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El Ángel y la Demonia

mié 13 de junio, 2007 - 00:56 Estado de ánimo: Indiferente
Seguridad de esta entrada: PUBLICO
Música actual: Senzafine - Lacuna Coil

Tirada en un rincón, la demonia perdía los días contando hasta el infinito de ida y vuelta, desvariando con ideas que ninguna imaginación mortal puede ni quiere tentarse a descifrar. La locura embargaba su ser, ese estado en que cada palabra se matiza con diez mil significados y resonancias que al final llegan mudas a una mente que se niega a oírlas, hundiéndolas en el vacío.

Desde su último encuentro con ese ángel había caído en aquel estado, y es que las distancias ofensivas que marcaba el raciocinio se convirtieron en su perdición, porque a pesar de su inevitable separación, la pasión que unía al amor y el odio manteníase ardiendo, quemando su ser desde el más recóndito espacio que aquella flama llenó y calentó para convertirla en sus propias cenizas.

El ángel y la demonia se conocieron no mucho tiempo atrás en el campo de juegos de la divinidad, donde las únicas reglas eran las que la propia conciencia imponía: el mundo de los mortales. Pelearon en su momento por el alma de un pobre empresario: ella, camuflada como prostituta, él; disfrazado de religioso. Al principio cada quien cumplía con su trabajo, aunque poco a poco se tornó en un reto, una competencia personal.

La demonia era una auténtica representante de su especie. Si alguna vez tuvo una vida mortal, eso era algo que había quedado olvidado. En el presente era una dómina seductora, siendo en ella la pasión su mayor virtud y defecto. Orgullosa, altanera, comprometida con nada y dispuesta a todo, la vida misma había ido agotando sus escrúpulos e ilusiones y con el paso y peso de las noches su interior se derrumbaba poco a poco, vaciando las ganas de existir.

El ángel, por el contrario, era aún un ser puro y sin la corrupción de los años: un alma recién muerta que a falta de pecados adquirió las alas y con ellas un motivo para vivir, para ayudar, para ver por otros más que por sí mismo, regalando en el mundo la virtud que con la demonia compartía: una pasión, aunque centrada, dedicada al amor por la vida y al deseo de hacer el bien.

La demonia se olvidó del alma del empresario con el capricho para dedicarse a un pasatiempo más pretencioso y por lo tanto más emocionante: la seducción. De uno y mil métodos trató de acercarse al ángel y de obligarlo a ceder por ella toda su buenaventura. Difícil tarea, la de mantenerse estoico ante una mujer así.

Porque dicen que polos opuestos se atraen, pero el alma del ángel y de la demonia estaban hechas del mismo material y eran en el fondo iguales, la diferencia era solamente la erosión del tiempo sobre la materia y la esencia: ingenuidad en el ángel, ruina en la demonia.

Tal vez fue la curiosidad o la tentativa ante lo prohibido, pero llegó su momento cuando el choque de las dos placas fue inevitable: Había nacido entre ellos una necesidad que primero fue costumbre, un cariño que primero fue coraje, un amor engendrado por el odio en un campo de sentimientos cuyas flores eran de todo tipo, enriqueciendo y matizando cada instante que era de los dos, cada segundo en el que no existía nadie más que ellos, decididos a amar a su rival sin ceder, sin embargo, ante su propio carácter.

Las sonrisas que al principio guardaban ironía comenzaron a irradiar verdadero placer, los encuentros que eran obligados pasaron a ser citas mutuas donde se veían para hablar de muchos temas, para discutir de sus razones y sus pretextos, dejando bajo tierra todas aquellas cosas que no se decían en palabras pero relucían en miradas, en sentimientos y acciones.

Para la demonia la idea del capricho se había esfumado de un tiempo atrás, terminó siendo en su lugar un calor del que comenzaba a depender, el bienestar que quiso y nunca tuvo… en la luz del ángel resguardaba sus sentimientos, esperando que aquella sonrisa tan pura que poseía el aliado de dios curara sus viejas heridas y saciara su sed de vida, de cariño, dándole razones para apreciar la belleza entre ese altibajo de luz y oscuridad, brillos y sombra, bien y mal; eran precisamente estas diferencias las que la aterraban pero la embelezaban a la vez. A veces ella lo envidiaba, envidiaba sus alas blancas y su sonrisa radiante, sus ganas de vivir y su juventud; comparándolas con la podredumbre que ella poseía por corazón, el manojo de muerte que tenía por ilusiones y otras muchas pertenencias que colocadas junto a las del ángel eran impuras e innecesarias. El ángel y la demonia eran contraste en el que el uno remendaba con lo que poseía el corazón del otro, no importaba el material o el relleno que pudiera darle, después de todo, se habían entregado mutuamente. A pesar de ello, la demonia, obstinada como era, se aferraba a la negación de todo aquello que la llenaba… no podía aceptar el querer lo que en el fondo sabía que nunca poseería.

Cada encuentro agridulce le clavaba una estaca en el corazón, aunque a cambio le sacaba diez espinas. Pasó las noches contemplando el cielo en busca de razones para no maldecir su acostumbrada existencia pero sin mucha suerte, porque el refugio que le otorgaban las estrellas era sólo momentáneo e incluso en ellas podía ver dibujadas esas alas que anhelaba y que no podría arrancar.

Para el ángel la preocupación se volvió un sentimiento cotidiano, porque a él le importaba ella, porque él quería ayudar. Ayudar a la demonia, ayudar a las personas… ¿cómo podría ayudarse él? Su conciencia hacía estragos al salir de la luna… él no podía permitirse algo así, de él dependían muchas almas que se ponían en juego por culpa de su… si, sabía que debía aceptarlo. De su devoto amor.

El ángel sabía amar. Amar era su naturaleza, nunca tuvo problemas para ello. La pureza lo hacía entregar todo su ser en el amor que regalaba, pero esta vez algo era diferente. Él esperaba algo a cambio. Él sacrificaba más de lo que poseía y de lo que era suyo por ese amor. Cuestionó mil y una veces el por qué un cariño se le había vuelto egoísta, ¿acaso era un deje de sentimiento mortal?

Decididos a olvidarse, ambos trataron a adoptar la salida alternativa, era que calma la tempestad pero no resuelve el problema. Optaron por no verse, por evadirse… pero bien se dice que el destino es grande y el mundo pequeño, donde quiera que el ángel fuera, se topaba con la demonia.

El juego del olvido tiene reglas incomprensibles para ningún ser, sea mortal o inmortal. Conforme más se aferraban a la idea, más se avivaba el recuerdo: el ángel en las estrellas, la demonia en las nubles. El llano comenzó a hacerse tradición para los dos pares de ojos, por esa historia que pudo ser y nunca fue.

Y pasaron los días, y pasaron los meses, y la flama que ardía en los corazones de la demonia y el ángel mantenía encendidas sus brasas, quemándolos por dentro a los dos.

Aquella noche en particular la demonia ya no pudo más. Armándose de todas sus fuerzas robó las alas a un ángel cualquiera y subió al cielo, decidida a encontrar su perdición o su triunfo.

Cuando en ángel vio a la demonia, la sorpresa fue la reacción que en sí predominó. Corrió él a sus brazos y ahí se mantuvo. Fueron pocos minutos, segundos quizá, pero en ese abrazo ardió una eternidad de preguntas sin respuesta y problemas sin solución, de sentimientos, de pasiones, de miedos, cariños, deberes y amores que se consumió en dos palabras pronunciadas entre lágrimas: “te amo”, selladas por un beso, el pacto más fuerte que ambas almas atormentadas conocían.

Las reglas de todo mundo son pilar y derrumbe, el ángel y la demonia fueron separados por arcángeles y almas buenas que nunca se esmeraron en entender. Y era comprensible, ¿qué bien podría nacer a partir de una fuente de sufrimiento y odio? Pero olvidaron que incluso de una semilla aparentemente podida puede crecer una planta…

El ángel y la demonia fueron distanciados. Ella, entre gritos, alaridos, amenazas y lágrimas fue enviada de vuelta a su infierno. Ahí, fue castigada y despreciada por los suyos, quienes una y otra vez se mofaron de sus vanas ilusiones. La demonia fue destituida de su cargo y presionada para abandonar aquello en lo que después de tanto tiempo había aprendido a refugiarse, en sus sentimientos. La imagen de su ángel y de su último encuentro la atormentaban día y noche, haciéndole imposible seguir en su realidad. Poco a poco, la cordura fue abandonándola para permitirle esconderse en el falso mundo de la ilusión, para poder vivir en todas aquellas historias que su corazón aún albergaba como esperanzas. Dejó de luchar, dejó de hablar, dejó de oír… sólo continuó viviendo sin vida y estando sin estar.

El ángel por su parte fue severamente sermoneado y reprendido. Una y otra vez se le repitió la inconsciencia de sus acciones, la falta de nobleza y el egoísmo que éstas albergaban… pudo sacrificar muchas almas inocentes por tratar de salvar a una esencia perdida quien por voluntad había elegido el camino del mal. El ángel trabajó más arduamente, doblegó su propio bienestar y ofrendó su corazón lleno de cicatrices para poder redimir un pecado del que no estaba sinceramente arrepentido. Fue incluso amenazado con perder sus alas si no lograba apagar su cariño. A pesar de ello, pensaba jornada tras jornadas en la demonia: en qué estaría haciendo, en sus ojos, en sus labios…

Llegaron a oídos del cielo rumores del próximo exilio de la demonia. Habíase vuelto loca, ya no le era en nada útil a los reinos de la maldad y planeaban deshacerse de ella, enviarla a una tierra vacía que se encontraba en algún confín de la nada para esperar a que pasara la eternidad ahí hasta su muerte.

El ángel no podía aguantar el suplicio del futuro. Sabía lo que era, pero también sabía lo que sentía y eso era algo que tampoco se puede cambiar. Se presentó pues ante su creador y le explicó la situación. Él no hizo más que reiterar su advertencia: un pecado más por la demonia y perdería sus alas y su condición de ángel para siempre. Todo el amor por la vida que tanto había respetado se desperdiciaría en algún lugar hasta el fin de los tiempos, condenados a no poder morir y sin pertenecer a una historia, sin tener a donde ir o regresar. Sólo una sombra más entre miles existentes en el contraste entre luz y oscuridad al que muchos llaman vida.

El día de la sentencia de la demonia llegó y sin más fue enviada a pudrirse eternamente con su locura a la nada, un lugar donde todo existe menos el mundo, lugar que jamás he visto pero sé que ni diez mil palabras mortales podrían describir.

La tortura del tiempo es la peor, pues es ésta la única indefinida y etérea, cada segundo es una punzada muerta de dolor, cada nuevo instante es agonía presente y el ardor de la conciencia es mayor al saber que también es igual el futuro.

El ángel no pudo más. Tomó una daga y con sus propias manos, manchadas de lágrimas, se cortó las alas. Una eternidad sin ella era peor que la misma muerte. El ángel dejó de ser un ángel, siendo ahora sólo un desterrado de lo que alguna vez fue. Marchó con el signo de la humillación y la habladuría del cielo al lugar de la Nada. Encontró ahí a la demonia sentada, perdida, ausente, viva pero muerta, suya pero enajenada. Y entonces lloró, lloró amargamente por la crueldad y fatalidad del destino… hasta que la demonia de pronto posó los ojos en él.

Vivieron la eternidad juntos, solos, en un mundo donde por fin no existía nada más que ellos y donde ellos eran los amos de todo y de nada. Consagraron sus días el uno al otro, habiendo dejado todo pasado atrás, habitando un presente lleno de pasión y esperanzas, con la seguridad de un futuro en el único lugar donde cada uno quería pasar el resto de su vida: los ojos del otro.

Y así comenzó la historia entre el ángel y la demonia. Así comenzó la historia entre tú y yo.



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Conteo hacia la perdición

mié 21 de marzo, 2007 - 22:22 Estado de ánimo: Cansado
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Música actual: Before the dawn - Evanescence

Diez pasos hacia la puerta de entrada. Mil cuestiones sin resolver a la cabeza. ¿Cómo llegué hasta aquí? Dieciocho cicatrices permanentes en la muñeca izquierda, dos intentos de suicidio y unas ganas de mandar todo al diablo se vienen a mi mente. Con la vida y la muerte nunca se juega sin perder algo a cambio y yo me perdí a mi misma entre luces opacas, camufladas de estrellas pero vestidas en realidad con sobrios lutos que al final pudren más de lo que ayudan a cultivar.

Un suspiro y un giro a medias a la perilla. Me encuentro al enemigo sentado en su sillón color beige que tanto combina con el tapizado grisáceo de las paredes. Una sonrisa fingida y la predecible invitación a sentarme para presenciar su tradicional ritual de escrutinio.

Incontables miradas incómodas y tres silencios rotos por el constante e inagotable tic tac del reloj de pared. Dos minutos en este hoyo y comienzo a extrañar hasta los lutos de la parca.

Mil cuarenta y tres palabras falsas que pudieron haberse resumido en un simple “Hola… terminemos con esto y dame mi dinero”. Una necesidad muy respetable de comer, supóngome yo.

Diecisiete preguntas casuales y de temas trillados como las inclemencias del clima que golpean allá afuera o rendimiento escolar que importa realmente tres carajos y tres palabras con “Ch”.

Cincuenta respuestas en círculo que me encantaría danzaran por la habitación y me hicieran un espectáculo digno como un meteorito, o cuatro golpes en la cabeza del pelele sentado frente a mí.

Una, dos, tres, cuatro hojas de apuntes innecesarios, mis respuestas no reflejan ni la sombra de lo que soy o de los demonios que habitan en realidad en mi mente, escondiéndose en los armarios por el día y dominando el sueño de diez mil noches en vela a las que agradezco la contribución de mis marcadas ojeras.

Veinte minutos y temas mejor fundados. Un par de preguntas acerca de mi bien sabida disfuncional familia y un par de indirectas sobre mis ambiciones de morir. En un mundo tan interesado y consternado al prójimo no lo pueden dejar a uno un rato en paz con su tristeza, después de haber compartido una vida y dos pasadas con la leal amiga revestida de cazadora.

Catorce hojas en la maceta de al lado, ciento cincuenta y dos cuadritos en el anticuado sweater de mi interlocutor, que al final sólo alimentan mi prejuicio: este imbécil no sabe de vida ni de dolencia, ¿qué hago aquí contándole mis problemas?

Otras tres vueltas al cuartero del reloj, esta tortura no puede prolongarse mucho más.

¿Para qué buscarle soluciones a una causa perdida cuyo final ni siquiera te ha de interesar? La noble cara del famoso Ignacio Zaragoza estampada en tres billetes, mil quinientos pesos la sesión me dan la respuesta a la aclamada pregunta del millón.

Más trivialidades, otras treinta y ocho respuestas superficiales de mi parte. ¿En serio alguien creía que podría abrir mi persona a la investigación de un Fulano o un Mengano con afanes de Celestina?

Porque haciendo vuelta atrás, no logro ver mas que los buenos tiempos en que mi alma se quedó estancada y de las que mi cuerpo y el paso del tiempo no pudieron evitar correr. Colores, brillos, luces, voces, elefantes, tonos de verde. Sin cuenta, por no tenerla, noches de hachís, otras tantas con heroína, crack o lo que quiera que se dejara… en mi imaginación.

Una realidad sólo llena de vacío, de mentiras, de fantasmas bajo la cama que aún desde la infancia no he logrado ahuyentar. Tantas ganas de tirarlo todo por la borda y de seguir si acaso por alguna razón estacional.

Mi mente divaga lejos. Otros cuatro discursos llenos de preguntas y conexiones que no entiendo… ¿la partida de mi padre con el negro como mi color personal? Más incógnitas que serán resueltas con algún comentario risueño cuando este suplicio de tedio sea sólo un aburrido recuerdo de cantina.

Ahora sí, mis límites se tocan. Alguna manera de aguantar debe existir. La imaginación rescata del olvido los innumerables cuerpos desnudos y desconocidos que mis ojos y las noches de perversión me permiten memorar, mientras aquí cerca me hablan de disfunciones y trastornos que asocian y disocian y alimentan y destruyen y motivan y me importan otros tres carajos que acompañan a los de arriba.

Sé qué es mi vida, sé qué he hecho con ella y sé que si es un asco puedo estar orgullosa de que es un asco propio y bien merecido. Resignada a lo que alguna vez dijo un buen ídolo “Jesús no quiso que fuera un rayo de sol” y yo no quiero ser foquito en árbol navideño de mentiras y de esferas uniformes que al romperse no dejen más espacio vacío que el que pueda ocupar alguna otra esfera del juego.

Una sonrisa autista y más miradas de parte del que me asecha. Un par de sugestiones acerca de mi sexualidad desviada, pensamientos ofensivos hacia su madre como contestación. ¿Qué será lo siguiente? ¿Una propuesta de cama con mi morbosillo acompañante? Gracias señor loquero, no es usted mi tipo.

Otro suspiro resignado y el sonar de una alarma. La tortura semanal terminó, ¿podré seguir otra vez en mi letargo sin ser molestada con optimismos o ganas mentirosas de mejorar?

Casi al levantarme, mi estimado me regala una sonrisa fingida más y algún comentario obtuso acerca de lo edificante de la sesión. No veo en el cuarto nada más edificante que el adorno de mesa del legendario Don Quijote de la Mancha encajado en el centro de su cabeza y con tres litros de sangre brotando a su alrededor como decorado. Una sonrisa oportuna al presentarse esta visión, que ayudó a contestar la anterior mueca de mi contrincante cual si fuera esta una tirada de poker decisiva que lo va a llevar al otro a quitarse otra prenda.

Una receta de algún “relajante leve” como Prozac o Sarafem, que lo único que tienen leve es la posibilidad de sentir, a diferencia del no-tan-leve precio a la venta. Con lo fácil que sería doparme con más marihuana.

Un botecito más, uno menos. Veintiocho cápsulas para tomar. Veintiocho pretextos, excusas y mentiras para encubrir mi salud. No voy a permitir que me aniquilen lo poco que he dejado yo con vida en este cuerpo.

Una despedida y un agradecimiento poco sinceros, con la promesa de una nueva visita la próxima semana.

Persisten aún las incontables ganas de morir. De lo que tampoco puedo sacar la cuenta es de cuántos días más me faltarán para llegar a mi anhelada, definitiva e inevitable meta.



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Sueño de Soledad

mar 06 de febrero, 2007 - 20:45 Estado de ánimo: Triste
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Música actual: Asi fue - Juan Gabriel

Otra noche de melancolía llorando a pulmón una ausencia imaginaria. Mientras, el brillo de la luna que desde hace tiempo se había convertido en mi única compañía en aquella larga mitad de la rutina, golpeaba suavemente mi rostro, siendo el consuelo que me decía “para ya” y “no vale la pena”, todas aquellas frases que suele decir una verdadera e incondicional amiga.

Cansada de derramar lágrimas, la latente soledad comenzaba a congelar la llama que solía habitar mi pecho, caí rendida ante los poderes del dios Hipnos, manteniendo la esperanza de dormir eternamente, de no despertar jamás.

De pronto, me encontraba sola en un mundo irreal… estaba entre muros negros, etéreos, en un campo de extensiones indefinidas que sólo puede compararse con la imagen del cielo en una noche sin estrellas. Miré hacia ambos lados buscando alguna salida pero, ¿Cómo escapar de un lugar sin entradas? ¿Cómo alejarte del lugar al que debes pertenecer?

Comencé a correr, a gritar, a buscar algo que golpear, algo con que desquitar esta maldita sensación que aún ahora no sé si es rabia, odio, dolor o simplemente ansiedad. Me detuve, el aire me faltaba… qué patético espectáculo, una pobre tonta tratando de huirle a todo y a nada. Un intento desesperado de escaparme de mi realidad.

Jadeante, cansada, aturdida y desesperanzada pasé una mano por mi frente, mi respiración entrecortada era el único sonido que retumbaba en el lugar.

De pronto, una tenue risa rompió el frágil silencio que agobiaba mis sentidos. Miré hacia los lados nerviosa para encontrar al otro visitante de mi país de Nunca Jamás. “Aquí atrás” me dijo una voz desconocida, pero a la vez extrañamente familiar: era esa voz que tantas veces había resonado en mi mente, la que me culpaba, me torturaba, me acompañaba… la que me hacía enloquecer. Me giré para conocer a mi acechadora.

Ella era indudablemente hermosa, pero sombría. Su cabello era largo y negro, vestía con el mismo color oscuro, su tez era pálida y en sus ojos un azul tan profundo, y a la vez tan vacío, tan indolente, lleno de una colección de lágrimas que contenía las ya lloradas y las que aún faltaban por llorar. Un velo de tela rejada caía de la tiara que adornaba su cabeza. Yo tenía miedo de acercármele o hablarle, y sin embargo me era tan familiar… me daba la impresión de que ya nos conocíamos, de que ya habíamos estado ahí.

Movida por la incertidumbre y alejando a poco el temor me atreví a dar unos pasos hacia su dirección. Su silencio seguía perturbándome y la indecisión volvía a apoderarse de mí. “¿Quién eres?” fue lo único que se me ocurrió preguntarle, su mirada fija en mis ojos me intimidaba. “Soy aquella a la que tanto maldices, malamente. También soy la que siempre te acompaña. Mírame bien, tú me conoces”. Titubeé un momento mientras cavilaba la respuesta, pero de pronto todo se hizo muy claro y asentí con una sonrisa. “Al fin nos conocemos cara a cara… tú eres la Soledad”.

Otra mueca parecida al júbilo se dibujó en el rostro de aquella dama misteriosa que era la Soledad. “He venido a hacerte una propuesta”, agregó. Su tono de voz era irónico, melodioso, eran palabras que resonaban en todo ese lugar y a la vez eran un sonido mudo: eran realmente sus ojos los que seguían hablándome, halándome a la expectativa de aquello que quería decirme.

Cruzada de brazos, altiva para no demostrar mi verdadero miedo a ser herida por las irrefutables verdades que aquella confidente silenciosa, muda, pero nada sorda ni ciega podía echarme en cara, después de todo, era ella la que más me conocía. Usé el tono más lacónico que la situación me prestó para preguntarle cuál era su propuesta.

“Hemos pasado suficiente tiempo juntas, es hora de que me aleje de ti. He decidido que, si quieres, traeré a tu vida un compañero”. Las palabras de la Soledad tomaban un tono burlón, como si en cualquier momento estuviera lista para desgarrar cada letra recién pronunciada. Su sonrisa se volvió de pronto más sincera y pareció compadecerse de mí, muy a pesar de lo duras que fingieran ser mis actitudes o sentimientos. Yo seguía intrigada, mi esperanza era un poco más grande al igual que mis ansias de entender.

“Te prometo que mediré mis distancias contigo de ahora en adelante, nunca más sentirás el corazón congelándosete como en este tiempo. Enviaré a una persona contigo, él estará ahí siempre. Tú compartirás sus alegrías y sus llantos, escucharás cada una de sus palabras: estarás con él cuando las tormentas sean insoportables así como cuando la luz del sol ilumine sus senderos. Él te apreciará como a pocos, y tú le darás tu cariño… no, tu amor incondicional. Ustedes dos tendrán un lazo que casi ninguna fuerza, fuera de la traición y el engaño, podrán romper. Por fin podrás compartir tu vida con otra persona, tendrás a alguien especial a quien querrás, anhelarás cualquier contacto suyo, tendrás material suficiente para construir cualquier ilusión. Esa es mi propuesta”.

Me quedé estupefacta unos minutos, embelesada por la visión que me presentaba mi vieja amiga. Tanto tiempo almacenando sentimientos que al fin podría regalar. Por fin sentiría apegada a una persona como las estrellas se apegan a su cielo o los peces a su mar. Todo era demasiado perfecto, mis eternas ilusiones de soñadora delirante se verían cumplidas en una persona, en él. La felicidad no me cabía en el pecho porque la vida había regresado a mis venas, mi alma había al fin encontrado el camino de regreso a este cuerpo que esperó por siempre para tener tan sólo una oportunidad.

Pero así como vino la sonrisa a mi rostro, se desvaneció instantáneamente al caer en la cuenta de con quién hablaba: no era menos que a la Soledad a quien yo tenía en frente. Volví a sonreír más resignadamente “¿Cuál es el truco?”, pregunté.

“No hay ningún truco… es sólo que aún no conoces la otra mitad de mis términos”. La Soledad tomó aire, como quien está a punto de dar un gran discurso o decir algo de vital importancia. “Mientras que para ti él será la razón de despertar cada mañana y el motivo de cada sonrisa, tú serás sólo su amiga. Compartirás sus glorias y sus penas, sufrirás con cada desprecio que le hagan, envidiando en secreto cada nombre femenino que haya cruzado por su mente. El frío de antaño cambiará por una flama tan ardiente y peligrosa que consumirá tus nervios y tu sangre, convirtiendo los restos de tu ser en cenizas. Mientras tanto, él sufrirá por sus propios amores, llorará sus propias pérdidas y buscará refugio en el naufragio de tu persona, y tú tendrás que morderte el corazón y ayudarlo mientras vayas pudriéndote por dentro por un segundo más junto a él, un abrazo nuevo, un instante de compartir el calor de sus cuerpos y de sentirlo tuyo en mil y un maneras imaginarias, para que al final el ciclo se cumpla y él siga adelante y tú te quedes parada en el mismo rincón, observándolo… esperando eternamente un regreso incierto, con el corazón destrozado de tanto sangrar en una mano y las ilusiones rotas en la otra… pero eso sí, con la sonrisa en tus labios, porque por su bien sacrificarás sin dudarlo el tuyo. Me iré yo, la Soledad, para abrirle paso a un nuevo compañero para tus noches de llanto: el Dolor”.

De golpe desperté. La imagen de la Soledad seguía presente en mi mente, a pesar de que todo había sido un sueño. Mi cuerpo estaba exaltado, y me di cuenta de que un torrente de lágrimas trataba de desembocar de mis ojos.

Entre mi miedo y mi agitación alcancé a profesar dos palabras a la oscuridad de mi cuarto: “Sí, acepto”.



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Llanto de Nocturna

lun 20 de noviembre, 2006 - 22:50 Estado de ánimo: Abrumado
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Música actual: Blind - Placebo

Medianoche. Otra vez se despertó nervioso, sintiendo esa presencia femenina muy cerca de él. No le atemorizaba esa sensación, pero tampoco podía evitar un deje de emoción, ese sentimiento que se apodera de las personas ante lo nuevo e inexplicable. Poco a poco, se dejó llevar por el sentir dulce y fascinante que cada noche lo embriagaba, privándolo de todo sueño o pensamiento y obligándole a concentrarse sólo en él. Poco tiempo después ya no estaba, y el hormigueo en su espalda lo abandonó dejándolo solo con su incertidumbre.

Ella se alejó de la ventana por la que cada noche, desde hacía unos meses, lo observaba en su sueño al que sólo venía a turbar. La rutina era siempre la misma: despertar después del atardecer con la expectativa de verlo, llegar hasta su ventana y contemplar entonces su frágil belleza dormida, e irse después de un rato a cazar víctimas inocentes para desquitar sus frustraciones o a sollozar en la soledad de alguna cripta con lágrimas de sangre por lo que siempre quiso y nunca podría tener.

Porque ella era un ser nocturno, una sierva de la noche bebedora de sangre desde hacía siglos. En otras palabras, era un vampiro destinado a sobrevivir a costa de la muerte de otros y a no formar nunca parte de una historia, a permanecer siempre en la oscura soledad, sin pena, sin regocijo, sin vida, sin la posibilidad de hacer o deshacer en este mundo al que no pertenecía.

Y de pronto, apareció en su suplicio aquel joven mortal que, sin saberlo, le llenó con su belleza los sentidos casi tanto como lo hacía la sangre y le regaló a ella un nuevo motivo para seguir existiendo.

Ella llevaba conociéndolo bien desde hace meses sin que el se diera si quiera cuenta. Había estado sufriendo a su lado en cada noche en la que él maldijo su soledad, había derramado muchas lágrimas rojas cuando él lo hizo e incluso se dio el lujo de reír con él algunas veces y romper los esquemas en los que había pasado los últimos años. Porque ella, muerta como estaba, se enamoró de cada una de las partes de su ser. Por eso iba a visitarlo cada luna, pero siempre recordándose a duras penas que nada de eso era posible.

Ella llegó como de costumbre a la ventana del joven para observar el despertar que le ocasionaba su instinto. Ah, sí, era tan perfecto en su frágil envoltorio, en sus rasgos no allanados por el tiempo, en su par de ojos cafés que le recordaban la noche y las estrellas en las que vivía… y entonces, esos ojos se abrieron.

Él despertó, sintiendo nuevamente la presencia a la que aún no lograba acostumbrarse y que enloquecía sus sueños. Miró por la ventana para reconocer otra vez esa fascinante silueta femenina sentada en el balcón. Observándolo. Entonces, él se armó de valor para levantarse de su lecho y acercarse a donde su furtiva acechadora se hallaba. Puso su mano sobre la perilla y lentamente la giró para encontrarse cara a cara con ella.

Al verla, le pareció hermosa sin dudarlo. Su cabello era claro, la esbeltez de su cuerpo era casi divina y sus ojos verdes tenían ese verde de las copas de los árboles cuando son golpeadas por el radiante sol de primavera. Era una mujer sin edad cuya mirada irradiaba un deje de tristeza, de cansancio y de ganas de terminar, pero justo en ese contraste de tristeza con ilusión es en donde se encontraba su belleza.

Ella había bajado la guardia y la tomó por sorpresa el encuentro recién ocurrido. A pesar de ello, hubiera tenido la oportunidad de huir, de no haber quedado atrapada por la figura masculina que se encontraba enfrente suyo.

Un silencio imperioso rellenó el breve espacio de tiempo en el que los dos se miraron y se reconocieron. Ella con nostalgia, él con curiosidad.

- ¿Quién eres? ¿Por qué siempre estás aquí, observándome? – aventuró él a decir. – Eso no importa… – se disponía a saltar por el balcón cuando sintió una mano aferrándola. – Espera, no te vayas. Te lo suplico. – Está bien – miró hacia la luna – aún me quedan algunas horas más. – Esta es una hermosa noche – dijo, después de seguir su mirada al cielo. – Las noches dejan de ser hermosas cuando se vuelven lo único que puedes contemplar. Por eso he preferido refugiarme en ti, observándote… a veces me recuerdas a la luz del sol. – Pero, tú eres… – Tampoco eso importa – contestó ella con un ademán de desdén y una mueca de dolor en la cara. – Iba a decirte que eres muy hermosa – dijo él con una sonrisa – Entra, hace algo de frío. – Yo no siento el frío.
El joven se quedó callado por unos momentos. – Pero yo sí – resolvió, e hizo una seña para que entrara.

Esa fue la primera de muchas noches. Cada luna, ella llegaba por la acostumbrada ventana y despertaba al joven con su presencia para que él la dejara pasar. Con el tiempo fue convirtiéndose en su frecuente visitante nocturna, esperaba incluso todo el día por la llegada de la noche para poder contemplarla, hasta que tuviera que irse huyendo a escondidas de la luz que acompañaba al amanecer.

Él la había idealizado como un ángel tapizado de misterio que había bajado a hacerle más tolerable la vida.

Para ella, las visitas eran un veneno agridulce. Cada noche en que lo conocía más a fondo era una noche donde su corazón se partía en más y más pedazos, con la esperanza de que la visión de su amado la enmendara y volviera a regalarle un poco de vida en la luna siguiente.

Cada vez que llegaba, se quedaban charlando hasta el alba. Ella le contó las historias de su vida, el cómo renació mediante la sangre, le relató los hechos históricos que había presenciado. Le relató el suplicio de ser un vampiro y la condena de estar aislada, sola, atada de manos y confinada a la noche durante toda la eternidad. Se volvió su amiga, su compañera de secretos, su paño de lágrimas e incluso su mayor ilusión. Él estaba enamorado de la hija de la oscuridad que invadía sus sueños.

Pasaron así varios meses y una noche se dio un beso. No era un beso como los que daba ella a sus víctimas, no. No hubo sangre ni dolor de por medio. Y sin embargo ardió en él tanta pasión como la que le provocaba el elixir de la vida al robarlo de sus verdaderos dueños. Fue un beso dulce, más especial que todos los que había dado en su corta vida y también en su larga muerte.

Cuando se separaron, las lágrimas habían comenzado ya a recorrer su pálido rostro, porque se dio cuenta del dolor que le ocasionaba aquella causa perdida. Él era un mortal, ella; un vampiro. Y entre la vida y la muerte no hay más nexos que el final, ese estúpido estallido que a la vez une y separa.

No iba a dejar que su egoísmo la tentara a quitarle la vida a su amado y a entregarle el don maligno, que a final de cuentas era más tormento que bendición. Sólo ella sabía lo que era la soledad de lo oscuro, el dolor de la muerte, la envidia de lo prohibido. Y lo quería demasiado como para obligarlo a seguirla en su camino sin rumbo de la eternidad.

Se levantó de la cama donde se encontraban, y se fue sin decir más palabras que un adiós, un te amo, y la promesa de que seguiría allí eternamente con la condición de que nunca más volviera a buscarla.

Él pasó muchas noches llorando. Ella estuvo ahí, observándolo, mordiéndose el corazón, conteniendo siempre las ganas de regresar a él y ganar la felicidad a costa de la suya. Y entonces cada una de las noches que antes fueron ilusión se convirtió en una abnegada desesperanza, en el recuerdo de lo que pudo ser y no fue y en una antigua historia que ya no sabía si fue delirio o realidad. Él siempre sintió esa presencia cerca y se vio tentado a salir y a besarla, pero entendía que eso era imposible, y que el hacerlo significaría perderla completamente.

Así pasó el tiempo, él se resignó y decidió empezar de nuevo, buscar otra compañía. Encontró una mujer que lo quería e hizo con ella su vida.

Incluso entonces, cada noche ella iba a visitarlo, a sonreír por su alegría y a sollozar por su tristeza, apretándose cada vez más su muerto corazón para dejarlo a él amar como debía; sin interferir ella jamás, y de nuevo, sin formar parte en la historia de nadie.

Pasaron muchos años y él murió. Ella se secó las venas de tanto llorar sangre y continuó siempre con la idea de lo que pudo ser y no fue. Pero sabía en su interior que hizo lo correcto, porque el amor obliga a renunciar a lo querido por una causa justa y a dejar de lado el egoísmo para que el otro pueda sonreír, aunque le cueste a uno su propia sonrisa.

Ella dejó de visitar la ventana del que alguna vez fue su amado mortal. Nunca más volvió a buscar motivos para su existencia. Jamás intentó hacerse nuevas ilusiones. Simplemente continuó, con una espina más en su ya de por sí dañado corazón y el peso del recuerdo de quien fue su único y mejor amor, vagando por el amplio y desolado campo de la eternidad.
______________

Ehem , mucho sin escribir nada , eh ? Bueno .. ese es un cuento que hice la semana pasada , pero como soy pajera lo acabo de pasar a la pc hoy .. ojalá a alguien le guste , y si no , pues ya nimodo .

Adeu !



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Crónicas de una acusada

jue 02 de noviembre, 2006 - 15:43 Estado de ánimo: Triste
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Música actual: Love said No - HIM

Ella sólo quería morirse. Estaba cansada de hacer daño a la gente, quisieralo o no. Como siempre, todas sus acciones tenían filo, un filo que cortaba la piel, literal y metafóricamente, de aquel a quien se acercaba. Porque ella nunca quiso hacer daño, ella sólo intentó “portarse bien” o permitirse la ilusión de “hacer amigos”. Qué estúpidamente equivocada estaba.

Por un lado, la culpa la azotaba, pues hacía sufrir a la persona a la que quiso con su indecisión y su necesidad de incriminarlo para poner un pretexto a su maldita falta de compromiso, a la tentación de probar lo nuevo y lo prohibido y a esas ganas de sentirse algo.

Por el otro, la indecisión afectó a aquel a quien se acercó a ayudar, a hacer feliz. Él debía odiarla, y ella sabía que era lo justo. Que así era la vida. Que así como a ella le tocó cientos de veces odiar, le tocaba ahora estar del otro lado del velo y jugar el papel al que tanto le había huido, porque jamás quiso partirle el corazón.

Pero así como no quería partírselo a él y en vano intentó buscar una solución, así terminó hiriéndose ella también, y con el corazón roto y la sonrisa del principio olvidada y opacada por los nervios perdidos en este último intento de ser feliz, ella decidió morir y darle un final a esta irónica historia donde la mala fue la indefensa del cuento y donde la última lágrima se derramaría en el culpable campo de la eternidad.



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Recuerdos de un amor que se fue sin irse

jue 28 de septiembre, 2006 - 19:28 Estado de ánimo: Deprimido
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Música actual: Sleeping with Ghosts - Placebo

Escribo esta carta para apelar a mi memoria las veces que me has fallado. ¿Qué? ¿Te sorprendes? Ah, es que seguramente creíste que yo no lo notaba… y mientras tú reías, y vivías, y jugabas, y sentías; yo me deshice por dentro, pero eso sí, sin doblegar nunca mi sonrisa para no desatar tu preocupación por compromiso. Porque era eso, ¿cierto? Simplemente fingías importancia para no hacerme menos. Pues déjame decirte que te hizo falta fingir más y preocuparte menos, porque eso nunca nos llevó a ningún lado (Bueno, me retracto, a mí sí. Me llevó a buscar la compañía de mi navaja y clamar sangre por nervios, pero déjalo así).

Nunca te gustó lidiar con lo que verdaderamente soy, ¿verdad? Siempre creíste que los míos fueron berrinches y pataletas de una niña que todo quiere que le salga bien y a la que le salía todo siempre al revés (¿neib?) y mientras yo me hiciera la loca y tú te hicieras el perdido, el problema pasaría a ser parte de la historia.

Y qué historia, dios mío. La nuestra fue una historia lenta y (al menos para mí) inexplicable. Tú tenías ese nosequé que tanto me gusta descifrarles a los hombres y yo tenía… no sé qué que pudo haberte llamado la atención. Y rompiste con la otra, y después de muchos esfuerzos, intentos fallidos y cuatro cicatrices permanentes te acercaste a mí (La otra. Es curioso que la llame “La Otra”, cuando en aquel entonces era “Ella” o “La”. Como dato más curioso te cuento que aún hago mi día a base de estragar lo de La Otra, que no sé si es vicio, u obsesión, o manía o qué).

Y hablando de la otra (aunque no te guste el tema), lo aceptes o no, ¡Cómo la quisiste! Pero es que para ti es siempre muy fácil. “Te quiero, te quiero”. Te quieres a ti, me quieres a mí, lo quieres a él, la quieres a La Otra… nada más así, un “te quiero” y ya. ¡Para ti es tan estúpidamente fácil querer! Siempre fuiste una persona más sentimental, menos pasional.

Hasta ahora que busco las palabras había tratado de encontrar la diferencia entre tú y yo (y que no fuera el ritmo al bailar, porque hasta para eso vamos diferentes) pero es que en realidad no tengo las palabras, aunque tengo los conceptos. Te lo digo, en mi mente no caben las palabras para muchas cosas, como para lo nuestro, como para ti (nunca supe si llamarte amor o idiota, o decirte por tu nombre, o…), como para el cariño o para Plutón que ya no es planeta. Da igual la palabra, que es tan sólo la expresión de lo que son las cosas. Antes que eso está el significado y lo que tú significas para mí.

Creo que ya conocía la diferencia entre nosotros pero no quería ponerla en palabras para que su concepto no te hiciera menos, y es que a mí siempre me sobró originalidad y a ti te faltó criterio. Porque debo decirlo, a pesar de lo que disfruté contigo, me quitaste muchas cosas. ¿Recuerdas aquellas noches con olor a hachís? No, por su puesto que no las recuerdas, porque jamás las viviste conmigo. Tú siempre tan consciente cuando de lo “moralmente correcto” se trataba (y como tu moral sólo atacaba a los vicios que tú no compartías…).

¿En dónde quedaron las promesas desgarradas y los tratos incumplidos que se diluyeron entre el humo de mi último cigarro? ¿En dónde están las alas rotas y el alma ensangrentada que alguna vez te regalé? Me quitaste mi libertad, y me diste a cambio mi muerte.

Y hoy te fuiste, diciéndome simplemente adiós. ¿Acaso no extrañas aquel aroma del que tanto te reías, esa mezcla de Hugo Boss con un toque de tabaco? Porque la calidez que despedía tu cuerpo junto al mío es ahora un helado vacío que creo que en mucho tiempo no podré llenar. (Hace no más de tres horas tenía mucho que decir pero ahora las palabras se me acaban). En fin, que la nuestra ha sido una historia con un amargo final. Intercambiamos muchas cosas, ¿sabes? Tú me enseñaste a sonreír y yo te enseñé a pensar (creo que ya con eso estamos a mano).

Yo tenía razón desde un principio: “Tú te cansarás primero de esta pobre idiota (que como todo le sale al revés es una atoidi) de lo que yo me cansaré de ti”. Y mis augurios fueron acertados, no pudiste conmigo y mis mañas y mis vicios y mis virtudes que se camuflan de defectos; o simplemente ya no quisiste intentar.

No te culpo. Gabbo (o sea Dios) sabe que no te culpo. Sé que soy una persona bastante difícil, pero hice lo que pude por hacerte, por más estúpida que suene la palabra, feliz.

No importan las razones, lo que cuenta es que ahora te fuiste diciendo quien sabe qué cosas y me dejaste aquí con la vana promesa de ser amigos. Te juro que aceptaría tu oferta de no ser por un pequeño detalle: hace mucho tiempo que tú no eres mi amigo ni mucho menos (y digo “ni mucho menos” porque eres mucho más). Y tú bien sabes que yo jamás aprendí a hacer amigos: algo que no me gusta de mí es que para mí todo es frío o caliente, no hay un término medio, y creo que contigo no será la excepción.

Mira el lado positivo: al menos ya no tendrás (tendremos) que gastar el tiempo en explicaciones que al final no hacen a Plutón planeta ni a nosotros felices. Ya no tendrás que cuidar con nadie tus palabras (aunque te recomendaría que lo hicieras, y no por mí sino por ti) y podrás continuar tirando la piedra sin pensar que puede golpear en la cabeza a algún pobre desprevenido, o a la idiota a la que todo le salía al revés.

Pero después de toda esta serie de preguntas sin respuesta (y no es indirecta esperando contestación), y problemas sin problemas, y noches sin hierba y yo sin ti; quiero que te quede un consuelo, o me quede una maldición a mí. Recuérdame cuando a tus sentidos les llegue el aroma a Hugo Boss con un toque de tabaco, porque es la brisa dándote un recordatorio de que en alguna parte yo todavía existo, tirada en alguna banqueta y contemplando el humo de mi prohibidísimo cigarro, esperando ver en sus formas un poco de ti. Te amo.
_______________

Mi cuento de hadas llegó a su fin . Aún no logro hacerme a la idea de que nunca más probaré sus besos , que ya no sentiré la seguridad de recostarme junto a él y sentir su abrazo rodeando mi cintura .. daría lo que fuera por que las cosas fuesen distintas , pero no lo haré . Adeu , ojalá alguien se digne a leer mi cháchara .



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Carta Suicida

mar 26 de septiembre, 2006 - 21:48 Estado de ánimo: Deprimido
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Música actual: Sleeping with Ghosts - Placebo

Si están leyendo esto, es porque yo ya no estoy aquí. No quiero que me lloren, no quiero que se culpen, por más inevitable que sea la renuencia mi súplica. Nadie de ustedes ha sido el culpable.

Desde niña aprendí a duras penas que no siempre estarán las demás personas para ti. Tu padre te abandona, tu familia tiene cosas que hacer… y comienzas a jugar sola. A imaginar sola. A vivir tu propia fantasía en la que no cabe nadie mas que tú. Es entonces cuando aprendes el valor de tu persona, es cuando aprendes a atesorar lo único que tendrás en la vida, y a convertirte en tu propio temple.

Cuando creces, tu mundo es destruido por las demás personas, y todos aquellos que te faltaron, o simplemente sólo los nuevos conocidos, da igual. El asunto es que todo lo que tenías construido de ti se derrumba y deja un espacio vacío que si no llenas pronto, no aprenderás a llenar en el resto de tu vida. Dejas de quererte, dejas de jugar, dejas de querer a los demás y, de nuevo, a recluirte en ti mismo… en un yo que odias, en un reflejo que no puedes mirar, en una mente de la que dudas. Y sin embargo, el orgullo sigue ahí… el orgullo de saber vivir con ese odio, de haber aprendido a fingir las sonrisas día a día y a ocultar las cicatrices en tu brazo. Estás orgulloso de vivir muriendo y de no morir en vida. Es así como te haces fuerte, es así como aprendes a poner la otra mejilla, es así como aprendes a no esperar nada de los demás y a valorar en oro lo que por alguna casualidad recibes.

Por eso nunca creí en el suicidio por motivos externos. Creo que por pocas cosas vale realmente la pena el suicidio. Por amores frustrados, no. Por traiciones de aquellos que a veces se dicen tus amigos, no. Quizá por las desilusiones que a veces te dan las circunstancias, cuando la vida se hace realmente insoportable y no tienes nada por qué seguir. Pero definitivamente, el fallarte a ti mismo es uno de los motivos que siempre he respetado más. Porque cuando tú mismo te faltas, cuando tú mismo te fallas, cuando dudas de ti mismo, cuando no puedes volver a confiar en la única persona a la que tendrías eternamente… es entonces cuando la vida pierde sentido.

Fue un poco de eso lo que me sucedió, y ahora que saben mis motivos, ya conocen al culpable: cúlpenme a mí, maldigan mi nombre, ódienme… pero no me lloren, y por lo que más quieran, olvídenme. Tengan por seguro que si mi esencia perdura, los recordará a todos ustedes desde la eternidad.

_____________________

Antes de que nadie comience a preocuparse .. NO , NO ESTOY MUERTA ni lo estaré en algún tiempo, creo (( a menos que mañana pase un puto camión y me arrolle , pero ese es un pensamiento demasiado optimista )) .. como sabiamente dijo Sota alguna vez “ es como me siento y lo que diría si tuviera una pistola en la mano “ (( creo que tengo que agregarle a eso ‘ sobra de conciencia ‘ y ‘ falta de ovarios ‘ )) . Supongo que aún me queda algo a lo que aferrarme .. ojalá no se derrumbe , como yo .

Adeu .

Cabe mencionar que tuve que escribir este post 2 veces por problemas técnicos . Merezco un poco de crédito .



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Las palabras que quedaron

dom 24 de septiembre, 2006 - 11:08 Estado de ánimo: Decepcionado
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Música actual: Last Dance - Lacrimas Profundere

No quisiera decirte lo que siento por no causarte la necesidad de gritar. Maldecido quedaría mi nombre por tus labios, siendo éstos los únicos que me permiten sentir… la ilusa belleza y la fría realidad.
Pero es que no entiendes. Falta mucho en esta carta. Falta que te cuente las diez mil veces que te dije “Te quiero” y las otras diez mil lágrimas que lloraré por ti. Pero eso no se puede en una carta.
Quisiera relatarte las razones de mis rencores, de mis suspiros y mis… ¿elefantes? Tampoco eso cabría aquí. Pero retomemos el tema ¿He acabado acaso de decirte sobre tus labios? Espero haberlo hecho. Porque debes saberlo: lo que me corta como navaja es precisamente lo que me ha hecho vivir. Tus palabras. Tus palabras, tus palabras, tus palabras. ¡Treinta y seis (que es un número compuesto del producto de 6×6, 6*al cuadrado* o 30 + 6) veces tus palabras!
Pero en realidad son tus palabras, elocuencias y voces del infierno, son esas las que e hacen morir. Sólo me queda el consuelo de que estando muerta dejas de llorar… o de oír.
__________
Hola a todos ^^U bueno , otra vez abriendo el changarro este .. que quiero darme a la tarea de mantenerlo actualizado . Han pasado tantas cosas que se pueden resumir en nada .. y bueno , ahí está un escrito algo fumado rolleyes resultado de la inspiración divina de anoche . Espero a alguien le agrade , porque a mí sólo me hizo gracia .

Adeu !



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Antiguos Fantasmas

mar 12 de septiembre, 2006 - 00:37 Estado de ánimo: Abrumado
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Música actual: Bother - Stone Sour

Hola de nuevo .. hoy ha sido un día extraño .. muchas cosas se movieron acá adentro . Vi a una persona .. una persona a la que estuve evitando durante casi 3 años . Una persona que se había convertido en un recuerdo y había dejado de tener forma humana . Una persona a la que esperaba no volver a ver en toda mi vida . Una persona a la que desée no volver a ver en toda mi vida . Y sin embargo la vi aparecer de pronto , trayendo consigo muchos fantasmas del pasado , fantasmas que yo creí nunca más me atormentarían , cuyas cadenas creí haber dejado atrás hace mucho tiempo . Estuve equivocada .
¿ Qué sentí al verlo ? Miedo .. miedo a recordar , miedo a traer a mi mente viejas cosas que ya no me pertenecen , que no son parte de mí .
No quiero que este encuentro con mi pasado interfiera con el presente en el que vivo , que es diferente , mejor .. y todo por un maldito fantasma .

Hoy cumplo 4 meses con mi novio . Te amo mein Leben , nos vemos en la tarde .

Un saludo a toda la Gothicrew , los quiero un huevo .

Adeu !



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Maybe ...

jue 07 de septiembre, 2006 - 05:24 Estado de ánimo: Sensible
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Música actual: Why , or why Not - Higurashi no Naku Koro ni

To get my Happiness I Have done Everything
but Had done Nothing to be Blamed and accused of ,
the Sound of Footsteps became Louder everyday
then I Noticed the Fact there was No time .

I was a Believer in Life , to be Myself always
and was asking whether I will Be Alive ..

Give me a Reson why not to adapt in dismay
or judge me to be Guilty of so Many incurable Sins
Tell me why or why not , come play anyway to Live
Maybe my Happiness Set Sail waiting for me ..
_________________

Este es el Lyric del ending de Higurashi no Naku Koro ni (( serie de anime )) como yo lo entiendo o al menos como yo lo quiero entender . Anoche me entró la vena nostálgica escuchando esa cosa después de ver el capítulo 22 .

Y es que tengo tanto miedo .. de regresar a la infelicidad de siempre . De perder lo que estuve atesorando durante meses y que se convirtió en la parte más importante de mí . Ahora mismo no puedo decir que sea feliz , a pesar de que de un modo u otro aún mantengo cerca de mí a las razones de mi alegría .. simplemente hay tantas cosas que me hacen temer el perderla , el que se me escape de pronto .. sé que eso no es sano , que uno debería concentrarse en su momento y vivir lo que tiene sin miedo , pero en “ mi momento “ no puedo serlo . Y la paso imaginando , anhelando verlos .. pero temo que cuando llegue el momento de vivir con mis personas , de estar con mis personas , las cosas no sean igual que antes . Cómo desearía poder hacer eterno todo lo que hemos pasado , y viendo hacia atrás recuerdo con nostalgia meses anteriores , situaciones anteriores , alegrías y tristezas de antaño .. que temo que desaparezcan para quedarse en el pasado . Y no sé , como dice el Ending .. “ quizá mi felicidad haya embarcado esperándome “ .

No me dejen volver a caer en la infelicidad , por favor .

Adeu !



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Rape Me ! - Nirvana

mié 06 de septiembre, 2006 - 00:32 Estado de ánimo: Extasiado
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Música actual: Rape me - Nirvana

Rape me
Rape me , my friend
Rape me
Rape me , again
Am I the only one ? Heay

Hate me
Do it and do it again
Waste me
Rape me , my friend
Am I the only one ? Heay

My favorite inside source
I’ll kiss your open sores
Appreciate your concern
You’ll always stink and burn

Rape me
Rape me , my friend
Rape me
Rape me , again

Am I the only one ? Heay

Rape me !
_________

Perturbador , a que sí ? Una bonita rola de Nirvana .. con todo y dedicación exótica ..

Adeu !



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Intensa Búsqueda de Autoestima

lun 04 de septiembre, 2006 - 15:16 Estado de ánimo: Cansado
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Música actual: Nirvana - Yoy Know you're Right

Después de mucho llorar y patalear, de varios conflictos internos y más de 15 años de vivir constantemente en un estado de muerte cerebral (( muere, estúpido cerebro! )) ; Abbi y yo tomamos la resolución de buscar al fin nuestra Autoestima. Y emprendimos la difícil tarea de encontrarla!! Desde el famoso y conocido buscador Google.

*Búsqueda: “Autoestima para Nad”
Resultados: 562 encontrados.*

1. “coordinar los programas de IEDECA que proveen talleres de autoestima para mujeres”
Qué bien! Hay talleres de autoestima para mujeres en la IEDECA :D… ahora sólo me falta descubrir que chingados es la IEDECA. Nota: Buscar un directorio telefónico.

2. “de autoestima muy bajo y cuando llegan a ser adultos tienen dificultad para …”
Esos puntos suspensivos no me agradan para nada… Nota: Encontrar más rápido mi autoestima.

3. “Para su adolescente, tener amigos sordos significa conocer a otras personas que están pasando por las … También esto puede ayudar a su propia autoestima.”
Nota: Conseguirme un amigo sordo.

4. “Letra grande: son personas hiperactivas, desordenadas y para nad a … Letra Pequeña o Concentrada: Son personas con muchos complejos y baja autoestima”
Haberlo dicho antes que el tamaño de la letra influía en mi autoestima!! Nota:

ESCRIBIR CON LETRA MÁS GRANDE

5. “Old: Todos no viven en una contradicción permanente, a mi no me atrae para nad aun virgen pura, a mi solo me interesan las mujeres que tengan experiencia”
Nota: Buscar mi autoestima en la farmacia, junto a los condones.

6.”La metodología a aplicar en clase para la tarea específica de transmitir … Una necesidad para el equilibrio mental y la autoestima del individuo”
De haber sabido antes!! No me hubiera quedado dormida en clase de método :( . Nota: Preguntar a la profe de metodología por el paradero de mi autoestima.

7. “los de formación laboral; esta última es más un medio para desarrollar la autoestima que una. formación para el mundo externo.”
Nota: Conseguir empleo.

8. “Encima era un quilombo de gente: en el vestuario, una cola relarga para dejar tus cosas en el”
Donde está la palabra Autoestima?? En fin, da igual… Nota: Dejar de usar ropa.

9.”A veces nos sirve como medidor de autoestima: si son 4×4 o importados”
Nota: Conseguir un medidor de autoestima.

10. “Nadie ha vuelto para contar nad y nadie tiene elementos para probar lo que dice. ... tema y no como una bomba de tiempo, son seres con pequeña autoestima”
En el Triángulo de las Bermudas la Autoestima es mejor. Nota: Aventar una bomba sobre mi ciudad.

11. “Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, necesitas autoestima y la … quitar las manchas en mi piel ? algo natural..”
Nota: Bañarme más seguido.

12. “Tuve un analisis de sangre a primera hoy, en el que gracias a mi autoestima inestimable no me desmaye…”
Nota: Hacerme pruebas médicas.

13. “¿Dónde está la autoestima de muchos peruanos?”
No sé ¬¬, déjenme encontrar la mía, es rusa.

14. “155.8468 GIL. puede fortalecer su autoestima sin. abandonar sus tradiciones”
Nota: Llamarle a GIL. ( ¿quién es GIL?)

15. “electrificado, esto me baja la autoestima mucho y me deprime, vengo tratando de evitar cualquier”
Nota: Averiguar si alguna vez he recibido terapia de electroshocks (o de perdida si de chiquita no metí los dedos en el enchufe).

16. “sigue siendo inspirar confianza en sí mismos y autoestima para que los niños ciegos “nunca más se sientan avergonzados”
Nota: Sacarme los ojos

17. “De momento, sólo apuntaré que representaría una inyección de autoestima para”
Ahora la autoestima se consigue con la farmacodependencia? Nota: Hacerme heroinómana (solo por probar)

562 resultados del Google y NADA. Parece que mi autoestima y la de Abbi continúan perdidas… qué diablos, a la próxima intentemos en Altavista.

Adeu !



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