sábado 19 de agosto, 2006 - 19:08

*Corruptos a fin de cuentas…*
50 000 pesos en una transacción que puede juzgarse de corrupta y que fue videograbada.
Matemáticas for dummies: 30 millones de dolares que se pensaban negociar por esos videos (pensando mercantilistamente ¿cuánta utilidad se obtuvo de todas formas de ello? Aún no se acaba el usufructo de esa transacción) divididos entre 50 000 pesitos nos da una cifra equivalente a 6480, considerando un tipo de cambio de 10.80 pesos por dólar al día de hoy (aunque debiera calcularlo para hace un par de años). Es decir que tendría que haber existido una transacción con ligas como las de Bejarano esta misma cantidad de veces: 6480, es decir, equivalente a una diaria por diecisiete años y nueve meses.
Unos trafican como golosinas los niños y son capturados in fraganti, expuestos públicamente, y otros trafican de verdad cifras abultadas por otras vías, en materia política; negocios de adultos, de las verdaderas grandes ligas, de las que no se ven, de las que se sienten y tienen verdadero peso en las decisiones políticas de un país.
Lo que sabíamos queda confirmado.
Corruptos a fin de cuentas. Acepto. Acepto. Acepto. Ineluctable verdad.

*Los por qué del porque.*
Respeto al ciudadano que dice: me siento mejor que la bola de jodidos y es por eso que me pongo del lado de aquellos que tienen dinero y poder, pues sé que a su lado, a pesar de humillaciones no pasaré hambre porque no perderé; estoy de su lado porque ellos además me contagian de esa imagen que da el poder y yo no quiero jamás poseer la imagen de quien no lo tiene, de quien tiene que luchar por vías sacrificadas por lo que quiere. Los sigo con devoción aún en sus fechorías porque así es el mundo, por que así es que existen las guerras, por que así es como uno toma lo del otro, porque el más fuerte debe ganar porque así es nuestra naturaleza; estoy con ellos con esa ceguera fascista de alguien a quien le han inculcado que es el mejor, que debe ser exitoso siempre (justo como se les hizo saber a aquellos frustrados alemanes que se creían aún la mejor sociedad del mundo de aquel tiempo post primera guerra mundial y dieron cabal apoyo al exterminio de los “menos” de los que no merecían convivir con ellos en la supremacía de su existir). Estoy con ellos porque la dócil civilidad de mi existir no debe ser quebrantada por nada, por ningún motivo por justificado que parezca, porque mi paz legendaria de ser superior vale más que la buscada paz de quien no vive en paz desde hace mucho y así debe quedarse. Estoy con ellos y, sintiéndome parte de tal élite, me mofo de la estúpida rebelión de los jodidos, de los seguidores de un loco, de un peligro, de quien se aferra al poder, de quien ha tomado secuestrada a una ciudad sin motivo alguno, sin justificación, porque, repitiendo, nada justifica la perturbación de la suprema paz de quienes pagan por ella, valiéndose de medios injustos muchas veces. Estoy con ellos por que estoy al frente de una guerra que habremos de ganar pues tenemos todas las herramientas para aplastarlos, para desgastarlos, para desmoralizarlos, para humillarlos, para dejarles en claro quién tiene las riendas y a quien se debe respetar. Estoy con ellos porque nunca jamás a su lado pasaré por indio, por naco, por jodido, por necesitado. Estoy con ellos por una convicción inquebrantable como mi alma redimida.
Respeto a mucha gente, pero aún no conozco al ciudadano con esta idiosincrasia al cual respetar, a ese que se descubre, que se postra de frente y confronta directamente. Sólo hallo a muchos con esta mentalidad que van cándidos ensartando de soslayo ponzoña. Muchos otros hay que discrepan por razones mucho más de fondo, con mucho de convicción, y así se les conoce, sin tapujos.
¿Cuántos más por qué?

*Quizás no sea esa la idiosincrasia…*
Enfrascados en la ficción de ese cine ramplón de Hollywood quizás muchos le den ese mismo valor ficticio a los hechos que se viven y confirman aquí: Leen, ven, escuchan sobre esa realidad que tiene mucha verosimilitud con su realidad pero que no deja de parecerles ficción. Alejados del medio de comunicación quizás se dicen para sí:”La película que vivo en este país tiene efectos espectaculares, geniales efectos especiales y un argumento estupendo como de telenovela de azcárraga”. Quizás se engañen pensando que esos personajes envestidos en caracteres de grandes políticos y empresarios corruptos después de todo no sean malos, y no deban ser tomadas por ciertas las evidencias en su contra del filme. Llegan a casa, se acomodan frente a su computadora y envían correos chistosos, chispa, nostálgicos, de humor político, despepitan contra aquello que altera el orden, haciéndolo de forma exaltada. Después van y duermen plácidamente, sueñan con angelitos (blancos) y se saben descansando en paz.
La vida es así. Las instituciones son así.
Se debe vivir en paz.
Escuchando:
Un misil en mi Placal - Soda Stereo
sábado 19 de agosto, 2006 - 15:31
*Léele aquí:*
* Blog de Ixca *
*Ahumada Gate caminando…*
Escuchando:
Enre Canibales - Soda Stereo
lunes 14 de agosto, 2006 - 22:02

Peace Calligraphy
I
Una quinta de infantes arremete a diario pateando balones en la cancha que se encuentra enfrente de la casa que habito. De entre cierta cantidad de chutes malogrados unos pocos llegan a estrellarse con mi puerta, o ya bien en pleno costado del auto. Es este un problema que no sé bien cómo afrontarlo siendo que los niños juegan dentro del área delimitada para ello. Perturban mi paz, de alguna forma.
Una manifestación sindical hace bola en un crucero cercano a mi zona vecinal y detiene el tráfico por varias horas en espera de resolución. El gobierno no sabe cómo pero llega a un acuerdo con ellos, sin poder evitar perturbar la paz de los conductores perjudicados.
Uno a uno, los problemas de la ciudad se suman, se adhieren al número de problemas en el estado, en el país. Manifestaciones, mítines, marchas, conglomeraciones, un sinfín de eventos que quebrantan la buena paz de los ciudadanos responsables, buenos, queridos, mancillados, molestados.
No se entiende muchas veces que el principio de Entropía es irreversible, y que la añorada paz nunca será plena y que las implicaciones filosóficas de alcanzarla devendrían en muchas otras inconformidades. Ese pathos que nos sigue por doquier. Entender entonces el límite aceptable es vago, pues no se encuentra bien delineado y es difícil, por tanto, dirimir controversias minúsculas.
Es entonces que en vez de secar gota por gota, debiéramos intentar primero detener la fisura en el techo en estas épocas torrenciales del año.
II
Leo entretenido a un grupo de personas debatiendo y replicándose acaloradamente por detalles, por diferencias numerales, por diferencias de actitud. Exponen fanáticamente argumentos que dan por válidos con una seguridad que parece insuperable. Se asestan adjetivos como golpes, algunos fallidos, otros de lleno en la mandíbula. Ningun exponente cae. Sin duda, estoy leyendo a personajes que en su andar diario deben ejecutar una vida tan contundente como sus escritos, con aquella seguridad, llevando a término todos los principios que defienden.
Delegando, pues, las opiniones de los detalles a quienes mejor lo hacen y sin temor a juzgar mal en torno al proceso electoral aún inconcluso en México, puedo decir lo siguiente:
Aunque se avienten platos y jarrones entre partidos, algo que es inocultable es que el resultado de las elecciones no fue como todos hubiéramos esperado; es decir, claro en demasía en favor de uno; claro de forma irrevocable; claro de forma inimpugnable; claro desde un principio y hasta el final. Se infiere, por sentido común, que la diferencia resultante a favor de uno sirva de argumento para que los que votaron a favor de esa opción despilfarren por doquier opiniones en torno a lo limpio del evento del 2 de julio. Un temperamento más crítico y objetivo aceptaría lo problemático que la diferencia cerrada crea sin dejar de afirmar convencido que su opción es la que saldrá ganadora. Pero es difícil hallar esto. Un problema, sin duda.
Tenemos entonces una opinión dividida; o que al menos así se le hace ver en los medios de comunicación, en esos mismos medios que mantuvieron la boca cerrada en la dictadura priísta, esos medios que saben manejarse políticamente de forma casi siempre correcta. Ergo, tenemos, además de unas elecciones con ganador no claro, fuentes de información que tropiezan con la objetividad, que no pueden esquivar el amarillismo y la tendencia (misma que no importaría de haber tendido elecciones con ganador claro).
De Fondo se ve a ciudadanos inconformarse, a otros inconformarse por los que se inconforman, y pronto saldrán del baúl los que se inconformen por los inconformes por los que se inconforman. Para unos los fines justifican los medios, para otros los medios son el fin último y sometible a reprobación. De Forma se dibuja un país en revuelta, lleno de inconformes por doquier. Los que tienen están inconformes por los gritos de los que no tienen. Los que no tienen inconformes por la pasividad permisible de los que tienen. Inconformidad. Pulula, acecha. Y cabe preguntarse si esto no es consecuencia de un país con un gobierno federal y gobiernos estatales sin carisma, sin un proyecto claro unificado y definido, sin dar suficientes respuestas a sus gobernados, sin atenderlos debidamente, sin evitar polarizaciones, segmentaciones culturales, sin lograr conformar un fin común, una unidad común que logre salvar todas las grandes diferencias que ahora nos parecen insuperables.

III
Tenemos de frente, pues un problema social mayor a una manifestación, a una playera blanca, o a autoproclamaciones con desgano. Es un problema de raíz cuya solución se fue delegando de sexenio amasafortunas a sexenio amasafortunas. Es, por tanto, explicable el radicalismo que se ve en ciudadanos de uno u otro bando, el fanatismo argumental, la exasperación por los motivos del otro, la intolerancia, la maximización de los hechos.
Sólo queda evitar estas tendencias fanáticas y no hacer caso omiso de injusticias evidentes en pos del triunfo de nuestro sufragio. Necesitamos un triunfo electoral sobradamente claro respaldado por instituciones auditablemente incólumes tanto en su credibilidad como en solvencia moral y ética.
IV
Amén.
Escuchando:
Violently Happy - Björk
sábado 12 de agosto, 2006 - 21:57

Uno a uno, poco a poco, la vida, mi vida, se va llenando de matices que van tapizando esos recovecos, esas áreas olvidadas, pasadas por alto veces tantas. No colman, acompañan; no están de más, me hacen más; se quedan, permanecen para nutrirme de vida. Hoy, el Hoy se me presenta como tal, sin tapujos, y así le devuelvo la presentación, sin reverencias de más, más de tú a tú, sin perderle respeto. El ayer de a poco se hace mi mejor camarada. Al mañana pretendo alcanzarlo con cada Hoy de la mano y con el ayer dándome ánimos.
Últimamente he coincidido más a menudo conmigo, y nos hemos llevado bien. Ajusta mi compañía y viceversa.
Escuchando:
Pink Floyd -Is there anybody out there?
viernes 11 de agosto, 2006 - 20:15

*Institucionalmente Inconstitucional*
Muy al pesar de todos aquellos que viven su mexican dream pachucón, en nuestro país las Instituciones (esas a las que se hace referencia continuamente ahora) hasta hace muy poco eran impuestas por maquinaria de una dictadura (*perfecta*, a decir de Vargas Llosa en el Salinato, lo que le valió recibir un invitación del tipo “comes y te vas” como la que recientemente haría valientemente nuestro Vinzonte al Cubano milenario). Según la Real Academia Española, “institución” de la lengua (ortodoxa) por antonomasia (perfectible, afortunadamente) se entiende por Institución:
(Del lat. institutĭo, -ōnis).
1. f. Establecimiento o fundación de algo.
2. f. Cosa establecida o fundada.
3. f. Organismo que desempeña una función de interés público, especialmente benéfico o docente.
4. f. Cada una de las organizaciones fundamentales de un Estado, nación o sociedad. Institución monárquica, del feudalismo.
5. f. desus. Instrucción, educación, enseñanza.
6. f. pl. Colección metódica de los principios o elementos de una ciencia, de un arte, etc.
7. f. pl. Órganos constitucionales del poder soberano en la nación.
Ser alguien una ~.
8. fr. Tener en una ciudad, empresa, tertulia o cualquier otra agrupación humana el prestigio debido a la antigüedad o a poseer todos los caracteres representativos de aquella.
Se deduce pues que una Institución es algo benéfico, así de simple, o al menos pretende serlo. Bien. Muchas de las instituciones de que ahora disponemos, entendidas como tales, han surgido muy recientemente y pretenden llegar a tener el grado de adjetivación del término según el cual realmente tengan un prestigio incólume e inmaculado. Por ahora, aún no es así, desafortunadamente. Una verdadera lástima, sobre todo cuando más de un Organismo internacional ha encontrado irregularidades graves en estas instituciones y se ha tomado poca acción al respecto. Luego entonces, a las instituciones se nos conmina a respetarles, a ayudar a que su perfeccionamiento sea llevada a cabo, en el entendido de que son susceptibles de corrección, para lo cual hay otras “instancias institucionales” a las cuales acudir. Y así la cadena hasta que tenemos que llegar a lo que indudablemente es el Órgano, la Institución máxima: la Suprema Corte (no la de trespatines) de Justicia (SCJ). Para fines prácticos y sin muchos rodeos se puede llegar, legalmente, a poner en duda toda institución que esté por debajo de ella (cuando los elementos y evidencias lo ameriten), mas llegar a desconocer a la SCJ implica, por razones lógicas, un desconocimiento del estado y la evidencia de un movimiento revolucionario, o ya bien, un golpe de estado.
Hoy en día con tantos sucesos recientes, quien asuma una credibilidad dócil en instituciones es porque es muy ciego, trabaja en alguna de ellas, y/o planea trabajar en ellas (por cualesquiera medio de que se valga para llegar a ese fin). Sin duda, el deber de los ciudadanos es trabajar para que las instrucciones mejoren y una forma de hacerlo es evidenciando faltas. Si la siguiente administración llega al poder por vía de dicho desconocimiento es por que hoy es posible hacerlo dadas las circunstancias y le tocará turno de perfeccionarlas para que no se repita, y nuestro deber será, de igual forma, exigir resultados. Es esta una lógica mucho menos primitiva que decir:
¡oh diantres, cielos, dios mío, este señor desconoce instituciones, ¿qué se espera de él para con las mismas al llegar a la presidencia?.
Esta mentalidad supone que ante una injusticia debe asumirse una católica resignación inmaculada. No se espera eso, de ninguna forma, de nadie. De haberse asumido esta posición siempre, ningún movimiento social mundial hasta ahora habría visto razón de ser.
Es válido discernir pero no asumir posturas fundamentalistas y chauvinistas. Cuando se tiene que elegir una de dos opciones, y en vez de hacer una elección afirmativa (postiva) se hace una negativa ¿no se está eligiendo por obviedad la opción no negada? Sirva de ayuda para quienes acuden a este desconocimiento de una opción.
*Anexo 1.*
Para quienes se informan únicamente vía tv, los resultados del reconteo no muestra discrepancias (¿será porque enseñan el reconteo hecho en distritos más amarillos que el sol, como el DF?)
Para aquellos que se allegan de información de más medios de comuniación, queda claro que en distritos panistas se confirman irregularidades.
Como dice el vendido brozo vestido del payaso trujillo, todo depende del cristal con que se mire.
Salud.
PD: Si no respetas la llana institución gramatical, sintáctica y ortográfica de lo que redactas, ¿Cómo puedes entonces pretender que respetas algo que es más complejo y querer contagiar tu idolatría por instituciones? Congruencia.
Escuchando:
Silvio Rodriguez - Hoy mi deber era
miércoles 09 de agosto, 2006 - 20:00

Rescato un artículo de Denisse Dresser previo a las elecciones y que deja vislumbrar lo que hoy vivimos: ese aferramiento al poder.
———-
El odio a primera vista. El temor destilado. La mezcla de ambos sentimientos en la campaña del PAN contra Andrés Manuel López Obrador. Día tras día, spot tras spot, declaración tras declaración, los panistas atizan dos sentimientos que van de la mano. Porque no hay odio sin miedo. Porque el odio es el miedo cristalizado, objetivizado, su dividendo: odiamos lo que tememos y el odio florece donde el miedo acecha. El PAN promueve el miedo a un candidato y piensa que tiene derecho a hacerlo por lo que dice y ha hecho. Pero eso es sólo parcialmente cierto. El miedo a AMLO que los panistas siembran y ciertos sectores del país cosechan es en el fondo miedo al país.
Miedo a ese país de pobres, de ‘nacos’ , de indígenas, de desarrapados. Miedo a quienes viven parados en los camellones vendiendo chicles o subsisten en el campo cultivando maíz. Miedo a los mineros enojados y a los cañeros sublevados. Miedo a los resentidos y a los marginados. Miedo a mirar la realidad del subdesarrollo detrás de la retórica de la modernidad. Miedo a la verdad y a nosotros mismos. Miedo a mirar al país tal y como es. Detrás de los mitos. Detrás de las cercas electrificadas cada vez más altas en Las Lomas. Detrás de la hipocresía fundacional en un país profunda y dolorosamente desigual.
Ese miedo al México que hemos construido, disfrazado de rechazo a una persona a la cual se erige como el antiCristo. “ Un peligro para México “. En todas las conversaciones, en todos los cocteles, en todas las cenas. Mensajes reiterativos, repletos de descalificaciones, enviados a través del internet sobre AMLO. Ignorante. Autoritario. Deshonesto. Cobarde. Demagogo. Violento. Anti-institucional. Mentiroso. Tiene personalidad múltiple. A un compañero lo golpeó cuando le daba la espalda con una pelota de beisbol (después murió). Junto con Hugo Chávez y Fidel Castro creará una América comunista. Aborrece a la gente con dinero. Mató a su hermano. En realidad usa relojes caros y trajes Hugo Boss. Es un naco. Sólo gobernará para los pobres. Su única forma de expresarse es a través de expresiones coloquiales. Una tras otra, preocupaciones legítimas acompañadas de juicios que no lo son.
Una tras otra, percepciones fundadas acompañadas de prejuicios escondidos. Porque como lo escribió Burke, ninguna pasión roba a la mente de sus poderes de actuación y razonamiento como el miedo. Ese miedo que desquicia, que enardece, que polariza. Ese miedo que el PAN detecta y comercializa en las pantallas de televisión. Ese miedo que impide evaluar a López Obrador con la cabeza fría y el corazón en calma. Que obstaculiza la critica necesaria basada en los hechos y no en las diatribas. Que impide ver lo bueno y lo malo de su gestión en el Distrito Federal. Lo positivo y lo negativo de su proyecto alternativo de nación. Lo aplaudible y lo criticable de las propuestas que ha planteado.
Esa labor de discernimiento que una ciudadanía consciente debería asumir como obligación, frente a López Obrador y también frente a sus contrincantes. Esa tarea de externar las preocupaciones legítimas en torno a los derechos de propiedad, la irresponsabilidad fiscal, el alivio a la pobreza acompañado de la creación de riqueza. Esa tarea que hoy quienes odian con virulencia no pueden llevar a cabo. Están demasiado ocupados odiando, vociferando, vituperando. Odiando, quizás, por un sentido de culpa. Temiendo, quizás, porque viven con la conciencia intranquila. Porque cuando se odia tanto a una persona se está odiando algo que es demasiado profundo y poderoso para ser asumido de manera consciente. Porque cuando se odia tanto a una persona, se está odiando también parte de uno mismo, como escribió Herman Hesse en Demian. Lo que no forma parte de una persona no preocupa, pero López Obrador preocupa precisamente por lo que revela de México y su población.
Por ese espejo que coloca ante los ojos del país y quienes han permitido que sea como es hoy. Un lugar rico con muchos pobres. Un lugar con más multimillonarios que Suiza, según la lista más reciente de la revista Forbes. Donde gran parte de las fortunas han sido acumuladas en sectores con poca o ninguna competencia y protegidos por el gobierno. Donde funcionarios de Telmex están intentando bloquear la aprobación de la nueva ley competencia porque buscaría precisamente fomentarla. Donde según un estudio reciente de la ONG Fundar, 7 de cada 10 mexicanos padecen un abuso de autoridad cada vez que pisan un Ministerio Público. Donde el 94 por ciento de los delitos no son resueltos. Donde el 40 por ciento de las mujeres dicen haber padecido la violencia doméstica. Donde los responsables del Pemexgate son premiados con una senaduría. Donde 17 millones de personas viven en pobreza extrema. Datos duros de un país donde la vida es difícil para la mayoría de quienes sobreviven en él.
Eso es lo que debería provocar miedo. Eso es lo que debería producir temor. Eso es lo que los mexicanos deberían combatir y cuestionar y odiar y recordarle a los candidatos presidenciales, todos los días a toda hora. Y eso es lo que explica que Andrés Manuel López Obrador sea puntero con posibilidades reales de ganar, aunque no tenga la mejor propuesta para gobernar. Hay demasiados mexicanos para los cuales el país no funciona. Hay demasiados mexicanos para quienes más de lo mismo significaría peor de lo mismo. Hay demasiados mexicanos que buscan una transformación a fondo del país que los ha excluido o maltratado o ignorado. Y también hay demasiados mexicanos que no lo entienden, para los cuales el país marcha. El país avanza. El país les permite vivir bien, aunque sea detrás de muros cada vez más elevados. Aunque sea con miedo.
Por eso el mismo líder que es carismático para los desposeídos cuya salvación está en el cambio es peligroso a los ojos de quienes no ven en el cambio la respuesta, sino la ruina. La esperanza de unos es el miedo de otros. Y el miedo es un garrote usado, a lo largo de la historia, por los sacerdotes y los reyes y los presidentes y los candidatos para evitar que la gente recobre bienes robados. Bienes públicos que han sido privatizados, monopolizados, arrebatados. ¿Qué es y ha sido más peligroso para México? ¿López Obrador o un sistema socioeconómico que concentra la riqueza y no quiere distribuirla de manera más justa? ¿López Obrador o élites políticas, sociales y empresariales satisfechas con las tajadas que se sirven? El odio feroz a AMLO ata a sus críticos a un adversario falso. El verdadero peligro para México no es un hombre, sino la resistencia de tantos a compartir el país y gobernarlo mejor.
*Artículo aparecido en el periódico Reforma el 24 de abril de 2006.*
Escuchando:
SUFFRAGETTE CITY - Bowie
miércoles 09 de agosto, 2006 - 13:00

Rescato un artículo de Denisse Dresser previo a las elecciones y que deja vislumbrar lo que hoy vivimos: ese aferramiento al poder.
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El odio a primera vista. El temor destilado. La mezcla de ambos sentimientos en la campaña del PAN contra Andrés Manuel López Obrador. Día tras día, spot tras spot, declaración tras declaración, los panistas atizan dos sentimientos que van de la mano. Porque no hay odio sin miedo. Porque el odio es el miedo cristalizado, objetivizado, su dividendo: odiamos lo que tememos y el odio florece donde el miedo acecha. El PAN promueve el miedo a un candidato y piensa que tiene derecho a hacerlo por lo que dice y ha hecho. Pero eso es sólo parcialmente cierto. El miedo a AMLO que los panistas siembran y ciertos sectores del país cosechan es en el fondo miedo al país.
Miedo a ese país de pobres, de ‘nacos’ , de indígenas, de desarrapados. Miedo a quienes viven parados en los camellones vendiendo chicles o subsisten en el campo cultivando maíz. Miedo a los mineros enojados y a los cañeros sublevados. Miedo a los resentidos y a los marginados. Miedo a mirar la realidad del subdesarrollo detrás de la retórica de la modernidad. Miedo a la verdad y a nosotros mismos. Miedo a mirar al país tal y como es. Detrás de los mitos. Detrás de las cercas electrificadas cada vez más altas en Las Lomas. Detrás de la hipocresía fundacional en un país profunda y dolorosamente desigual.
Ese miedo al México que hemos construido, disfrazado de rechazo a una persona a la cual se erige como el antiCristo. “ Un peligro para México “. En todas las conversaciones, en todos los cocteles, en todas las cenas. Mensajes reiterativos, repletos de descalificaciones, enviados a través del internet sobre AMLO. Ignorante. Autoritario. Deshonesto. Cobarde. Demagogo. Violento. Anti-institucional. Mentiroso. Tiene personalidad múltiple. A un compañero lo golpeó cuando le daba la espalda con una pelota de beisbol (después murió). Junto con Hugo Chávez y Fidel Castro creará una América comunista. Aborrece a la gente con dinero. Mató a su hermano. En realidad usa relojes caros y trajes Hugo Boss. Es un naco. Sólo gobernará para los pobres. Su única forma de expresarse es a través de expresiones coloquiales. Una tras otra, preocupaciones legítimas acompañadas de juicios que no lo son.
Una tras otra, percepciones fundadas acompañadas de prejuicios escondidos. Porque como lo escribió Burke, ninguna pasión roba a la mente de sus poderes de actuación y razonamiento como el miedo. Ese miedo que desquicia, que enardece, que polariza. Ese miedo que el PAN detecta y comercializa en las pantallas de televisión. Ese miedo que impide evaluar a López Obrador con la cabeza fría y el corazón en calma. Que obstaculiza la critica necesaria basada en los hechos y no en las diatribas. Que impide ver lo bueno y lo malo de su gestión en el Distrito Federal. Lo positivo y lo negativo de su proyecto alternativo de nación. Lo aplaudible y lo criticable de las propuestas que ha planteado.
Esa labor de discernimiento que una ciudadanía consciente debería asumir como obligación, frente a López Obrador y también frente a sus contrincantes. Esa tarea de externar las preocupaciones legítimas en torno a los derechos de propiedad, la irresponsabilidad fiscal, el alivio a la pobreza acompañado de la creación de riqueza. Esa tarea que hoy quienes odian con virulencia no pueden llevar a cabo. Están demasiado ocupados odiando, vociferando, vituperando. Odiando, quizás, por un sentido de culpa. Temiendo, quizás, porque viven con la conciencia intranquila. Porque cuando se odia tanto a una persona se está odiando algo que es demasiado profundo y poderoso para ser asumido de manera consciente. Porque cuando se odia tanto a una persona, se está odiando también parte de uno mismo, como escribió Herman Hesse en Demian. Lo que no forma parte de una persona no preocupa, pero López Obrador preocupa precisamente por lo que revela de México y su población.
Por ese espejo que coloca ante los ojos del país y quienes han permitido que sea como es hoy. Un lugar rico con muchos pobres. Un lugar con más multimillonarios que Suiza, según la lista más reciente de la revista Forbes. Donde gran parte de las fortunas han sido acumuladas en sectores con poca o ninguna competencia y protegidos por el gobierno. Donde funcionarios de Telmex están intentando bloquear la aprobación de la nueva ley competencia porque buscaría precisamente fomentarla. Donde según un estudio reciente de la ONG Fundar, 7 de cada 10 mexicanos padecen un abuso de autoridad cada vez que pisan un Ministerio Público. Donde el 94 por ciento de los delitos no son resueltos. Donde el 40 por ciento de las mujeres dicen haber padecido la violencia doméstica. Donde los responsables del Pemexgate son premiados con una senaduría. Donde 17 millones de personas viven en pobreza extrema. Datos duros de un país donde la vida es difícil para la mayoría de quienes sobreviven en él.
Eso es lo que debería provocar miedo. Eso es lo que debería producir temor. Eso es lo que los mexicanos deberían combatir y cuestionar y odiar y recordarle a los candidatos presidenciales, todos los días a toda hora. Y eso es lo que explica que Andrés Manuel López Obrador sea puntero con posibilidades reales de ganar, aunque no tenga la mejor propuesta para gobernar. Hay demasiados mexicanos para los cuales el país no funciona. Hay demasiados mexicanos para quienes más de lo mismo significaría peor de lo mismo. Hay demasiados mexicanos que buscan una transformación a fondo del país que los ha excluido o maltratado o ignorado. Y también hay demasiados mexicanos que no lo entienden, para los cuales el país marcha. El país avanza. El país les permite vivir bien, aunque sea detrás de muros cada vez más elevados. Aunque sea con miedo.
Por eso el mismo líder que es carismático para los desposeídos cuya salvación está en el cambio es peligroso a los ojos de quienes no ven en el cambio la respuesta, sino la ruina. La esperanza de unos es el miedo de otros. Y el miedo es un garrote usado, a lo largo de la historia, por los sacerdotes y los reyes y los presidentes y los candidatos para evitar que la gente recobre bienes robados. Bienes públicos que han sido privatizados, monopolizados, arrebatados. ¿Qué es y ha sido más peligroso para México? ¿López Obrador o un sistema socioeconómico que concentra la riqueza y no quiere distribuirla de manera más justa? ¿López Obrador o élites políticas, sociales y empresariales satisfechas con las tajadas que se sirven? El odio feroz a AMLO ata a sus críticos a un adversario falso. El verdadero peligro para México no es un hombre, sino la resistencia de tantos a compartir el país y gobernarlo mejor.
*Artículo aparecido en el periódico Reforma el 24 de abril de 2006.*
Escuchando:
SUFFRAGETTE CITY - Bowie
viernes 04 de agosto, 2006 - 20:42
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*Dorado Ostracismo Indefinido*
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En espacios donde se “bloguea” como éste, he hallado un fervor por la opinión política (que igual padezco), muy ad hoc con las turbulencias electorales en vigor. Dentro de todo ese mar de letras, párrafos, caricaturas interpretadas bien se pueden distinguir algunas idiosincrasias peculiares.
Los hay quienes vierten opiniones con una tendencia clara, sin enmascarar que optan por un partido / ideología / mesías / caudillo / inflado / etc. Aquí, dentro de este grupo de definidos, los hay aquellos que de plano miran ciegamente su fe, dogmatizan, descalifican a diestra y siniestra, y no hay poder en el mundo que les haga ver que aún cuando alguien apoye algo puede ser objetivo realizando crítica “desde adentro”. Encontrarlos panistas, perreditsas, prisitas o doctorsimistas es lo de menos; lo de más es su intransigencia, su tendencia a la belicosidad escrita (infiero que la verbal también por congruencia). Son estos, básicamente los que, puedo asegurar, también mandan esos famosos correos electrónicos “forwards” masivamente con videos y presentaciones “ppt” con humor / sátira política de muy baja calaña. Por otro lado, existen definiciones menos fanáticas y que acuden mucho más a la mirada objetiva, informada, dando pero sin conceder ciegamente. Se les puede criticar que hayan optado algo cuando las posibles elecciones están para llorar, cosa que su supuesto grado de objetividad les debería dejar dilucidar.
Luego, entonces, los hay quienes de plano no se definen, quizás por la razón expuesta en la última parte del anterior párrafo, quizás por flojera, quizás por otras razones que desconozco. Por principio de cuentas la indefinición debería suponer un completo desconocimiento de las posibilidades actuales pero esto les llevaría, sin duda, a una obligación ética: formar, crear, hacer una opción, una variante, una posibilidad que les satisfaga y procurar llevarla a término. No he conocido a ninguno de este tipo. En cambio es común hallar a quienes se postulan indefinidos (aunque muchos simplemente finjan pues sus letras publicadas les delatan) y sólo acuden a la descalificación, a apuntar errores en uno u otro lado (a veces más hacia un lado, lo que hace sospechosa su malquerida postura). No hay uno sólo de estos que apunte aciertos. Y ahí se quedan, aventando piedritas desde su rincón; sintiéndose cada uno solo, un simple mortal que bloguea desde una postura comodina desde la cual parecería que nadie les criticaría pues sólo es común ver batalla entre gente definida. Sacro error. Se les puede juzgar por no proponer nada, por abdicar en ostracismo.
Aunque encuentre errores y tendencias sospechosas en las elecciones posibles no recurro a la soberbia de apartarme de ellos e inventarme que soy hacedor de opciones, no aún.
No hallo más que agregar, me come el tiempo. Es viernes y no puede faltar un poco de garnacha en barriga.
Saludos a quien a haya llegado a este punto (no muchos comúnmente).
Escuchando:
Frank Viehweg - Der Sture (El Necio)
viernes 04 de agosto, 2006 - 01:00
Blog de Ixca
Escuchando:
Fran Viehweg - Der Sture (El Necio)
jueves 03 de agosto, 2006 - 22:12
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*CANCIÓN EN HARAPOS*
Silvio Rodríguez

Que fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar
del manifiesto marxista y la historia del hambre
que fácil es suspirar
ante el gesto del hombre que cumple un deber
y regalarle ropitas a la pobrecita hija del chofer
que fácil de enmascarar sale la oportunidad.
Que fácil es engañar al que no sabe leer
cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués.
Que fácil es trascender con fama de original
pero se sabe que entre los ciegos el tuerto suele mandar
que fácil de apuntalar sale la vieja moral
que se disfraza de barricada
de los que nunca tuvieron nada
qué bien prepara su mascara el pequeño burgués.
Viva el harapo señor
y la mesa sin mantel
viva el que huela a callejuela
a palabrota y taller.
Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir
la caravana en harapos de todos los pobres
desde un mantel importado y un vino añejado se lucha muy bien
desde una mesa gigante y un auto elegante
se sufre también
en un amable festín se suele ver combatir.
Si fácil es abusar más fácil es condenar
y hacer papeles para la historia para que te haga un lugar.
Que fácil es protestar por la bomba que cayó
a mil kilómetros del ropero y del refrigerador
que fácil es escribir algo que invite a la acción
contra tiranos, contra asesinos
contra la cruz o el poder divino
siempre al alcance de la vidriera y el comedor.
Viva el harapo señor
y la mesa sin mantel
viva el que huela a callejuela
a palabrota y taller.
Escuchando:
Canción en Harapos - Silvio Rodríguez
miércoles 02 de agosto, 2006 - 18:59
Porque siempre queda la esperanza de uso del sentido común
Medición e Incertidumbre de la Medición
Cualquiera ha empleado una báscula o la ha visto funcionando. Lo mismo sucede con una regla común y corriente. Parece fácil medir con ellos: lo es, en parte.
Así pues tenemos instrumentos y patrones de medida. Para los instrumentos se tiene el error instrumental y en caso de lo patrones su desviación respecto a un valor nominal. Esto trae a colación que cualquier medida hecha o referenciada a un patrón lleva consigo la duda de haber medido algo con exactitud: Nada puede medirse con fiel exactitud, así que se opta por llamar a un valor medido como “convencionalmente verdadero”. Hecha esta presentación cabe traer a tema la palabra incertidumbre de la medición. Esto es, básicamente, que puedes asumir que el valor medido que reportas pude estar sujeto a una incertidumbre; vamos, que lleva un grado de variación, que si repites la medición es muy probable que midas lo mismo o que midas algo muy cercano a la primera medición. Lo que se hace entonces es usar métodos estadísticos para colocar junto a un valor medido un grado de incertidumbre.

Por ejemplo: sea que tengo una pesa patrón de 10 g (cuyo valor reportado por quien lo calibró también introduce una incertidumbre de su medición, un valor pequeño, del orden de miligramos) y con ella pongo a prueba una báscula de tortillería. La báscula, por principio de cuentas no es capaz de medir en miligramos por lo que la pequeña desviación de la pesa pasa desapercibida. Ahora bien, si quien mide no conoce el valor valor nominal, seguramente no medirá siempre 10 g exactos. Hagámoslo medir 20 veces y veremos que si la división mínima de la escala graduada de la báscula es de 1 g, entonces las mediciones hechas variaran comúnmente más menos el valor de una división, es decir, 1 g. Entonces, podemos ver que además del probable error del instrumento, también afecta el entorno, quien mide, etc. Es práctica común calcular el valor de incertidumbre de mediciones a nivel industria en 98% de certeza. Así puedo decir que la báscula del ejemplo midió en 9 gramos una pesa de 10 gramos (error instrumental de 1 g) y se reporta este valor de medición con un +/-0,6 g de incertidumbre con un 98% de certeza, por ejemplo.
Equipos Cuentavotos y Fraude
Llevo esto a un caso pragmático. Tengo un proceso que cuenta votos. Un proceso que para dar un resultado final pasa por muchos subprocesos, por muchos equipos humanos cuentavotos. En el caso de las pasadas elecciones se tienen aproximadamente 130,500 casillas (130,500 equipos cuentavotos). Suponiendo 40 millones 690 mil votantes repartidos en estas casillas tendríamos en promedio 311 votos a contar por casilla. Ahí está la chamba. Claro que no es lo mismo medir 1 kg de tortillas azules que esta cantidad de votos. Veamos cuales son los factores que se involucran en la medición tal:
Factor humano contando 311 votos por casilla.
Factor humano asentando estas cifras contadas en las actas de casilla.
Factor humano que “interpreta” cuando una boleta es anulada (recordemos que el porcentaje de boletas anuladas fue de aprox. 1%)
Factor humano capturando en sistema de cómputo el conteo de casillas y de ahí al conteo distrital, al conteo por circunscripción y hasta llegar al Gran Total.
Equipos de cómputo con programas (que debieran estar debidamente validados) para la sumatorias de votos de todas las fuentes existentes.
Grosso modo eso serían los factores principales.
¿Para cuanto nos gusta que ronde la variabilidad de la medición de votos? Hay quienes se espantan cuando se dice que podría ser del 1% del total, pues esto implica 400 000 votos. Yo lo observo desde una perspectiva más a ras de suelo. Supongo simplemente que al contar un casilla con 311 votos y se contabilizaran mal 2 votos (el 0,6%), entonces el número total de estos votos de todas las casillas sumaría cerca de 261 000 votos. Nuestras pasadas elecciones se han definido , según datos del IFE, por 0,58%, es decir, 236,000 votos.
A los factores anteriores sumémosle las irregularidades encontradas en miles de casillas. ¿el 1% de variabilidad es suficiente? Podría ser mayor.
*Es decir que el proceso de conteo de votos posee una incertidumbre mayor que la diferencia que hay entre los dos candidatos punteros*. Con esta base se apuesta todavía a un conteo voto por voto en el supuesto de que los valores asentados en las actas no correspondan a los votos reales sufragados (un factor más). Con todo, la medición sólo se hizo una sola vez antes de asentarla en las actas. Debemos recordar que la repetición de una medición da más certidumbre al valor reportado.
Un segundo recuento es imprescindible para constatar lo antes contado. Incluso sería una medición más confiable dado que la primera se hizo de forma apresurada en el afán de tener certeza de un ganador.
El somero desglose de letras aquí expuesto daría para que un Tribunal conformado por personas en exceso capaces (como el que se supone tenemos) hubieran ya dado un veredicto. No sé que esperan. Con cada nueva denuncia de irregularidades se confirma la necesidad de hacer nuevamente un recuento, y si persistiera la duda, tomar las medidas necesarias.

Sobre el PAN
Saliendo de lo meramente técnico en la explicación de las variables de medición de votos y su interpretación, me aventuro a hacer conjeturas de incertidumbre política:
*Uno.* El PAN como fuerza política llevó a Fox en el 2000 a ganar con relativa claridad, siendo oposición y derrotando al candidato del partido en el poder. Una lógica bastante precaria llevaría a pensar que en estas elecciones deberían haber ganado contundentemente. Elemento causante de “sospechosismo” que tengan que padecer ahora este calvario de incertidumbre. Mi explicación es que quitando su peso e injerencia proselitista de partido en presidencia, no ganan.
*Dos.* Un partido en el poder, después de haber demostrado su fracaso en el gobierno, no tiene candidato sólido a menos de un año de las elecciones. Súbitamente aparece un candidato entre tropezones de los otros que es lanzado. El ascenso prematuro y rápido en las “encuestas” hace dudar al más tonto que eso sea realidad. Mi conclusión de esto es que, así como hace televisa con sus grupitos y cantantes títeres, a Calderón se le insertó de igual forma en los medios y encuestas mañosamente. Vamos, que fue “hecho”, que es una pose, que es un producto “pop”. Pretendían hacer pensar que realmente compitió a la par con AMLO. ¿quién cree aún esto?
*Tres.* ¿Quien cree que un conteo de votos en un país tan grande como México, con más de 40 millones de votos, puede arrojar gráficas de conteo de votos Versus Porcentaje total de votos como las emitidas por el IFE? Gráficas limpias, con una tendencia perfectamente delineada. Vamos, era una gráfica real donde simultáneamente y lo largo del día (amén de las dos horas de diferencia al inicio) se procesaban conteos de Chiapas, del DF, de Jalisco, de Baja California, no una gráfica ejemplificadora de aula de escuela secundaria. Una gráfica real podría tener una tendencia promedio pero los valores discretos que la conforman siempre muestran variaciones. Mi conclusión es que el conteo (hecho dos veces: en conteos rápidos y en el conteo total de actas) es inverosímil, una tomada de pelo al sentido común. Dos conteos donde las gráficas tomaban un curso dramático hacia el final del día, en los horarios estelares de televisión. Caramba, es una mentada de madre a mi jodida inteligencia. ¿Tú les crees? Yo…ya sabes.
*Cuatro.* Un partido acción nacional cuya historia a priori nos remite siempre a un partido patiño del pri, un partido que en su enmascarada oposición legitimaba los triunfos dictatoriales del pri, llega al poder (como sea que se le haya dado): ¿Será capaz de dejar este poder así de primera instancia a los seis años de haberlo obtenido, aún cuando su grado de aceptación haya decrecido considerablemente en ese lapso? ¿No ha sido este un gobierno que se ha congraciado con grandes empresarios (no resolviendo las irregularidades del fobaproa) obteniendo a cambio fidelidad y apoyo en estas elecciones? ¿Está dispuesto a aceptar el señor feudal que alguien venga a poner en tela de juicio la legitimidad de sus territorios? Concluyo que no, que los intereses “devengados” en este sexenio están en busca de prórroga que les permita dar más sendos rendimientos.
*Cinco.* Cabría esperar, considerando mis cuatro puntos anteriores, que saliera algún panista honesto y dejara de lado su máscara de democracia patito, para decir algo así: “ganaremos a costa de lo que sea”. Así podría entender yo que no importan los argumentos, las dilucidaciones técnicas: importa que algo se imponga porque sí. No hay uno sólo aún, todos siguen esforzándose en la careta democrática, según ellos defendiendo algo que a todas luces es turbio. Recurren a (sus) instituciones para legitimar su hurto. La historia se repite pues nunca se esclareció la primera vez.
Incertidumbres políticas, incertidumbres en conteo de votos, incertidumbre en la resolución del Tribunal Electoral del PJF. ¿Alguien se atreve a levantar la mano de un ganador de las elecciones? Hoy más que nunca invoco aquel famoso Sufragio efectivo…
Escuchando:
Canción en Harapos - Silvio Rodríguez
miércoles 02 de agosto, 2006 - 13:00
Porque siempre queda la esperanza de uso del sentido común
Cualquiera ha empleado una báscula o la ha visto funcionando. Lo mismo sucede con una regla común y corriente. Parece fácil medir con ellos: lo es, en parte.
Así pues tenemos instrumentos y patrones de medida. Para los instrumentos se tiene el error instrumental y en caso de lo patrones su desviación respecto a un valor nominal. Esto trae a colación que cualquier medida hecha o referenciada a un patrón lleva consigo la duda de haber medido algo con exactitud: Nada puede medirse nada con fiel exactitud, así que se opta por llamar a un valor medido como “convencionalmente verdadero”. Hecha esta presentación cabe traer a tema la palabra incertidumbre de la medición. Esto es, básicamente, que puedes asumir que el valor medido que reportas pude estar sujeto a una incertidumbre; vamos, que lleva un grado de variación, que si repites la medición es muy probable que midas lo mismo o que midas algo muy cercano a la primera medición. Lo que se hace entonces es usar métodos estadísticos para colocar junto a un valor medido un grado de incertidumbre.

Por ejemplo: sea que tengo una pesa patrón de 10 g (cuyo valor reportado por quien lo calibró también introduce una incertidumbre de su medición, un valor pequeño, del orden de miligramos) y con ella pongo a prueba una báscula de tortillería. La báscula, por principio de cuentas no es capaz de medir en miligramos por lo que la pequeña desviación de 10 g de la pesa pasa desapercibida. Ahora bien, si quien mide no sabe el valor, seguramente no medirá siempre 10 g exactos. Hagámoslo medir 20 veces y veremos que si la división mínima de la escala graduada de la báscula es de 1 g, entonces las mediciones hechas variaran comúnmente más menos un valor de división, es decir, 1 g. Entonces, podemos ver que además del probable error del instrumento, también afecta el entorno, quien mide, etc. Es práctica común calcular el valor de incertidumbre de mediciones a nivel industria en 98% de certeza. Así puedo decir que la báscula del ejemplo midió 9 gramos una pesa de 10 gramos (error instrumental de 1 g) y se reporta este valor de medición con un +/-0,6 g de incertidumbre con un 98% de certeza, por ejemplo.
Llevo esto a un caso pragmático. Tengo un proceso que cuenta votos. Un proceso que para dar un resultado final pasa por muchos subprocesos, por muchos equipos humanos cuentavotos. En el caso de las pasadas elecciones se tienen aproximadamente 130,500 casillas (130,500 equipos cuentavotos). Suponiendo 40 millones 690 mil votantes repartidos en estas casillas tendríamos en promedio 311 votos a contar por casilla. Ahí está la chamba. Claro que no es lo mismo medir 1 kg de tortillas azules que esta cantidad de votos. Veamos cuales son los factores que se involucran en la medición tal:
- Factor humano contando 311 votos por casilla.
- Factor humano asentando estas cifras contadas en las actas de casilla.
- Factor humano que “interpreta” cuando una boleta es anulada (recordemos que el porcentaje de boletas anuladas fue de aprox. 1%)
- Factor humano capturando en sistema de cómputo el conteo de casillas y de ahí al conteo distrital, al conteo por circunscripción y hasta llegar al Gran Total.
- Equipos de cómputo con programas (que debieran estar debidamente validados) para la sumatorias de votos de todas las fuentes existentes.
Grosso modo eso serían los factores principales.
¿Para cuanto nos gusta que ande la variabilidad de la medición de votos? Hay quienes se espantan cuando se dice que podría ser del 1% del total, pues esto implica 400 000 votos. Yo lo observo desde una perspectiva más a ras de suelo. Supongo simplemente que al contar un casilla con 311 y se contabilizaran mal 2 votos (el 0,6%), entonces el número total de estos votos de todas las casillas sumaría cerca de 261 000 votos. Nuestras pasadas elecciones se han definido , según datos del IFE, por 0,58%, es decir, 236,000 votos.
A los factores anteriores sumémosle las irregularidades encontradas en miles de casillas. ¿el 1% de variabilidad es suficiente? Podría ser mayor.
*Es decir que el proceso de conteo de votos posee una incertidumbre mayor que la diferencia que hay entre los dos candidatos punteros*. Con esta base se apuesta todavía a un conteo voto por voto en el supuesto de que los valores asentados en las actas no correspondan a los votos reales sufragados (un factor más). Con todo, la medición sólo se hizo una sola vez antes de asentarla en las actas. Debemos recordar que la repetición de la medición da más certidumbre al valor reportado.
Un segundo recuento es imprescindible para constatar lo antes contado. Incluso sería una medición más confiable dado que la primera se hizo de forma apresurada en el afán de tener certeza de un ganador.
El somero desglose de letras aquí expuesto daría para que un Tribunal conformado por personas en exceso capaces hubieran ya dado un veredicto. No sé que esperan. Con cada nueva denuncia de irregularidades se confirma la necesidad de hacer nuevamente un recuento, y si persistiera la duda, tomar las medidas necesarias.

Saliendo de lo meramente técnico en la explicación de las variables de medición de votos y su interpretación, me aventuro a hacer conjeturas de incertidumbre política:
*Uno.* El PAN como fuerza política llevó a Fox en el 2000 a ganar con relativa claridad, siendo oposición y derrotando al candidato del partido en el poder. Una lógica bastante precaria llevaría a pensar que en estas elecciones deberían haber ganado contundentemente. Elemento causante de “sospechosismo” que tengan que padecer ahora este calvario de incertidumbre. Mi explicación es que quitando su peso e injerencia proselitista de partido en presidencia, no ganan.
*Dos.* Un partido en el poder, después de haber demostrado su fracaso en el gobierno, no tiene candidato sólido a menos de un año de las elecciones. Súbitamente aparece un candidato entre tropezones de los otros que es lanzado. El ascenso prematuro y rápido en las “encuestas” hace dudar al más tonto que eso sea realidad. Mi conclusión de esto es que, así como hace televisa con sus grupitos y cantantes títeres, a Calderón se le insertó en los medios y encuestas mañosamente. Vamos, que fue “hecho”, que es una pose, un producto “pop”. Esto hace pensar que realmente compitió a la par con AMLO. ¿quién cree aún esto?
*Tres.* ¿Quien cree que un conteo de votos en un país tan grande como México, con más de 40 millones de votos, puede arrojar gráficas de conteo de votos Versus Porcentaje total de votos como las emitidas por el IFE? Gráficas limpias, con una tendencia perfectamente delineada. Vamos, era una gráfica real donde simultáneamente y lo largo del día (amén de las dos horas de diferencia al inicio) se procesaban conteos de Chiapas, del DF, de Jalisco, de Baja California, no una gráfica ejemplificadora de aula de escuela secundaria. Mi conclusión es que el conteo (hecho dos veces: en conteos rápidos y en el conteo total de actas) es inverosímil, una tomada de pelo al sentido común. Dos conteos donde las gráficas tomaban un curso dramático hacia el final del día, en los horarios estelares de televisión. Caramba, es una mentada de madre a mi jodida inteligencia. ¿Tú les crees? Yo…ya sabes.
*Cuatro.* Un partido acción nacional cuya historia a priori nos remite siempre a un partido patiño del pri, un partido que en su enmascarada oposición legitimaba los triunfos dictatoriales del pri, llega al poder (como sea que se le haya dado): ¿Será capaz de dejar este poder así de primera instancia a los seis años de haberlo obtenido, aún cuando su grado de aceptación haya decrecido considerablemente en ese lapso? ¿No ha sido este un gobierno que se ha congraciado con grandes empresarios (no resolviendo las irregularidades del fobaproa) obteniendo a cambio fidelidad y apoyo en estas elecciones? ¿Está dispuesto a aceptar el señor feudal que alguien venga a poner en tela de juicio la legitimidad de sus territorios? Concluyo que no, que los intereses “devengados” en este sexenio están en busca de prórroga que les permita dar más sendos rendimientos.
*Cinco.* Cabría esperar, considerando mis cuatro puntos anteriores, que saliera algún panista honesto y dejara de lado su máscara de democracia patito, para decir algo así: “ganaremos a costa de lo que sea”. Así podría entender yo que no importan los argumentos, las dilucidaciones técnicas: importa que algo se imponga porque sí. No hay uno sólo aún, todos siguen esforzándose en la careta democrática, según ellos defendiendo algo que a todas luces es turbio. Recurren a (sus) instituciones para legitimar su hurto. La historia se repite pues nunca se esclareció la primera vez.
Incertidumbres políticas, incertidumbres en conteo de votos, incertidumbre en la resolución del Tribunal Electoral del PJF. ¿Alguien se atreve a levantar la mano de un ganador de las elecciones? Hoy más que nunca invoco aquel famoso Sufragio efectivo…
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El Necio - Silvio Rodríguez
Ixca
Básicamente lucho por sobrevivir