-¡HOLA!- me dijo un chiquillo a mi llegada a Cd. Serdán. No era mayor que yo, tenía un aspecto muy sobresaliente a los niños de esa comunidad, me refiero a que (muy estúpidamente) creía que la gente de “pueblito” era humilde. No rebasaba de los 9 años, pero aparentaba unos 12, era alto, a comparación mía, pues yo teniendo 10 años apenas y rebasaba la altura de una mesa.
De manera educada y cortante respondí a su saludo con un “¿¡HOLA!? me di la vuelta y me fui con mi familia, pues hacia ya 30 minutos que habíamos llegado y me había separado de ellos para conocer el terreno enemigo, pero en realidad el centro de Cd. Serdán solo era una parada, pues nuestro verdadero destino era un poblado todavía más olvidado, y de cual cuyo nombre no recuerdo. Era el comienzo del verano, vacaciones y cambio de casa. Estaba un poco molesto con mis papás pues me cambiaron de casa y de escuela, era evidente que no me gustaba el lugar al que llegamos a vivir, puro terracería y animales de granja.
El verano se me hizo muy largo y aburrido, pues no tenía amigos, ni algún centro de entretenimiento, el nintendo se me hacía ya cosa del pasado. Ansiaba con ganas el inicio de clases, cuando por fin llegaron vi con sorpresa que aquel niño que me encontré en el centro estaba en mi clase, de nuevo me saludo, y yo respondí de buena manera. A pesar de que yo era un niño muy cerrado para los amigos con el sentí una confianza enorme, así que decidí hacerme su amigo, no me fue fácil pues el cambio de estilo de vida fue muy brusco, eso no me permitía adaptarme a mi nueva comunidad.
A medida que iba pasando el tiempo la relación que llevaba con Juan se fue fortaleciendo, poco a poco lo fui aceptando, hasta que llego el momento en que había, en verdad había hecho un amigo, un verdadero amigo.
Todas las tardes íbamos a jugar en el pequeño lago que había cerca del poblado, recuerdo que Juan me enseño a trepar los arboles, a oler las flores, a nadar, a cantar en honor a la naturaleza, a platicar con los animales. Juan hizo que me integrara a la naturaleza, definitivamente, la vida del campo era mucho mejor que la de la ciudad. Gracias a Juan fue que logre conseguir amigos. Disfrutaba de la vida, en verdad gozaba…
Continuara…
Diablos… continúa!! jeje
ok… estaré esperando la continuación :D
