Estas Letras en Libertad
La he leído con avidez desde hace más de seis años. Heredera del legado de la revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz, mi encuentro con ella no se dio en algún puesto de periódicos ni mucho menos publicitada en cualesquier medio de comunicación. La primera vez que la vi venía en manos de otro pasajero en el vagón del metro de la ciudad de México, en uno de esos complejos regresos largos a casa a las 5 de la tarde. Me llamó la atención su portada con dibujo de laberinto en alusión a textos de Borges que eran el centro temático de la publicación correspondiente a ese mes (¡ejemplar número 8, caray!). De ahí en adelante he procurado tenerle por buena compañía.
Parecería fácil aseverar que tal gusto por dicha publicación sería ciego, y de total afinidad. Casi nada es tan cabalmente absoluto; algo es cierto: muchísimas veces he estado en desacuerdo con su contenido, con su postura. Aún cuando enfocada mucho más a escudriñar en las profundidades literarias –contemporáneas y no tanto- con chapuzones comúnmente acertados a la pintura, arquitectura, cine y música, le es inherente, como a todo, tomar posturas ideológicas y políticas.
Intentando esbozar rápidamente su “mercado” es fácil ver, por sus contenidos y publicidad, que apuntala hacia lectores mayoritariamente pudientes; aquellos que disponen de soltura de tiempos y movimientos como para, primeramente, comprarle a un precio que dobla el promedio del precio de las revistas más comunes, y, después, sentirse identificado con ella: esto conlleva, irremediablemente, a lectores con una costumbre de panorama cultural amplio más allá del promedio, en un país en el que la población cada día acude menos a deglutir y digerir expresiones artísticas. Lectores que, supongo, digieren su contenido con mayor inercia, sin retortijones. Todo esto presupone una tendencia lógica de la publicación en materia ideológica. Meramente normal, deduzco.
Evidentemente estoy dentro de la excepción de esta mayoría. Con las consabidas diferencias ideológicas que acuden cíclicamente, le sigo por su tenaz introspección literaria; por tener espacio para nuestra literatura más contemporánea; por publicar periódicamente extractos o textos completos muy frescos; por dar a conocer de igual manera a escritores que apenas comienzan a desplegar alas; por atraer hacía sí textos que alcanzan la “realidad” fuera de México; por ensalzar ante todo, la mirada crítica, objetiva y retrospectiva de hechos y acontecimientos actuales; por acudir, con honesta propuesta, a crear lectores ad-hoc a esta forma de hacer literatura real y pertinente.
He sabido, por ella misma, de la labor loable de una publicación hermana en la hermana Perú: la Revista Etiqueta Negra. Tengo, ahora mismo, unas incontenibles ganas de leerle, de olfatearle como hago siempre con libros y revistas (¿hay algo más deleitante que un papel entintado con aroma a letras?), de quedar complacido con su propuesta.
Por ahora, tengo manjar en mesa esperando comensal con el número 86 de estas buenas Letras Libres.
Sea.
Escuchando: Björk - Jóga



