Recorro los caminos de la espiral de la vida,
de fuera hacia adentro,
buscando la estabilidad.
El camino,
tiene una parte clara,
tranquila,
donde el cielo brilla azul,
claro y los niños juegan,
sonríen.
Todo es tranquilo en esa parte del camino,
podría decirse,
que solo con respirar profundo y mirar al cielo ya eres feliz.
La otra parte del camino,
es oscura,
llena de dolor,
de recuerdos,
de cosas que se quieren olvidar,
intentas pasarla lo más rápido que puedes,
apretando el paso,
pero así solo logras clavarte
una y otra vez las espinas de los arbustos que están por todas partes.
Y así,
caminando en la espiral,
pasan los años,
y nos encontramos
– curioso destino –
con situaciones tan parecidas a las ya vividas,
que parece imposible que no sea el mismo trozo del camino.
No es el mismo,
pero apenas está unos pasos más allá.
Por eso todo es tan similar, distinto pero igual.
Caminando en al violencia de la espiral,
entrecruzamos nuestros caminos
(porque a veces ocurre,
que las espirales se cruzan).
Viviendo en la espiral,
no se si demasiado pronto,
o demasiado tarde,
descubrí que mi camino oscurecía antes que el tuyo.
Y te perdí de vista.
Sin embargo,
aunque oscurezca,
cada vez estoy más cerca del centro.
De la estabilidad.
(Y a quién le importa, si yo lo que quería era estar más cerca de tí)
Yolanda Castillo