
Siempre que cerramos los ojos nos convertimos en cenizas Susana, nos salen alas negras para revolotear en la nada. Si no, mírate dormida, abre los ojos y mírate dormida. Y mírame a mí toda la noche aquí, oyéndote caer en el fondo del sueño con tus alas enredadas, mírame sacando palabras del pozo para ponerlas en tus oídos cuando despiertes, cuidándolas para que no se vuelvan carroña del silencio. Abre los ojos y mira mis llagas de insomnio, mira cuántas raíces echa mi sombra en las paredes.
Pero estás aquí Susana, otra vez conmigo, y eso me basta para hacerle frente a todo. Se vuelve dulce mi insomnio, paseo por el cuarto como si se tratara de un bosque encantado donde te detuviste a dormir. Duerme, duerme mientras hago hoyos en la oscuridad para guardar los huesos de la estrella que roigo, mientras quemo fantasmas con la punta de mi cigarro y espanto a manotazos ojos invisibles que nos observan, duerme mientras te cuido.
Igual que antes ¿te acuerdas Susana?, cuando yo alejaba a esa gente que se metía en tu sueño para hacerte hablar o gritar, esa gente arenosa que te hacía sudar, retorcerte, arañar mi cuerpo.
Como antes Susana, cuando yo te vestía y te desvestía cien veces al día, cuando inaugurábamos el porvenir a carcajadas y nos comíamos a puños el uno al otro. Cuando la casa se llenaba de pájaros que se estrellaban en todas partes, pájaros que al golpearse dejaban un rumor de astillas colgando en el aire y tú siempre querías salir corriendo, pero yo te detenía y te hacía el amor mientras nos cubría una lluvia de plumas, ¿te acuerdas Susana? cuando corríamos por calles que se volvían jardines, sin saber quién perseguía a quién y terminábamos comiendo esa hierba húmeda que crece en los besos, leyendo poemas de Sabines bajo las sábanas, asomándonos a las ventanas de cada instante, gritando nuestros nombres en ellas, tu nombre Susana, tu nombre que siempre me llena la boca.
Quisiera hacer de cuenta que nunca te fuiste, que no pasaron los años, que una noche nos dormimos y amanecimos en un día lejano, en pieles que jamás recuerdan la manera en que seguimos siendo por dentro.
Porque tú y yo seguimos siendo los mismos, ¿verdad Susana? los mismos otros y los mismos mismos, los que enseñaron a la luna otra danza nocturna, los que se metían a las iglesias a besarse y tocarse para deleitar a los santos, los que se reían de todo y lloraban de nada, los que adoptaban estatuas en parques y avenidas y luego en días lluviosos las bautizaban, los que guardaban eclipses en el pecho de las niñas de los ojos, los mismos Susana, los mismos.
Quisiera hacer de cuenta que nunca te fuiste.
Pero sí te fuiste, sí me excavé todo buscándote, me derruí todo pensando que estabas dentro de mí... ¿no era más fácil hablar en vez de huir? Qué nos pasó Susana, porqué nos perdimos en laberintos y reductos miserables de nosotros mismos... o ¿lo soñamos?... sí... ¿verdad Susana?... Soñábamos que cada amanecer, agarrados a un salvavidas invisible llegábamos a islas desiertas, que encallábamos en días que sin haber pasado pertenecían al ayer, días que no tenían para nosotros la coartada de un destino. Soñábamos que vivíamos en una niebla amarga que nos hacía inhabitables, que el amor se nos oxidaba y se nos volvía un artefacto antiguo e inútil, que el mundo de lo cotidiano caía lentamente en un ritmo funeral, de íntimas agonías. Soñábamos que algo nos impedía despojarnos del musgo que nos ahogaba el alma, que nuestros sexos eran cactus en medio de la noche, que nos devoraban leones escondidos bajo la cama. Soñábamos que los espejos pudrían nuestros rostros, que nos escupíamos arenas movedizas..... Soñábamos a gritos.
Y un día te fuiste Susana y me quedé soñando solo.
Nunca sabrás cuánto te busque. Recorrí la ciudad entera, tirando puertas porque me parecía ver que entrabas por todas; no dejé piedra sobre piedra sin buscarte, desmenucé cada nube cada sombra; subí a los trenes porque te imaginaba mirando el paisaje desde un vagón lleno de palomas.
Te dejé mensajes en todos los árboles del mundo Susana.
Cada noche saqué a tus muertos de sus tumbas para preguntarles si te habían visto y ninguno sabía de ti, ni sabían los ciegos ni los cíclopes que a diario acompañaba en sus tropelías, ni sabían las parejas de enamorados que torturaba con mis preguntas, a veces, lo reconozco, sólo por envidia. Nadie sabía de ti. Como si te hubiera tragado el viento Susana, y poco a poco enloquecí de soledad, igual que un espantapájaros en la luna...
Continuara...
sepa su mae ke es lo que dice no entiendo por el fondo que tienes :S

=(
siempre q kiero leer no puedo y kiero markarlo para leerlo y no me deja dice q es exclusivo :S
mal pex nunka te puedo leer
saludillos :D

Jaja ay perdon… ya le cambie el color… ahora si se entiende…;)

El reloj...
El reloj...