Es por la fiebre, si te quiere mucho y lo sabes. Ya verás, cuando la fiebre baje, te buscará.
Esto lo ayuda al alivio de ese desconsuelo llegado de golpe. Logra sacarle una tímida carcajada con el recuerdo y animarlo un poco. Seca su llanto de hace unos instantes. Tu madre te deposita en la cama y se acerca tu padre para darle un abrazo en esa inmensa soledad en la cual se ha quedado. Si no fuera talvés porque ya son varios días con tus desvaríos la angustia sería menos.
Mientras la armonía avanza una vez más la pesadez del calor se hace mayor donde te encuentras, ni siquiera el ventilador puede levantarla, sientes como si cargaras notas, recuerdos, lo sofocante del aire, con tu cuerpo. Piensas, imaginas y a pesar de no contar con toda la información, sigues especulando ese momento dentro de la recámara. Mantienes los ojos cerrados y ves a tus padres, trasnochados, brindándote cuidados, te embarga un sentimiento provocando la salida de tus lágrimas. Compartes un momento con tus padres que bien a bien no lo recuerdas, los adviertes muy cerca de ti a pesar de las grandes distancias; con tu madre, kilómetros. Con tu padre; la muerte.
Las últimas notas de la sinfonía, te devuelven la imagen del momento, lloras, entonces tu madre te levanta en brazos para tranquilizare, para acurrucarte. Y te canta.
__“Arbolito, arbolito
del campo verde
hazle sombra, hazle sombra
mi amor se duerme.”__
Escuchando: esta boca es mía



