
Enseguida comenzó a llover de una manera pocas veces vista. Durante tres días no paró de llover. Llovió tanto, que los sacerdotes y sabios del Anáhuac se alarmaron. Ellos estaban acostumbrados a escuchar y a interpretar la voz del agua, pero en esa ocasión sintieron que Tláloc, el dios de la lluvia, no sólo trataba de decirles algo sino que, por medio del agua, había dejado caer sobre ellos una nueva luz, una nueva visión que daría otro sentido a sus vidas, y aunque no sabían claramente cual era, así lo sentían en sus corazones.
Fragmento del libro La Manlinche, de Laura Esquivel.
Extrañamente tu fantasma sigue aquí conmigo, a pesar de ti, y a pesar de mi, a pesar de mi intento por seguir adelante. Despues de todo, solo se trata de crecer. Ojalá un buen día derribes tus muros.
ya tenia mucho que no te leia…
welcome de regreso…:)

uuuuuuuuuf ojala la lluvia tuviera ese poder!!!
Besitos hermosa ya te extrañaba!!!

Muchas gracias por la re-bienvenida Pollo_Loco!
Jejejeje La lluvia, las lagrimas, el agua en si… Saludos Gris!
