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Sombras de la nada (Cap. 3 de 4) Concurso post mas terrorifico

sáb 27 de octubre, 2007 - 03:04 Estado de ánimo: Pensativo
Seguridad de esta entrada: PUBLICO

Capítulo 3: La caminata.

Capítulo 1: La llegada
Capítulo 2: La noticia
Capítulo 4: La derrota

Salió el segundo y el tercero, mi turno había llegado. Aparentemente ya había vencido el miedo, o por lo menos ya lo tenía controlado. Entre palabras de ánimo de mis compañeros emprendí el viaje. La escena era prácticamente la misma a las anteriores: un recien iniciado en la pubertad con una mochila gigante en la espalda, su inseparable bordón en una mano y una lámpara de mano en la otra, dándole la espalda al resto de la tropa y avanzando, temeroso pero firme, hacia una oscuridad que parecía tener vida propia.

La jauría de perros me dió una bienvenida similar a la de mis predecesores, eran como una docena, aunque, debido a mi fobia hacia los perros, recuerdo haber sentido que me acosaban como cincuenta. Me rodeaban y me ladraban como si sus vidas dependieran de ello, yo me abria paso con mi bordón pero ellos seguían firmes en su tarea. Ahora cuando recuerdo esa escena me pongo a pensar que tal vez solo querían hacerme un favor al impedirme avanzar hacia el mounstro de la nada… debí haber entendido la señal.

Una vez que los cuadrúpedos quedaron atrás me tope frente a frente con aquel terrible ente, la oscuridad me miró y yo la miré a ella. Delante de mi solo tenía un camino angosto y vacío, forcé la vista para localizar a alguno de mis compañeros adelantados pero fué inutil. La noche era sumamente negra, la luna descansó ese día, no había una sola nube en el cielo pero aún así las estrellas no brillaban, señal de que algo no iba bien, aunque la ausencia de luceros pudo deberse a los primeros síntomas de la miopía que me afectaría los años por venir, la razón no importaba, el resultado era el mismo, estaba completamente ciego y tenia cinco kilómetros por recorrer.

Al verme completamente amenazado utilicé mi mejor arma en ese momento, encendí mi lámpara de mano y caminé. La luz era potente pero limitada, solo podía ver hacía donde la lámpara miraba. Giré la cabeza para mirar a la tropa que se había quedado atrás procurando no delatarme con la lámpara como el primer infeliz de esta aventura, estaban muy lejos atrás, aún podía verlos pero aunque gritara dudaba que me pudieran escuchar. A mis espaldas, entre ellos y yo, había un vacio muy grande, no podía ni distinguir el suelo dos pasos detrás de mi, ahí fué cuando lo peor empezó.

¿Que es eso? Me pregunté mientras giraba la cabeza a mi izquierda, debe ser algún insecto. Seguí caminando con los ojos bien abiertos tratando de captar cualquier señal de movimiento. Ahi está otra vez, volteaba a la derecha, no había nada. Caminaré más rápido, pensé, aceleré el paso y empecé a escuchar pasos detrás de mi, giré rápidamente e intenté capturar en mi trampa de luz al o lo que me seguía, no había nadie, levanté la cara para ver a mis compañeros que esperaban su turno pero ya no los veía más, ya no había marcha atrás, solo me quedaba seguir.

Como era de esperarse, después de unos momentos y debido a la falta de visibilidad y a la adrenalina que corría por mis venas, mis sentidos se agudizaron, podía ver sombras difusas de los arbustos y uno que otro árbol, también podía escuchar muchas mas cosas, incluso los sonidos más leves. Esto lejos de ser algo bueno, solo aumentó mi sensibilidad al miedo.

Aún escucho esos pasos, mi corazón ya late mucho mas rápido y mi respiración es mas frecuente.
Seguramente es mi imaginación, trago saliva e intento calmarme.
Debo pensar en cosas agradables, según escuché cuando piensas… ¡Aaaarrgg!, ¡un arbusto se movió!, ¡se movió, lo juro!
Calma, seguramente solo fué una zarigüella…, se mueve otro arbusto dos pasos más adelante.
Debe ser algún animal, me repetía a mi mismo tratando de encontrar una explicación lógica.
¿Que es eso? ¿Grillos?, claro que no, los grillos no se escuchan así.
Esos pasos…, persistentes. Mi respiración se convierte en jadeo.
Para que vine, moría de miedo, había algo ahí y no podía verlo, pero podía sentirlo.
_¡Aaaahhh! ¡Aaaahhh! ¡Mi pierna, algo tocó mi pierna!, rápidamente ilumino mi pierna con la lámpara… una rama.
Jejeje, me estoy inventando cosas, aquí no hay nada, me repetía a mi mismo.
Alguien me sigue, lo siento, sostengo el bordón con el antebrazo y preparo mi navaja por cualquier cosa.
El sonido en los arbustos y los pasos siguien, pero son constantes, supongo que es un sonido normal por estos lugares, empezaba a calmarme, todo parecía una falsa alarma.
Ya pasaron como cinco minutos y no ha pasado nada nuevo, entonces esos sonido son norm…, alguien o algo corre detrás de mi.
Ay, un temblor recorre todo mi cuerpo y me eriza, siento una opresión en el abdomen y la quijada se me contrae, estaba muerto de miedo.
Silencio… demasiado silencio, esto ya no esta bi…, escucho un quejido.
Padre nuestro, que estas en el cielo…, recuerdo y recito todas las oraciones que me sabía.
Dios te salve María,..., los arbustos se mueven, ¡No lo imaginé! ¡Esta vez estoy seguro que algo se movió! ¡Hay algo aquí!
Ya quiero llegar al campamento, mientras corría para llegar más rápido. La mochila era demasiado pesada para correr, no resistí mucho y tuve que detenerme, además el movimiento de la luz sobre el camino irregular me mareaba y me hacía perder la orientación y eso no era nada bueno, no quería perderme en medio del monte.
No puedo correr, pero caminaré lo más rápido que pueda, los pasos, ruidos de insectos, quejidos, ruido de arbustos todo seguía ahí y se movían conmigo. Me detenía y los pasos se detenían pero los quejidos se scuchaban más cercanos… no sabía que era peor.
Tal vez los quejidos son de alguien herido que necesita ayuda. ¿Hay alguien ahi?, no tuve respuesta.
¿Alguien ahí?, nada.
Mejor dejo de perder el tiempo y sigo caminando, apuraba el paso para ya salir de ese infierno.
Padre nuestro,..., un aire frio a manera de susurro me golpea el oido izquierdo.
_¡Aaaahhhggg!, ¡Dios mio ayúdame!, imploraba a Dios con más fé de la que nunca he tenido.
Mi corazón latía muy rápido, hiperventilaba y solo pensaba en llegar al campamento.
Más rápido, más rápido, me decía a mi mismo. Pasos, susurros, gemidos, arbustos, insectos. Jadeaba, estaba cansado pero detenerme no era una opción.
¿Por que traje tantas cosas?, si no hubiera traido tantas podría correr, me lamentaba a mi mismo mientras intentaba contener las lágrimas.
Vi mi reloj, apenas había caminado 10 minutos
¿En cuanto tiempo se camina cinco kilómetros?, seguramente aún estoy muy lejos, empezaba a desesperarme.

Capítulo 1: La llegada
Capítulo 2: La noticia
Capítulo 4: La derrota



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