Re: Política, Revolución, my voto y demás.
En política
Siempre es más fácil opinar de lo que es en extremo visible: a decir de algunos la “plebe”, las “despensas”, el escándalo; es decir, el ruido político que suena con mayores decibeles y que no lleva la sustancia melódica (dispénseme la analogía acústica). Fácil es encender el televisor y tomar sólo la cáscara del fruto para dar un veredicto sobre su estado. No es eso. No es lo que se dice sino lo que subyace en silencio y que es lo que motiva gran parte de la acción. La raíz.
Revolución
Quien piense que la solución está en revolución y anarquismo de plano lo descarto como ente pensante; es una respuesta fácil que pretende ser “valiente”. Hace falta hacer un escrutinio mayor a lo que eso representa para una nación, o quizás se debiese re-formular lo que se entiende por “revolución”, lejos de ideales ramplones repetidos por otros. Es acudir al cliché de la nación con revolución que se rebela ante el “establishment”. Es una visión en extremo parca y superficial.
Partidos políticos
Se dice que los partidos son malos. En un ningún país la gente tiene un concepto homogéneamente bueno de ellos. Son, sin embargo necesarios. Creo, con ahínco, que son el artificio pragmático que mejor funciona con la democracia. Estos funcionan mejor en una nación donde los poderes legislativo, ejecutivo y judicial tengan mejor madurez. México carece, como nación, de atributos de madurez en ese sentido. Digamos que las herramientas necesarias para poder llevar acabo una democracia mucho más saludable están disponibles pero aún no hemos perfeccionado su uso y mantenimiento, pues tampoco tenemos la voluntad suficiente de iniciar a hacerlo. Esto involucra una idiosincrasia de país, no de unos cuantos, no la paja en ojo ajeno sino la introspección ética. Ejemplo. Se dice que la clase política es “basura”. Quien hoy lo afirma difícilmente (estadísticamente hablando) evitará convertirse en ello al tener ese mismo poder. Creo que la base está en “cultura” (nada que ver con cultos “elitistas”) en la forma de conducirse entre ciudadanos. Ahí nadie está exento de responsabilidades, cierto estoy de ello.
El voto
No votar es sustraerse de la colectividad, de la sociedad. Es un derecho no votar, mas una obligación ética. Si no te gusta el sistema al cual perteneces, simplemente rechazas de él todo su cobijo (idiota el que piensa que no recibe cobijo de las manifestaciones civilizatorias de la sociedad) y te desprendes de él. Sin contemplaciones. O acudes a la acción, con manifestaciones que cambien tu entorno, dejas de ser el parásito que juzga pero en cambio propone. “Actuar según una máxima que pretendas y/o quieras que sea una máxima para todos los hombres” diría Kant. Así, sin ir más lejos. Ahora bien, el voto es simplemente un escalón de lo que implica aceptar esta forma de democracia. El siguiente es dar cabal seguimiento al proceso completo que implica manifestarse, actuar, proponer. No faltará quien diga ¿para qué, si todo está tan jodido? Simple: recordar la cita a Kant. Que actúes con principios éticos antes que subyugado por la mierda del entorno. Cabe en cada uno adoptar esta forma de actuar para formar palmo a palmo al ciudadano nieto que queremos ver en 50 años, maduro y con un gobierno digno de él, orgullosos por que sus predecesores abrieron esa oportunidad de crecimiento.
Hoy
¿Que nuestros partidos políticos hoy están muy jodidos? ¿Qué el sistema también lo está? ¿qué los candidatos son una mierda? ¿qué no hay a cual irle? ¿por ello debemos “resignarnos a la ignorancia” y actuar de forma análoga a los mismos para estar a su (baja) altura? Se debe tener claro primeramente quien se es dentro de la maquinaria del país y que se quiere de la nación y que esto conduzca a lo que se quiere de un partido. Si hoy no hay propuestas de los partidos seguramente es porque la generación que hoy los representa fueron niños de hace unas décadas con una formación, digamos, no adecuada, con repercusiones en la actualidad. Se resume en que somos, en parte, como sociedad, simplemente la consecuencia de nosotros mismos. Ahora estamos insertos en la economía global, es cierto que ello repercute en muchas de las decisiones económicas y políticas del país, pero, con todo, existen una gama de posibilidades de decisión y se optará por una de ellas de acuerdo a la idiosincrasia que nos represente. Nuestro resultado. Hoy, quizás no haya muchas opciones, pero, si se decide actuar y “creer” que esto es el cimiento democrático que verá repercusiones en el futuro no queda más que picar piedra y trabajar con la materia e ideas de que disponemos; Sin hilos negros hipotéticos que nublan la visión.
No ser borrego, tampoco ser hiena. No ser resignado, tampoco ser contra por ser contra. Se espera de nosotros la equidad, el escrutinio cauteloso, la capacidad de innovación, la necesidad de mejorar como colectividad.
Mi voto
Mi voto, dadas todas las razones arriba expuestas, acatando la prerrogativa de trabajar con lo mejor que se tiene, de tratar de dar seguimiento, pulir y mejorar, sin caer en fanatismos ni fundamentalismos, mucho menos en chauvinismos oxidados, optando sin conceder ciegamente, es para el PRD, encabezado, específicamente por Andrés Manuel López Obrador.
Es estulticia caer en el juego de las comparaciones y descalificaciones, de apuntar defectos en uno u otro candidato, de machacar llagas, de caer en ese vicio fácil de la riña sin sentido, sin ápice de propuesta. Mi propuesta hoy es trabajar con quien creo, y es mi visión, realizará el mejor de desempeño como jefe del “ejecutivo”, quien logrará junto con los demás poderes administrar mejor esta nación, sin albergar esperanzas inalcanzables, sabiendo los defectos que pudieran presentarse dado el perfil político inherente al político. Así. Aceptando objetivamente pros y contras y trabajando por señalar estos últimos y dar el mejor cauce a las decisiones tomadas.
Sin quererlo caigo, irremediablemente, en el juego idealista y hurgo por hallarme objetivo, imparcial, ecuánime.
Sea.
Escuchando: Silvio Rodríguez - El Problema


