
El sacrificio de la bruja
para una amiga
Hubo de pasar algunos días (tal vez demasiados), para que yo tomara de vuelta el lápiz, hubo de insistir la joven bruja en compartir conmigo su desesperanza, para inquietar a fondo mi conciencia, hubo de encontrarme mi amigo Cesar, para sacarme a la noche de las pasarelas y los bailes en penumbra, hubo de hacer su efecto el licor y los afectos, para empezar a escribir estos laberintos obstinados.
Que sucede detrás de ese baile de la piel desnuda y las miradas sucias, quien orillo a la hechicera a convertir la pista en un conjuro contra nuestras desgastadas vidas, nadie pregunta quien le dio su primer beso, quien escondió su mano entre sus ropas para hurgar donde nunca nadie había llegado, como fue en su niñez la diosa del baile y los aplausos.
He de confesar que nunca me sentí tan solo entre la gente como esa noche en especial, la música llenaba mis oídos y apenas permitía una escasa comunicación vacía, el silencio toma a veces disfraz de estruendo. Fue entonces que vinieron a mí tus últimas palabras “solo abrázame”.
Fue entonces que cayo sobre mi toda esa culpa acumulada por siglos de silencio y de desprecio, todos somos culpables, todos, los que miran con lujuria a un tembloroso cuerpo desnudo e indefenso, los que sirven las bebidas, el portero y el disc jockey, todos los presentes y los ausentes, y luego Cesar con su curiosidad de niño travieso y cruel “ya déjala yo no quiero oír historias, hay historias que no deben de contarse” le espete al oído.
Vuelven otra vez a mi tus palabras “no se quita, no se olvida, no se cura”, debe de existir una esperanza a partir del olvido necesario, no es el olvido fácil de la culpa, no es el olvido hueco del descuido, no es el olvido vano de los días y de las horas, es el olvido inevitable de las almas tristes que buscan redimirse del pasado, que buscan salvar parte de sus saqueadas vidas, rescatar del fondo del abismo sus escasos recuerdos felices, el olvido profundo y sabio de los locos.
Si hemos de salvar nuestras conciencias, si hemos comprendido el mensaje de los cuerpos martirizados por las miradas perdidas, si hemos de aniquilar los viejos moldes, debemos volver a vestir ese cuerpo que es nuestro cuerpo y todos los cuerpos y aprender a amarlo de nuevo desde otro inicio, desde otra libido, desde otro sistema de la sangre y los valores, desde el mas profundo acto de amor, antes que la hoguera consuma su ultimo aliento.
l u n a d e p a p e l