Que es el amor?

Pintura de Jim Dine
Cuando se abordan temas filosóficos, necesariamente se tiene que tratar un elemento fundamental, ¿cómo es el amor?, tema que va desde la banal charla de café hasta la más elevada cátedra universitaria; término polémico, bizantino y moderno, y del cual, además, todos somos expertos.
En un encuentro internacional de líderes, provenientes de 20 países y de diferentes tendencias, de izquierda, de derecha, de centro, católicos y protestantes, se hablaba profusamente de amor a la libertad, a la justicia, al miserable, a la democracia, etcétera.
A alguien se le ocurrió que si tanto se hablaba de amor, por qué no primero nos poníamos de acuerdo en su significado, para tener una base que se identificara con todos los asistentes.
El caos se produjo, ya que de los 400 asistentes surgieron 400 diferentes opiniones; cada uno de nosotros tenemos nuestra singular versión sobre este tema. Después de tres días de arduas discusiones, uno de los líderes participantes propuso que pusiéramos por escrito nuestras definiciones y las sometiéramos a votación por todos los presentes; no avanzamos demasiado, pero al menos ya teníamos 400 definiciones escritas, que partían algunas desde conceptos románticos hasta esotéricos, científicos, eróticos y santificantes, de todos los estilos y colores.
Uno más de los participantes propuso a la asamblea como solución tratar de identificar en qué parte del ser humano se localiza el amor, en el cuerpo, en la mente o en el alma.
En primer lugar, analizamos todas las definiciones (cerca de 250) que hablaban que el amor es, en esencia, un acto de los sentidos; por supuesto, todas fueron desechadas, ya que una característica esencial de los sentidos es su volatilidad, es decir, yo no puedo sentir amor por mi madre en la mañana y en la tarde dejar de sentirlo.
Que una persona sienta no significa que esté amando; es indiscutible que los sentidos son el camino para llegar a amar, pero no es la esencia del amor. Un hombre puede estar realizando el acto sexual en forma por demás placentera, pero no necesariamente implica que esté amando.
Se presentaron múltiples ejemplos, que iban de la sencillez a los más complejos argumentos científicos; me impresionó uno en especial, que decía:
Imagínese a un niño de 10 años en el lecho de muerte, aquejado de cáncer repentino y mortal, lleva ocho días agonizando; al lado está su madre, quien sufre desconsoladamente. El hijo, de pronto, abre los ojos y le pregunta: “¿Mami, cómo te sientes?”, a lo que ella contesta: “Me siento triste, abatida, impotente, cansada de tanto llorar, con deseos de poder dar mi propia vida por ti”; y vuelve el hijo a preguntar: “¿Mamá, me amas?” Le contesta: “Con todo el corazón, con toda mi alma, con todo mi ser”.
Los sentimientos de la madre eran de agobio, frustración y desesperación, pero no por ello dejaba de amarlo. Los líderes al fin llegábamos a un acuerdo: el amor no era un sentimiento.
El segundo paso fue someter todas las definiciones de amor que decían en alguna u otra forma que el amor era en esencia un acto que radicaba en la inteligencia del ser humano. Volvamos al ejemplo anterior e imaginemos que el médico le informa a la madre que a su hijo le han dejado de funcionar los riñones y ya no hay nada que hacer.
La mujer pregunta: ¿qué se puede hacer para prolongar su vida? Se le informa que solamente a través de un trasplante de riñones tal vez pudieran dársele 30 días más de vida, pero que de todos modos el niño moriría. La madre pide se le extraiga el riñón para donárselo a su hijo; el doctor intenta hacerla razonar que su esfuerzo es inútil, pero ella insiste.
No le parece una conducta irracional que un ser humano esté dispuesto a sacrificar todo en la vida por el amor, que un rey abdique a su trono por amor, que un seguidor de un gran líder lo abandone todo por el amor a un ideal. Los grandes precursores de la humanidad se han aferrado en forma absurda a sus sueños, hasta convertirlos en realidad.
Finalmente, descartadas las definiciones racionalistas, nos restaban por revisar solamente 20 definiciones que en alguna forma ubicaban el amor en la voluntad del ser humano y, al fin, nos pusimos de acuerdo en que el amor, en esencia, es “el acto de voluntad que busca el bien del ser amado”, muchas veces en contra de nuestras percepciones, de nuestros sentimientos y de nuestra inteligencia. Amar es aprender a dar lo mejor de nosotros mismos a los seres que amamos, buscando genuinamente su bien.
Por ejemplo, el acto de perdonar, tal vez en contra de nuestro orgullo lastimado y en la convicción de que yo tengo la razón, me atrevo a perdonar al que me ofendió, como un auténtico acto de amor.
El amor limitado es posesivo, quiere conservar para sí todo lo que ama; en cambio, el amor ilimitado se basta a sí mismo; no le importa si el otro comprende o no su amor. Al que ama auténticamente le basta con amar al otro, sin importar su respuesta.
El líder que aspira a la excelencia debe aprender a amar ilimitadamente, a través de actos, de acciones concretas, que implican muchas veces someter su sentidos y hasta su propia inteligencia para buscar el bien de los seres que ama.
Los seres que aman auténticamente son los que escriben la historia, son los que heredan lo mejor de ellos mismos a través de los ideales, y son seres que aman ilimitadamente.
l u n a d e p a p e l
, me siento X..si tuvieramos la voluntad de amar, por el sólo deseo de engrandecer a otros, si tuvieramos la voluntad de amar por el sólo deseo de hacer sentir amado a otros, si tuvieramos la voluntad de amar por el sólo deseo de regalar lo mejor de nosotros mismo, viviriamos los terrícolas todos, en una eterna primavera por más invierno y oscuras noches que nuestros ojos miren.
Luna de papel, te amo con la fraternidad del cosmo.
