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Diario de lajud

Soy el resultado de mi pasado, con mis buenas o malas desiciones que he tomado.

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Para las mujeres, leanlo !!!!!!!!!

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Esta historia me pareció perfecta el día de hoy, es un tip para muchas mujeres que se quejan de su novio, marido o amante, de una relación fría, lo que se necesita es AMOR, MUCHO AMOR REALMENTE, y sobre todo PACIENCIA.Espero les agrade.

El bigote del tigre

Una mujer coreana fue un día a ver al gran sabio de su aldea, un ermitaño que tiempo atrás se había retirado a vivir a una montaña donde vivía con lo mínimo y en armonía con la naturaleza. Esa misma naturaleza era la que proveía para el anciano, y de la que obtenía también los elementos que componían las pociones que fabricaba. Era un hombre sumamente respetado.
La mujer entró en la cueva donde vivía el ermitaño, que le preguntó el motivo de su visita. – Estoy desesperada, gran sabio. Sin duda necesito una de vuestras pociones. – Pociones, pociones… murmuró el anciano, todos necesitan pociones… ¿Podremos curar un mundo enfermo a base de pociones?
La mujer empezó a contarle al anciano su problema. Su marido, tras volver de la guerra, había cambiado totalmente. Pasó de ser un hombre cariñoso a alguien frío y distante. Ya no hablaba, y las pocas veces que lo hacían, su voz sonaba helada, dura, áspera. Apenas comía, y muchas veces se encerraba en su cuarto tras dar un manotazo y se negaba a ver a nadie. Había abandonado sus ocupaciones y solía pasar el tiempo sentado en la cima de una montaña, con la mirada perdida en el mar, negándose a pronunciar palabra. Sus ojos, antes vivos y cómplices, eran ahora hielo o fuego rabioso. Ya no era el hombre con quien se casó. – La guerra… la guerra transforma a tantos… -musitó el anciano. – Creo que una de vuestras pociones le haría volver a ser el hombre cariñoso que un día fue. – Una poción… tan simple como una poción… En fin, te diré que no será fácil, y además para hacerla necesitaría el bigote de un tigre vivo. Es su ingrediente principal. Sin bigote no hay poción.
La mujer se fue apenada porque no sabía cómo podría conseguir el bigote, pero era muy grande el amor que le profesaba a su marido, por lo que una noche se decidió a buscar ese tigre. Con un bol de arroz y salsa de carne se encaminó hacia la cueva de una montaña donde se decía que habitaba un tigre. A cierta distancia de la cueva depositó el bol con comida y llamó al tigre para que viniera, pero él tigre no vino. Así pasaron días en los que la mujer cada vez se acercaba unos pasos más a la cueva, llamando al tigre, que empezaba a acostumbrarse a su presencia. Una de esas noches, el tigre se acercó algo a la mujer, que tuvo que esforzarse para no salir corriendo. Ambos quedaron a escasa distancia, mirándose, escena que se repitió varias noches. Días después, la mujer empezó a hablar al tigre con una voz suave, y poco tiempo después, el tigre empezó a comer cada noche el bol de comida que ella le llevaba. Así pasaron hasta seis meses, llegando a haber cierto vínculo entre ellos (ya la mujer hasta le acariciaba la cabeza cuando el tigre comía). Y llegó la noche en la que la mujer le suplicó al tigre que no se enojara, pero que necesitaba uno de sus bigotes para poder sentir cerca a su marido. Y se lo arrancó, y para su sorpresa, no, el tigre no se enfureció.
La mujer fue nada más amanecer a la cueva del ermitaño, a quien le enseñó el bigote del tigre que había conseguido, feliz porque ya obtendría su poción. El ermitaño tomó el bigote satisfecho y lo arrojó al fuego. La mujer chilló sin entender nada, y el anciano la calmó y le preguntó cómo había conseguido el bigote. – Yo… fui cada noche a la cueva del tigre, llevándole comida, hasta que me perdió el miedo y se acercó a mí. Fui muy paciente, seguí llevando comida aunque el tigre no la probaba, seguí acercándome cada noche aunque a veces el tigre ni siquiera salía. A partir de una noche, el tigre empezó a salir a recibirme y más tarde comía cuanto le llevaba. Entonces empecé a hablarle, dejando que me conociera, y aprendí a disfrutar también de esos momentos en los que estábamos juntos. Y más tarde, le pedí el bigote. Pero ahora que lo has tirado… ahora no habrá poción y mi marido seguirá ajeno a mí, como si no existiera! – No te preocupes, mujer susurró el anciano. Y escúchate. Lograste la confianza del tigre simplemente estando ahí, ofreciéndote, esperando, dejando que te conociera, hablándole y dándole el tiempo que necesitaba. Y además aprendiste a disfrutar de vuestros encuentros. ¿No crees que un hombre reaccionará de igual modo ante el cariño, la comprensión, el interés, la compañía? Si pudiste ganar con cariño y paciencia la comprensión y el amor de un animal salvaje… sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido…
La mujer comprendió entonces. Amar, confiar, tener paciencia, mostrarse, dar tiempo… había aprendido una valiosa lección gracias al ermitaño. Y no necesitaría de más bigotes de tigre para sentirse cerca de aquel a quien amaba.

Así que espero les haya gustado.



Amor - desamor
vie 09 de septiembre, 2005 - 14:53:47 | [ Enlace | Tres comentarios ] del.icio.us del.icio.us Estrella este post *****

Ah que bonito esta !!!!!

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Bueno, despues de haberme reido un rato, y al salir un cliente, con que “ en su casa había cosas raras” , busqué en el gran amigo GOOGLe algo de leyendas, y este texto me pareció romanticon…....

Nuestra Propia Canción

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Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.

Ellas saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres encuentran la canción, la entonan y cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción.

Luego, cuando el niño va a comenzar su educación, el pueblo se junta y le canta su canción.

Cuando se inicia como adulto, nuevamente se juntan todos y le cantan.

Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción en voz de su pueblo.

Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama y del mismo modo que hicieron en su nacimiento, le cantan su canción para acompañarle en el viaje.

En esta tribu, hay una ocasión más en la que los pobladores cantan la canción.

Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se le lleva al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces… le cantan su canción.

La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros.

Tus amigos conocen tu canción, y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que a veces muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás quebrado, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido.

“No necesito una garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y sopla en mi alma como el viento, refresca mi corazón como la lluvia y limpia mi mente como el humo del fuego sagrado”.

Tolba Phanem, poeta afrikana

Hermoso !!!!!!!



Amor - desamor
mié 07 de septiembre, 2005 - 19:31:48 | [ Enlace | 14 comentarios ] del.icio.us del.icio.us Estrella este post *****

Como Construir un Amor que no Muera

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EL AGUILA Y EL HALCON
(o de como Construir un Amor que no Muera)
Cuenta una vieja leyenda sioux que una vez llegó hasta la tienda del brujo más viejo de la tribu una pareja de enamorados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- Nos amamos – empezó el joven – Y nos vamos a casar – dijo ella – Y nos queremos tanto que tenemos miedo. – Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. – Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. – Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte. – Por favor- repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados… – Hay algo…dijo el viejo después de una larga pausa. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada. – No importa- dijeron los dos. – Lo que sea- ratificó Toro Bravo. – Bien – dijo el brujo -, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena.

- Y tú, Toro Bravo siguió el brujo, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red
atraparla sin herirla y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta… ¿Comprendisteis?
La pareja asintió y el anciano chamán hizo un gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe.

- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo. – Por supuesto, como lo pediste…¿y ahora? preguntó el joven ¿esperamos un sacrificio, hemos de matarlos, qué hemos de hacer? – No dijo el sabio anciano. Hagan lo que les digo. Tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

- Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure “volad juntos pero jamás atados”.



Vip
mié 31 de agosto, 2005 - 11:35:42 | [ Enlace | 10 comentarios ] del.icio.us del.icio.us Estrella este post *****

Saludos

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bla bla bla



General
vie 19 de agosto, 2005 - 12:30:24 | [ Enlace | Dos es mejor que uno... supongo :/ ] del.icio.us del.icio.us Estrella este post *****

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