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Gracias a Carolina - Gracias a mi Amiga

28/sep/2009::20:10 General

Hoy escribo para agradecerle a una persona que aprecio muchísimo. Muchas veces, muchos de nosotros solemos usar éste espacio para externar nuestros problemas, nuestros pensamientos y nuestros demonios internos como una forma de catársis o de liberación personal ante la acumulación diaria de nuestras presiones y tribulaciones. Por otro lado, también he visto algunos usuarios – mujeres sobre todo – que agradecen la existencia de sus hijos o de sus respectivas parejas, pero, desafortunadamente, son pocos los casos así. Creo que debiera haber más reconocimientos de parte de nosotros hacia las personas que queremos, o comentarios positivos para agradecer lo poco – o lo mucho – que a veces la vida nos otorga y no siempre externar sólo nuestros pensamientos.

Pues bien, hoy estoy aquí para externar mi más profundo agradecimiento a una persona que ha sido excelente conmigo; que me ha apoyado mucho en los momentos difíciles y de angustia que me han tocado vivir en los últimos 18 meses, pero que también ha celebrado las vivencias y hechos agradables que me ha tocado experimentar en el lapso de lo que llevamos de conocernos. Es una persona para quien yo soy muy especial, de la misma manera en como ella lo es para mí. Nos queremos mucho, nos tenemos toda la confianza del mundo y nos apoyamos mutuamente en todo momento. Dicen que pocas cosas en la vida se comparan con la bendición de una gran amistad y, en el caso de mi amiga Carolina, ésta situación se cumple plenamente.

Conocí a Carolina en abril del año pasado, cuando un servidor buscaba a alguien nuevo con quién divertirme platicando por chat (el MSN Messenger para ser exactos). No tengo muchas amistades físicas; es decir, no cuento con un círculo de amigos con los que suela salir a tomar unas chelas al bar o a los antros, o con quienes me pueda ir de vacaciones o de excursión a algún lugar exótico o de diversión como miles de jóvenes en todo el mundo lo hacen. Alguna vez formé parte de un círculo de éstos, pero hace años que dejé de formar parte de él y, desde entonces, no he vuelto (para bien o para mal) a tener amistades de ésta índole. Por lo anterior – y salvo algunas contadas excepciones – tiene ya varios años que suelo conocer y hacer amistad con otras personas a través de las redes sociales de la red mundial de Internet.

Precisamente en marzo del año pasado yo había terminado de relacionarme virtualmente con una joven quien, tristemente, ya me tenía harto. No siempre las relaciones que uno construye en el Messenger son buenas – algunas sí, otras no – pero en éste caso particular acabé cansado de tratar con dicha muchacha, pues se había vuelto muy conflictiva, de todo se quejaba y cada vez era más difícil tratarla sin salir agarrado del chongo con ella o abandonar la conversación con un mal sabor de boca. Lo curioso del caso es que, gracias a ella – de forma tanto directa como indirecta – es que conocí a las dos jóvenes quienes actualmente son mis mejores amigas: Martha (amiga cercana de ésta chica de la que comento acabé cansado) y Caro.

A Caro la conocí por medio del Hi5. Me gustó la foto que puso en su perfil y por eso le mandé mensaje (le dije que me parecía guapa y que me gustaría conocerla). Jamás me hubiera imaginado que aquél simple clic que dí con el ratón para enviarle mensaje acabaría siendo, a la postre, algo tan significativo en mi vida.

No pasó mucho tiempo para que la joven me contestara y me diera su correo electrónico para darla de alta en el Messenger. Pronto la ví online y comenzamos una animada charla, dando así inicio a ésta gran amistad.

Sin lugar a dudas, Caro no es una persona común y corriente. Su vida ha estado llena de altibajos y fueron ésas situaciones, aunada a la simpatía natural de la muchacha, las que hicieron que me interesara mucho por ella. Siempre me han gustado las personas que aprecian las cosas y que conocen la definición – al menos hasta cierto punto – de lo que es “amar a Dios en tierra de indios”, porque precisamente por experimentar diversas situaciones difíciles en la vida, es que nos volvemos mejores personas. Yo también – a mi manera – he tenido que aguantar chingaderas no solo de la vida misma sino de muchas personas y por ésta misma razón es que pude compartir con mi recién conocida amiguita mis experiencias y mis emociones, que resultaron ser parecidas a las suyas.

No pasó mucho para que nos conociéramos físicamente. Recuerdo el día en que la vía por primera en la vida real, cuando la fui a recoger a su departamento en la calle de Coruña en la colonia Iztacalco de ésta ciudad, la capital mexicana. Su candidez y confianza en mi me sorprendieron gratamente, así como su gracia y simpatía innata – la joven me hizo pasar una tarde/noche por demás agradable, de esas que no se olvidan en mucho tiempo –.

A pesar de que durante el tiempo en que ella vivió en el Distrito Federal no nos vimos mas allá de unas cuatro ocasiones, muy seguido nos estuvimos frecuentando por el chat para platicar. Cuando se mudó a la provincia la eché de menos (y aún la sigo extrañando), pues por más cercanía que el Messenger nos pueda dar, nunca podremos reemplazar con simples bits y bites la presencia física de una persona.

Aunque no puedo dar amplios detalles de la vida y pasados de mi muy querida amiga – no voy a andar balconeando su vida privada, por supuesto – puedo decir que una de las cosas que más fuertemente se me han quedado grabadas en la cabeza acerca del pasado de mi linda amiga es su pobre y triste infancia. Actualmente guardo una copia electrónica en mi PC de una foto de cuando era niña, luciendo un lindo traje típico mexicano con todo y su chal, montada a lomos de un pequeño burrito café de hirsuto pelaje, con la escenografía de un paisaje rural y la Virgen de Guadalupe. Lo que siempre me ha conmovido de la imagen es la expresión de profunda tristeza en los oscuros y lindos ojos de la pequeña. La cara de desolación de la niñita invita a reflexionar en cómo es posible que haya niños en el mundo que tengan una vida tan triste, dura y difícil. Y eso que, según me dice, hay otra foto de ella (de niña también) con la expresión todavía más triste y sombría en su rostro (la cual me he resistido a ver, porque muy posiblemente no la pueda soportar; si ya de por sí es difícil para mí ver la imagen de la pequeñita en la pastorela…).

A pesar de que no tenemos ni siquiera dos años de conocernos, vaya que hemos vividos momentos emotivos, algunos llenos de alegría, otros duros y otros más de desesperanza: su recuperación de la laparoscopía que le hicieron, el doloroso fallecimiento de una de las personas que ella más amaba, la separación de mis viejos y el muy dificultoso proceso legal que le ha seguido, su migración a la provincia mexicana, la falta de oportunidades de empleo experimentada por ambos, la traición de mi madre y de su familia para con la mía, la lectura del cuento que yo le regalé, el éxtasis que experimenté el día en que Lewis Hamilton se consagró campeón mundial de la Fórmula 1 en 2008, la caricatura que le hice para el día de su cumpleaños (“con sus esclavos negros”, como ella dijo), las múltiples charlas que hemos tenido ahora que ella se encuentra encantada con un joven que parece que sí se está robando su corazón y las otras tantas que han surgido debido a que un servidor se encuentra babeando por una hermosísima joven que me ha dejado viendo visiones como perro en Periférico.

Desafortunadamente muchas veces nosotros no agradecemos los regalos que la vida nos da, o las buenas personas con las que Dios nos brinda la oportunidad de estar. Y a pesar de que muchas veces a ella se lo he agradecido y de que, muchas otras tantas, estoy tan al pendiente de su vida que quizá acabe exasperada de mí (aunque no me lo diga para no hacerme sentir mal), quiero agradecerle mediante éste espacio su presencia en mi existencia. ¡Gracias Caro por los momentos alegres que me has dado! Gracias por tu compañía, por tu cariño y por tu comprensión. Gracias por tus ocurrencias, por tu lenguaje Fuzzo, por tus palabras de apoyo, por tus consejos sobre mis pininos con las chicas (tu sabes quién), por tu guía y por tu amor. Gracias por estar conmigo en las duras y en las maduras, en tiempos alegres y en tiempos difíciles, por escucharme cuando nadie más lo ha hecho, por tu hombro para llorar cuando he fracasado y por tus aplausos y porras cuando la vida me ha dado momentos de alegría y de gloria personal. Pero sobre todo, gracias por ofrecerme uno de los regalos más padres que uno puede recibir – y que casi nadie en ésta vida me ha dado de manera sincera –: la amistad.

Creo que, si el día de mañana fuera el Juicio Final, tu serías de las primeras en entrar al Cielo Fuzzo, con todos los honores y galardones. Simple y sencillamente, linda pequeña, almas como tú que – a pesar de todos los pesares y de haber transitado por los túneles más fríos, duros y oscuros en ésta vida – no se apagan, son muy, pero que muy pocas…

Un beso y un abrazo muy Fuzzos.

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Han escrito 3 comentarios de «Gracias a Carolina - Gracias a mi Amiga»

foto koritsma
Lunes 28 de septiembre, 2009 20:24.

=:)
que lindo.

foto germangv
Lunes 28 de septiembre, 2009 20:29.

Si es quien yo creo que es… definitivamente si se trata de una gran amiga con un gran corazon.

foto xocarpax
Lunes 28 de septiembre, 2009 22:50.

Muchas gracias y que decir, fuiste un regalo de paz y de amor para la vida también y lo sabes mejor que nadie en este mundo , sabes que te amo porque ese amor si lo conozco el de los amigos, un día la vida me quitó un Antonio, un amigo , un amor y llegaste tú, yo también agradezco tu amistad y presencia en el mundo .

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