¿Te atreves a venir conmigo?
Hace algunos años recibí uno de tantos correos electrónicos, que hubiera pasado desapercibido en la bandeja de entrada, si no fuera por el “aroma” especial que tenía. Se preguntaran como es posible que un email pueda tener aroma. Para mi lo tiene, lo mismo que esas viejas cartas perfumadas que después de leerlas dejan una huella en el ambiente y que nos acompañan durante mucho tiempo. Ese es para mí el aroma de un email: una especie de magia especial que hace que nos detengamos a releerlo y deseemos contestarlo enseguida.
Es igual a la sensación de conocer todo, sin ver nada, sin tocar, pero lo sientes, lo tienes ahí y no se va….
Como llego su correo a mi bandeja no lo recuerdo, supongo que por alguna página, de las que visito, pidiéndome alguna información, en realidad eso no es lo importante, fue casi por casualidad.
Así comenzó una rutina de visitas, un par de veces por semana, pasando progresivamente a escribir casi a diario, el resultado de ese correo, se presentaba muy correctamente, y contábamos nuestros intereses mutuos, nuestros amores y asuntos relacionados con el trabajo.
Hasta ahí podría ser como otros correos que llegaban diariamente. Pero este es especial, porque es un hombre que firma, tiene una forma jovial, abierta y sin prejuicios.
Aprecie sus comentario y opiniones sobre muchos temas, me aporta observaciones interesantes, con el tiempo se me hizo natural recibir correo suyo y terminamos por establecer una buena amistad, eso si, siempre virtual. Hasta que llego aquel viaje….
Nos encontraríamos en alguna plaza, tomaríamos cerveza; estaba yo pensando en el lugar era agradable, y justo en ese momento a mis espaldas sonó esa encantadora voz, que siempre me resulto tan atractiva, y que había escuchado varias veces.
Me volví y allí estaba el. Un hombre alto, pelo negro y una sonrisa encantadora. Apenas en un segundo aprecie su figura, sus músculos bien formados.
Nos dimos los besos de rigor y tomamos una cerveza, me conto que vivía cerca, en un piso antiguo, de techos muy altos, que tenia intensión de llevarme a cenar y de copas.
Nos reíamos y comentábamos lo curioso de la primera impresión, como te haces instintivamente una imagen mental de las personas, que no siempre se ajusta del todo a la realidad, tenia el sentido del humos muy fino, sonrisa fácil y conversación fluida, parecía que nos conocíamos hacia mucho tiempo y que hubiera entre nosotros una corriente de complicidad.
Yo me encontraba muy a gusto y el estaba contento de enseñarme sus rincones favoritos, mientras vaciaba mi vaso y el pedía otra ronda. Era realmente hermoso, sus labios se fruncían al hablar y sonreía de una manera tan atractiva.
Me sorprendió mirándolo, de repente un tono suave en su voz y un brillo especial en su mirada, hicieron que todo cambiara…. Y mas aun cuando sin decir una sola palabra extendió sus manos, tomo las mías y se las llevo a la boca, besándolas muy dulcemente, sin dejar de mirarme.
¿Sabes lo que s eme antoja? , que tomemos la penúltima en mi casa.
¿Quieres? ¿Te atreves a venir conmigo?


