mackandal. Makandal. Mackandal.
Proteico como tus sonidos. Secreto y rehecho
y revelado como las letras que te forman,
nombre de los escondido y lo innombrable.
Aquí estás por fin, atrapado en mis cuadernos.
Espíritu de las dos tierras y los cuatro mares,
de los mil vientos que te llevan y te traen
de la existencia al no-ser, del fuego a los
deslumbramientos de tu nada. – Manuel Rueda
Gran Novela.
*SALUD*
Escuchando: Buenvista Social Club - El Cuarto de Tula
Dos es mejor que uno... supongo :/ ]
del.icio.us Estrella este post
