Mi cuento corto - Muerte Natural

Velasco – Camino a Chalco
*Muerte Natural*
Gran Primer Plano
A su llegada encontró dudas, como suele suceder. Quizás nunca serían resueltas y quizás no era su intención encontrarlas, y quizás tampoco ellas querían encontrarse con él. Suele pasar que lo que parece predecible resulta cierto, como este enunciado; y a veces no, simple. Encontró, también, incertidumbre; era lo más cierto que tenía, de esa que viene acompañada del vértigo adrenalizante. Vagó varios días ebrio de esperanza, de esa que dicen que muere al último. Y así fue, murió junto con él al momento en que la bala le atravesó el cerebro casi por la mitad, entrando por su costado derecho, esparciendo espectacularmente trozos de masa encefálica por todos lados. No siembres balas a tu paso, alguna resplandecerá. Después de un breve lapso off line de casi 4/25 de segundo esperó elevarse, verse tirado y seguir elevándose. Y no sucedió. En cambio, su mirada nebulosa siguió dónde estaba y atestiguó la caída abrupta y escuchó el golpe secó del cuerpo –su cuerpo- sobre el suelo empedrado.
Fade out
La inmovilidad lo intranquilizaba, era como cuándo se despierta en esa fase del sueño en que el cuerpo está en modo stand by y es imposible moverse. Así, con sólo imágenes y sonido, sucedió todo lo subsiguiente; la morgue, el reconocimiento, hasta el entierro. Hubiese deseado la cremación pero, bien dicho, ni hablar. La elevación jamás llegó, al menos no como la esperaba. Mamá, Papá, los hermanos, los amigos y demás familiares pasaron frente a él en ritual ceremonia rutinaria: llantos, café y chismes. Nunca tuvo tiempo de pensar antes en la muerte de forma seria, con tantas actividades quién tiene tiempo para esas cosas. Sin embargo, intrínsecamente existía en él un concepto de ella; aunque él opusiera resistencia sabía del “cielo” y la añoranza de merecerse un lugar ahí. Es un castigo horrible heredar así un concepto de vida y muerte, por imposición sutil y “bienaventurada”. Ahora no sabía que seguía. Poco a poco fue olvidando memorias, que se desvanecían gradualmente. Olvidó la imagen de sí mismo, su nombre, sus gustos, su familia, el lenguaje. Mas no todo se extinguió. Conservo memoria de todo lo que alguna vez le atemorizó y que, una vez desvanecida la imagen y memoria de sí mismo, ahora se le presentaban neutras. No más “yo”. No más conflictos. Simple y no.
Fade In
Así se hizo el vacío homogéneo y neutro. El tiempo se secó ante la ausencia de eventos. Silencio. Paulatinamente comenzó a distinguir un cambio en su forma de percibir el espacio. Los meses, que ya no concebía como tales, fueron otorgándole un sentimiento de grandeza, así, literalmente, y su oído se agudizó a niveles infra y ultrasónicos. En su inmovilidad comenzó a sentir nuevamente. Poco a poco llegaban a él sensaciones de incisiones y golpeteos que crecían gradualmente. Percibió nuevamente la luz, los atardeceres, las luces artificiales, los destellos citadinos, la luna y sus complicidades. Nuevamente, sus sentidos le devolvían el placer de la libertad, de su naturaleza. Ahora, esparcido infinitesimalmente en el ambiente y naturaleza de la ciudad de México, volvía a vivirla como nadie andante podía hacerlo. Inhalar su vaho matutino con fulgor de cambio, sufrir con ella su amor de madre que a todos sus hijos ama por igual, exhalar con ella el vaho sucio de hidrocarburos. Presenciar, pues, el crecimiento y madurez de esta urbe sólo para amarla más al sufrir con ella, como sucede siempre. En su omnipresencia vio a miles de hombres llegar dudosos, con incertidumbre; súbitamente recordó de sí y ese día llovió por horas…llanto de lluvia, llorar lluvia.
Ixca – Septiembre 2005
Escuchando: Björk Guðmundóttir - Sun In My Mouth

