
Vacío y tiempo
Cuando el zorro fue domesticado por el principito, éste se acostumbró a su presencia. Poco a poco, día a día, se iban creando lazos, uno se iba contagiando de la presencia del otro. La rutina, sea voluntaria o no, une a las personas. El amor es una extraña magia que surge de la nada pero que, como las semillas, necesita ser cuidada para crecer. Los ingredientes que necesita todos los sabemos, entre ellos el tiempo, que nos permite compartir vida, hecho que a su vez es el más importante de todos los factores que hacen nacer y crecer el amor.
Pero el amor también sabemos que es muy extraño y surge cuando menos nos lo esperamos, no lo podemos controlar. Todos sabemos que las situaciones impactantes crean dentro de dos personas que las comparten una sensación de “_necesidad_”, un hilo invisible que inexplicablemente une las almas. El síndrome de Estocolmo es el extraño lazo que crea la víctima con su secuestrador. Está claro entonces que lo que une a las personas es compartir algo, convivir las mismas experiencias, vivir.
Amamos a nuestros padres porque han perdido su tiempo con nosotros, como el principito con su rosa. Amamos a nuestros hijos porque les vemos crecer. Amamos a nuestros amigos porque comparten nuestra evolución. Y amamos a nuestra pareja porque, de todos, es quien mejor se compenetra en nuestro ritmo de existencia, quien sentimos más parecido, cercano, profundo, quien mejor comparte nuestra visión de la vida de entre todos aquellos que conocemos. Amamos porque compartimos tiempo y espacio.
Cuando alguien que amamos se va sentimos vacío. Toda esa rutina nos unía, todo ese tiempo compartido, y todo lo que nos recuerde a esa rutina nos recuerda el vacío. Por eso queremos huir para evitar el dolor, o por eso nos aferramos a cualquier cosa absurda que nos remite al tiempo en que la teníamos cerca. Pero de pronto despertamos y comprobamos que no está y el vacío regresa.
Dicen que el tiempo cura todas las heridas. El tiempo lo que hace es crearnos otra rutina y hacernos olvidar, lo deseemos o no, aquella que ahora nos duele. Es un mecanismo de defensa, existe el tiempo para evolucionar desde atrás hacia adelante. La ausencia de alguien que amamos se nos torna en dolor, por ello muchas veces incluso tratamos de justificarlo haciendo brotar el sentimiento opuesto, tratando de odiar a esa persona o convencernos de que no era tan maravillosa, si es que podemos hacerlo.
El tiempo cicatriza las heridas ahora abiertas, las cierra, pero ahí quedará para siempre la marca de su existencia, la cicatriz, sin dolernos. Porque el pasado es nuestro álbum de recuerdos, donde repasamos para aprender y para hacerlo mejor. El presente es nuestra puesta a prueba y el futuro no existe más que en nuestra imaginación. Es una línea sencilla a seguir, un sencillo modo de evolucionar. Y sólo se puede evolucionar de la oscuridad hacia la luz, es decir, hacia el amor, cada vez sintiendo un amor más puro, más fuerte, más universal. El odio, el egoísmo, la ira destruyen el alma, el AMOR la agranda.
Cuando el principito se va, de golpe toda la rutina desaparece y es añorada. Creemos que es indispensable porque nos hemos acostumbrado y somos animales de costumbres. Esa es la tristeza, que no es más que el vacío de la rutina. Pero esa persona se nos ha quedado para siempre en el corazón, y más aún si aprendemos con el tiempo a nombrarla sin sentir vacío, ni dolor y sólo rememoramos su dulce recuerdo como una caricia cálida. Tiempo, sólo hace falta un poco de tiempo, para amar y para dejar de amar (o para tornar un tipo de amor en otro adecuándolo a las circunstancias).
pues yo digo y lo he comprobado que el cariño o amor hacia una persona es
directamente proporcional al tiempo y calidad de la relación que se tenga.
y no me refiero solo a amigos, se da entre padres, hijo y hermanos.

Así es Ram, el amor no hace distinciones, puedes encontrarlo en cualquier lado…
Sr. Calabacín, qué bueno que le gustó... Digamos que es parte del proceso auto-coco-wash…
Saludos muchachones! Que tengan un excelente inicio de semana =)
Hoy toca.
