Decimos que somos

Imagen no Ad-hoc
Decimos que hacemos, decimos que queremos, decimos que somos, decimos que vamos, decimos que necesitamos, decimos, decimos, decimos. Somos una máquina de dichos, envolvemos el entorno en palabras, especulamos el tiempo con dichos. Detrás de cada palabra existe, por lo regular, una caja fuerte de combinación desconocida. Empleamos el verbo sin certificados de seguridad. Ahí van las palabras, revoloteando en aires poco densos, se escabullen cual dardos de veracidad, enmascaradas en velo de verosimilitud. Y al final, detrás del telón, cuando acaba la función se es lo de siempre, se sabe uno sin palabras y sin ellas creemos que dejamos de ser, suponemos que sola la palabra invocada, acústica, es la que vale, por la que somos, y relegamos a un fondo opaco nuestro verbo intrínseco ¿Cuántos de nuestros diálogos diarios son mera ilación inercial de otros más, nacidos desde tiempos remotos? ¿Quiénes pretenden en cada frase escabullirse de imitaciones? La lengua es la misma, las palabras también, los enunciados, en cambio, otorgan una posibilidad de emanciparse a la rutina, ofrecen a quien los emite, y por ellos supone que “es”, la posibilidad de crear, de formar, de innovar. Cobijados en rutina no advertimos que renunciar a esta oportunidad de creación nos delega a un plano de actuación meramente mecánico. El verbo nos hace ante los demás, es cierto, como también lo hacen algunos actos, y no siempre existe una relación directa con lo que realmente se es; sin embargo, lograr formar y crear en verbo lo que uno es, con honestidad, es invaluable, supone un grado de aceptación que deja de lado la sorpresa del hallazgo pues se ha sublimado esta condición a un nivel de confirmación mediante el uso del verbo. Normalmente, se es lo que se dice que se es, y sin embargo existen quienes dicen porque son (uno de esos aspiro ser)
Digo.
Estoy de vuelta.
Escuchando: Max Roach Trio - To Inscribe

